Ágora: el espíritu griego en espacios contemporáneos

Recuerdo muy bien lo que pensé cuando conocí la ciudad inglesa de Oxford: “No me extraña que de aquí salgan grandes ideas”. Las horas que allí pasé fueron como un agradable paseo de estímulos gracias al ambiente de estudio que se respiraba, los diferentes espacios que existían por la ciudad (incluidos los míticos pubs) para reunirse, conversar, intercambiar ideas, conocer a otras personas… las maravillosas bibliotecas y los tan bien cuidados parques y jardines donde abandonarse a caminar, hacer deporte o sencillamente inspirarse observando la naturaleza.

Respeté y admiré aquella ciudad que ofrecía tantas posibilidades y lugares para la cultura y el cultivo de las personas y de las ideas.

La semana pasada tuvimos la oportunidad de participar en algunos de los muchos actos organizados en el marco de la Semana Europea de la Gestión Avanzada organizada por Euskalit (y ya van 23 ediciones, que se dice pronto… ¡Zorionak Euskalit por vuestro excelente trabajo!). Tomé conciencia de la importancia de disponer de “semanas”, espacios, actos de temáticas diversas y de alto nivel a los que cualquier ciudadano/a puede acceder de forma gratuita para escuchar nuevas ideas, experiencias reales que organizaciones comparten generosamente, testimonios de los/las ponentes, brindándonos la posibilidad de preguntar en directo durante las mesas redondas, de conocer a otras personas que si no hubiese sido más difícil conocer y de tejer redes.

Estamos convencidas de que las ciudades que ofrecen espacios abiertos para el encuentro y el intercambio, para conferencias y debates, para el coworking, exposiciones, conciertos, presentaciones de libros, obras de teatro, centros cívicos, bibliotecas, cines, jardines, lugares para el deporte… son más innovadoras, contribuyen al crecimiento personal y profesional de las personas que en ellas conviven y todo ello redunda en la calidad de vida que ofrecen.

(¡Aprovechamos para felicitar a Bilbao por su reciente premio a la Mejor ciudad Europea 2018!).

Llevando este pensamiento al mundo de las organizaciones, nos parece crucial que se inviertan recursos para programas serios de formación, que se invite a las personas a “salir” al exterior y a participar en foros, conferencias, ferias y que se abran espacios y tiempos para conversar e inter-cambiar ideas en los lugares de trabajo. Aquello de encontrar un trabajo para toda la vida y dejar de estudiar o formarse es cosa del pasado. Todo cambia y evoluciona a pasos tan vertiginosos que en un abrir y cerrar de ojos nos quedamos obsoletos/as.

¡Recuperemos del pasado el espíritu del “Ágora” griego!

De este modo se fomentan dinámicas de participación, escucha, diálogo, desarrollo, estímulo y creatividad que contribuye, sin duda, a una cultura de la innovación y de la calidad en el trabajo y en las relaciones.

Feliz semana.

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¿Casas imposibles?

Os pido que cojáis un papel y un bolígrafo, por favor.

 Y que dibujéis una casa.

 ¿Listo?

 Muy bien, entonces os pido que dibujéis una segunda casa diferente de la primera.

 Fácil ¿verdad?

 Vamos pues a por una tercera casa diferente a las dos anteriores.

 Y ahora os pido que dibujéis una cuarta casa también diferente.

 ¡Vamos ahora a por esa quinta!

 Ayyyyy….

Y así hasta llegar al límite de nuestra imaginación. Si hay límite…

Solemos utilizar este ejercicio de creatividad en procesos de participación y reflexión colectiva con grupos de personas (de edad adulta) en diferentes organizaciones. Y normalmente a partir de la cuarta casa, los resoplos empiezan a escucharse.

Sin embargo, la semana pasada tuve la suerte de poner en práctica este mismo ejercicio con niños/as de entre 7 y 8 años en el marco de un proceso de participación ciudadana que estamos facilitando. Se trata del Consejo de la Infancia del Ayto. de un municipio vizcaíno que pertenece a la Red de Ciudades de la Infancia de Euskadi 

¡No sólo no escuché ningún resoplo sino que lo que se oía eran gritos o expresiones de emoción ante el reto de una nueva casa diferente!

 ¡26 casas diferentes fue el record conseguido por una niña! Y porque teníamos que terminar el juego – podían haber continuado sin problema -… casa corazón, casa berenjena, casa espacial, casa salchicha, casa ascensor, casa helicóptero etc.

Qué gran libertad mental y capacidad de visualizar la de los niños/as. ¡Todo es posible para ellos/as! Se divierten y se emocionan en el proceso creativo, no entran a criticar o descartar las casas de sus compañeros/as, se atreven a probar, pierden la noción del tiempo, quieren lograrlo…y se crecen ante los retos.

¿En qué momento de nuestro desarrollo personal empezamos a negarnos esa libertad y a poner el foco en los obstáculos, en los límites, en descartar lo diferente? (tratamos este tema en el post La belleza del espacio entre los obstáculos)

Afortunadamente hay adultos que mantienen la conexión con su niño/a y se permiten soñar, imaginar, visualizar cosas que otros adultos en general no ven, que se atreven a tomar riesgos y que no se dejan desmoralizar por las críticas de los demás.

Gracias a personas así, este mes de Octubre hemos podido celebrar los 20 años del Museo Guggenheim de Bilbao. Esta “locura” que por el peso de sus detractores casi no llegó a ver la luz, hoy es un caso de éxito estudiado en todo el mundo por ser el catalizador clave en la transformación de la ciudad de Bilbao.

¡Después de visto todo el mundo listo!…

Queremos hacer hoy un homenaje a la visión, imaginación, coraje, tesón, determinación e ilusión por mejorar el bien común de aquellas personas e instituciones que no desistieron, que fueron a contracorriente logrando llevar a cabo un proyecto que hoy es el símbolo de la ciudad con el que mundialmente se identifica a Bilbao. ZORIONAK!

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(Os recomendamos el documental “ de Santimamiñe al Guggeheim

Feliz semana.

¿Y tú qué historias te cuentas?

Imaginaros una playa de Hawaii, dos niños jugando en la orilla, llega una enorme ola y los sumerge con fuerza. Los dos consiguen subir a la superficie y alcanzar nuevamente la orilla como pueden. Uno de ellos rompe en llanto y comienza a llamar desesperadamente a su madre, el otro mira nuevamente hacia las olas y empieza a reír a carcajadas (Ejemplo extraído del libro “Poder sin límites” de Anthony Robbins)

¿Cuál es la diferencia entre estos dos niños?

Se supone que ambos han vivido la misma experiencia y han tenido que utilizar los mismos recursos físicos para enfrentarla… ¿entonces?… ¿por qué reaccionan de manera tan diferente?

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En general, cuando nos referimos a la comunicación solemos pensar en la comunicación inter-personal, es decir, en la comunicación “hacia afuera”. Dedicamos tiempo y esfuerzo a las competencias conversacionales o técnicas de comunicación interpersonal para aprender a diseñar conversaciones efectivas, a construir mensajes claros, a escuchar, para mejorar la eficacia del trabajo colectivo, en definitiva, competencias para desarrollar relaciones satisfactorias y obtener buenos resultados.

Pero hay otro tipo de comunicación a la que no siempre dedicamos la misma atención y sin embargo también es de gran importancia a la hora de conseguir las relaciones y resultados deseados.. Se trata de la comunicación que mantenemos con nosotros/as mismos/as, esas historias que nos contamos en nuestro foro interno.

Lo que nos diferencia unos de otros es la manera en la que “leemos” y damos sentido a nuestras experiencias y cómo decidimos comunicarnos, relacionarnos con nosotros/as mismos/as. La diferencia entre los dos niños de la playa de Hawaii está en que cada uno de ellos se hizo una representación propia, en este caso radicalmente distinta, de lo sucedido.

Todo evento es neutro, somos nosotros/as quienes le damos un sentido u otro.

Por ello, a la hora de trabajar esa comunicación “interior” resulta clave indagar en nuestro sistema de creencias.

Por ejemplo, lo que consideramos posible e imposible, determina en gran medida lo que somos capaces o incapaces de hacer:

“Tanto si nos creemos capaces o incapaces de hacer algo, en ambos casos tenemos razón”.

Cuando creemos que no somos capaces de hacer algo, enviamos a nuestro sistema nervioso mensajes constantes que limitan o suprimen nuestra capacidad de alcanzar el resultado. Y lo mismo sucede si creemos lo contrario pero a la inversa.

¿Te has parado a pensar alguna vez el tipo de conversaciones que mantienes contigo mismo/a?

¿Cuál suele ser tu tendencia a la hora de sacar una lectura de los acontecimientos?

¿Te cuentas historias que te potencian o que te limitan?

La PNL (Programación Neurolingüística) estudia la manera en la que los individuos se comunican con ellos mismos y busca identificar y usar modelos de pensamiento que influyan sobre el comportamiento de una persona como una manera de mejorar la calidad y la efectividad de la vida.

Feliz semana.

 

Como niñas con zapatos nuevos en París

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“Como un par de zapatos nuevos que a unos producen deleite por su novedad y belleza mientras que a otros aprietan y provocan sólo sufrimiento y ganas de volver al viejo y roto par al que estaban habituados, así fue el país nuevo para los miembros de la familia Karnowsky”.

Precioso símil el que utiliza el escritor Israel Yehoshua Singer en su novela “La familia Karnowsky” (publicada en 1943) para narrar la llegada e integración de tres generaciones de una familia judía, los Karnowsky, en su nueva ciudad, Nueva York. Ilustra con belleza lo que son los procesos de cambio.

Si bien en el caso de la familia Karnowsky la razón del cambio era vital- escapar de la Alemania Nazi para salvar sus vidas-, ello no quitó que algunos de sus miembros, curiosamente los más jóvenes, mostrasen gran resistencia y en consecuencia experimentasen dificultad para adaptarse al nuevo país.

Hay momentos en los que, aun comprendiendo intelectualmente la necesidad de un cambio, incluso deseándolo, nuestros miedos, conscientes o inconscientes, nuestras creencias limitantes, nuestro confort, nuestra necesidad de control, nuestros intereses ocultos… hacen que nos resistamos a él. El resultado de esta postura de cerrazón, negación y oposición, no es más que frustración, irritación, insatisfacción y en definitiva, una dificultad añadida.

Sin embargo, cuando nos mostramos abiertos/as y flexibles ante lo nuevo, dispuestos/as a “surfear” en la incertidumbre, preparados/as para tomarnos con deportividad y humor situaciones incómodas… el resultado es radicalmente diferente. Nos vamos empoderando según vamos superando nuevos retos, crecemos a nivel profesional y personal, ¡disfrutamos de nuestros zapatos nuevos y de aprender a caminar con ellos!

Por supuesto que la teoría es fácil de entender y que probablemente todos/as estemos de acuerdo con ella. ¡Ojo! Nadie dijo que fuera fácil llevarla a la práctica. Y es lógico porque para ello se requiere mucho esfuerzo, energía, cuestionamiento sincero, perseverancia, capacidad de resiliencia, convicción, generosidad, compromiso y responsabilidad.

El viernes pasado pudimos comprobar con uno de los equipos al que estamos acompañando en Paris los resultados de una toma de decisión consciente y valiente a nivel individual y de equipo del “¡vamos allá!”. A pesar de todos los miedos y dudas que mostraron al comienzo, adoptaron una actitud de apertura ante un proceso de cambio y ¡Los frutos que están recogiendo tanto a nivel de equipo como a nivel individual, están siendo extraordinarios!

¡Sí se puede! Compartiendo la emoción del equipo nos dijimos: ¡qué privilegio de trabajo tenemos!

Feliz semana

Barra libre

Imagínate que tienes 5 millones de euros en tu cuenta del banco…

¿Qué harías?

¿Cambiarías algo en tu vida?

En ocasiones utilizo esta pregunta en sesiones de coaching cuando veo que a la persona con la que estoy trabajando le cuesta visualizar o declarar lo que realmente le gustaría hacer, cambiar, conseguir… por el gran peso que supone para ella el aspecto financiero (el miedo a perder dinero, a no poder cubrir las necesidades básicas, a no poder conservar el mismo tren de vida…).

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Podríamos perfectamente construir otras variantes de esta pregunta:

“Imagina que todas las responsabilidades de cuidado de tu familia con las que cargas en la actualidad están totalmente cubiertas, ¿Qué harías?”

 “Si tuvieras buena salud, ¿qué harías?”

 Y así con cualquier aspecto que nos suponga una carga o límite.

De repente, al sentirnos liberados/as de cualquiera de los pesos que nos agobian o nos limitan en la actualidad, quitamos poder a esos saboteadores internos que tenemos, de cualquier índole – económico, conciliación entre la vida personal/familiar y laboral, compromisos adquiridos por obligación, salud, edad, falta de conocimientos, miedo al paro…-, y nos resulta más fácil conectar con lo que realmente nos gustaría hacer o conseguir, con nuestros anhelos más íntimos y/u ocultos. En definitiva, nos damos permiso para soñar, para imaginar nuevas posibilidades, para visualizarnos en otras vidas.

Y aunque no lo podamos realizar al 100%, puede ser una fuente de inspiración, un impulso necesario para empezar a dar pasos en una dirección que nos acerque a lo visualizado o esté relacionado con ello.

En este comienzo de curso, donde es frecuente fijarnos nuevos objetivos, propósitos, o hábitos de vida, hacernos esta pregunta puede ayudarnos a fijar prioridades, a tomar conciencia de si realmente queremos hacer lo que estamos haciendo (“Como siempre lo he hecho”, “como es lo más fácil”, “como sé que funciona”, “como no me puedo permitir otra cosa”, “como ya no tengo edad”, “como esperan eso de mí”…), a incluir alguna actividad que haga más divertidos o felices nuestros días y/o a montar un plan, a corto, medio o largo plazo, eso da igual, con las etapas necesarias para conseguir lo deseado (ya sea formarse, ahorrar dinero, tener algunas conversaciones pendientes, aprender idiomas, apuntarse a un gimnasio, cambiar hábitos de comida…).

Parece una pregunta sencilla…y lo bonito de lo sencillo es precisamente la profundidad que nos regala.

Y para despedirnos, os dejamos con este poema de Marianne Wiliamson que Nelson Mandela utilizó en su discurso inaugural en 1994

“Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que somos excesivamente poderosos.

Es nuestra luz, y no nuestra oscuridad la que nos atemoriza. Nos preguntamos: “¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso?”

En realidad, ¿quién eres para no serlo?.

Tú eres el hijo del universo.

Infravalorándote no ayudas al mundo. No hay nada grandioso en empequeñecerse para que otras personas no se sientan inseguras a tu alrededor.

Esta grandeza de espíritu no se encuentra sólo en algunos de nosotros; está en todos. Y al permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los demás permiso para hacer lo mismo.

Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros.”

 Marianne Williamson

Feliz semana

La Rentrée

¡De vuelta ya!

Benditas y necesarias vacaciones…

Tiempo de disfrutar en familia, de momentos cómplices de amistad, de descubrimientos fantásticos y a veces azarosos de nuevos lugares y también de feliz regreso a esos otros “de siempre” como cada verano.

Me siento contenta, descansada (qué sano resulta darnos permiso para “desenchufar” la mente del trabajo, aunque sean unos pocos días) pero sobre todo saboreando esa magnífica distancia o perspectiva que da el parar.

Esas gafas diferentes con las que observamos nuestra realidad, hasta las actividades más triviales del día a día, de otra manera:

En vacaciones se me cambia hasta el paso -me decía un amigo el otro día. Qué bonita imagen, pensé.

Esas gafas que tienen el don de hacernos ver de repente lo realmente importante, lo esencial, lo que añade significado a nuestras vidas frente a todo aquello que realizamos innecesariamente.

Pero ¿cuánto tiempo nos dura esa mirada más serena, más consciente diría yo?

Porque cuando volvemos a la rutina, pareciera que poco a poco nos fuera engullendo un engranaje gigante, una dinámica acelerada e intensa impuesta por nuestra sociedad, que tiene como resultado el empañamiento progresivo de la lúcida perspectiva conquistada durante las vacaciones.

La frase del poeta del sur de Francia, René Char, con la que me encontré precisamente en el sur de Francia durante estas vacaciones, lo ilustra con la belleza que aporta la poesía:

Lessentiel est sans cesse menacé par linsignifiant” (« À une sérénité Crispée » -1951).

(« Lo esencial está incesantemente amenazado por lo insignificante» “A una serenidad crispada”-1951).

Así que el reto que planteo para esta vuelta al cole, es preservar la serenidad con la que volvemos de vacaciones de la crispación, de lo insignificante. Es decir, procurar mantenernos centrados/as en lo esencial.

¿Te apuntas?

Feliz vuelta de vacaciones a todos/as.

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No hay como preguntar a la gente.

¿Os imagináis ir a un bar a la hora del desayuno y que nos sirvan un café con leche automáticamente, dando por hecho que es la bebida que más nos conviene a esta hora o simplemente porque es una bebida genial?

¡Sería interesante observar las reacciones!

A mí por lo menos, me gusta que me pregunten sobre los temas que me incumben.

Este ejemplo en el plano personal resulta absurdo y la respuesta es obvia, pero cuando lo extrapolamos a otros ámbitos como el de las organizaciones y la comunidad, lo que parece ser tan lógica ya no parece no ser tan “de cajón”.

Cuántas veces se toman decisiones en las organizaciones sobre temas que van a tener un impacto en un grupo de personas sin preguntarles a ellas (empleados/as, ciudadanos/as, pacientes, consumidores, alumnos/as…) por razones como:

La falta de tiempo –“Lo más rápido y sencillo es que lo decidamos en el equipo de dirección y después lo comunicamos directamente a toda la plantilla”– olvidándosenos que nadie persigue un sueño ajeno, que es importante que las personas puedan opinar y contribuir a un plan si queremos que se adhieran a él.

La falta de energía o recursos – “¡Cómo vamos a movilizar a tanta gente!”

Creer saber lo que más conviene a ese grupo de personas (aunque no se viva ni se conozca su trabajo/situación/necesidades en detalle).

Sencillamente, no haber caído en la cuenta de que se puede preguntar a la gente – “Aquí nunca hemos hecho eso…”.

Por no crear expectativas- “Cuidado…mejor no preguntar nada que si no la gente se viene arriba, empieza a pedir cosas, quiere cambiar todo y ¡a ver luego cómo gestionamos eso!”

 

Eso sí, proclamamos en todos los foros que las personas son el centro de las organizaciones y de la sociedad, que es importante contar con ellas, que la diversidad es una riqueza etc. Y nos sorprende si no se adhieren a los proyectos de manera incondicional y con todo su entusiasmo y ganas. Recuperando el símil inicial, sería como si se esperase de mí que me tome el café con leche con una sonrisa, dando efusivamente las gracias, hablando bien de ello a los demás clientes aunque no digiero bien la leche de vaca y haya pedido varias veces un café sólo sin azúcar.

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Afortunadamente, paulatinamente (las transformaciones llevan su tiempo) estamos observando cambios:

Cada vez son más las organizaciones que nos solicitan sesiones de participación/consulta con empleados/as para conocer y recoger sus ideas, opiniones, sugerencias, propuestas etc. sobre temas como: la estrategia de la empresa (Misión, Visión y Valores, Planes de Negocio y de Gestión…), cómo implantar nuevos sistemas/metodologías/proyectos, buscar soluciones a problemáticas de funcionamiento y relacionales, diagnósticos culturales en donde se pregunta la opinión a la totalidad de la plantilla… ¡Es muy potente lo que sucede cuando varias personas se ponen a crear juntas!

 “No hay como preguntar a la gente”- decía un cliente nuestro al recibir toda la información obtenida en el diagnóstico cultural de su organización.

También nos parecen muy valiosas las redes de colaboración público-privadas (ayuntamientos, diputaciones, empresas, universidades etc.) que se están fomentando para transformar las ciudades y crear espacios de convivencia común y aprendizaje. Hay proyectos muy interesantes actualmente. Nombramos, entre otros, dos de ellos donde a través de consejos/ grupos de trabajo se pregunta directamente a los niños/as y las personas mayores, como ciudadanos/as que son, para integrar sus necesidades y su mirada a la hora de repensar la vida en las ciudades y las políticas:

La Red UmHerri de Euskadi (Red Ciudades de la Infancia de Euskadi)

Euskadi Lagunkoia (Red de Ciudades amigables con las personas mayores)

Todo lo que acabamos de mencionar, además de llenarnos de esperanza y motivarnos, da sentido a nuestro trabajo.

Feliz fin de semana.

 

Benditas terrazas

No hay como venir a una terraza o velador (como las llaman mis tías y palabra que me encanta) a escribir cuando no se tiene inspiración. Y el mes de Julio, con el comienzo del verano y de muchas jornadas intensivas, se presta a ello.

No hay más que instalarse cómodamente en una mesa, pedir algo fresquito y empezar a observar. Eso sí, se necesita tiempo, tranquilidad interior a ser posible y grandes dosis de curiosidad (¿no decía algún estudio reciente que mantener despierta la curiosidad alargaba la vida?).

He vivido cosas increíbles en terrazas (algunas de ellas graciosísimas y curiosísimas), tal vez por eso sean un lugar que me guste tanto, me predisponen al “a ver qué pasa”.

Y es que instalados/as en una terraza, de repente tenemos la posibilidad de “visitar” diferentes universos, vidas, situaciones:

Escuchamos conversaciones a veces interesantes, a veces sorprendentes, a veces aburridas, conversaciones a medias que nos dan pie a imaginar LA película en nuestra cabeza.

Asistimos a un desfile de la moda de temporada, y si además nuestra terraza se encuentra en el extranjero, observamos tendencias muy diferentes y curiosas (aunque desafortunadamente la globalización nos está uniformizado cada vez más).

Presenciamos pedacitos de relaciones.

Observamos las ¡tantas y cada una de ellas única! formas de caminar: las hay graciosas, desgarbadas, torpes, atractivas, de “hola qué hay”, divertidas, las que pasan desapercibidas, rápidas, lentas…

Hay personas absortas en sus teléfonos, de cuerpo presente pero sin ser conscientes de todo lo que está sucediendo a su alrededor (parece que no se percatarían demasiado si las tele trasportásemos a otro lugar).

Asistimos a un concierto de sonidos variopintos: música, coches, pitidos, gritos, ladridos de perros, teléfonos, palabras sueltas en el aire, pájaros, la brisa…

¡Tantas cosas suceden en las terrazas! ¡El/La que se aburre es porque quiere!

En las terrazas somos, sencillamente, testigos del transcurrir de la vida, del aquí y el ahora que es irrepetible.

Me gusta la idea de ofrecer “Cupones de horas de libre disfrute en terrazas” en las organizaciones como vía para desarrollar paciencia, tranquilidad, curiosidad, disposición de apertura, capacidad de observación, imaginación…

¿Y veis el efecto de un rato en una terraza?…sin darme casi cuenta, acabo de escribir este post ligerito para empezar a ponernos en modo verano 😉

Feliz fin de semana veraniego.

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¡Salta conmigo!

En la actualidad tenemos la fortuna de estar trabajando con varios equipos de distintas organizaciones (sectores, niveles jerárquicos e incluso países diferentes), lo cual está siendo sumamente enriquecedor.

Se trata de equipos que se encuentran en fases diferentes de desarrollo pero en algún momento u otro, los miembros de cada uno de estos equipos se han tenido que hacer la pregunta clave para dar el salto cualitativo que representa pasar de funcionar como un grupo, a funcionar como un equipo:

¿Cuál es mi grado de compromiso para con mi equipo y para con el proceso de desarrollo que hemos iniciado juntos/as?

O dicho de otra manera:

¿A qué estoy jugando realmente en este equipo/ proceso? ¿Estoy jugando a ganar?, ¿Estoy jugando tal vez a mantener?, ¿Juego a perder? o acaso ¿Juego a no jugar?

La cuestión es que llega un momento en que si realmente queremos conseguir resultados de rendimiento significativos, convertirnos en un equipo cohesionado y hacer que el trabajo colectivo sea satisfactorio, las medias tintas no valen.

No vale tocar todos los días el agua de la piscina con la punta del pie y decidir, según su temperatura y mi ánimo, si ese día salto al agua.

Se necesita una decisión y declaración, individual y colectiva, consciente:

  • Quiero jugar a ganar con estas personas que componemos el equipo.
  • Tomo el riesgo y me lanzo a la piscina confiando que haya agua.
  • Pongo toda mi energía, buena voluntad, tiempo, disposición y recursos personales en este proceso de desarrollo con mi equipo.

Cuando todos los miembros de un equipo deciden conscientemente que es su responsabilidad hacer que el trabajo colectivo sea una experiencia satisfactoria y el alcanzar resultados con un impacto importante para la organización (exigencia individual y mutua), se produce un cambio casi mágico. El salto es exponencial.

El rendimiento del equipo es exponencialmente superior a la suma de los rendimientos individuales de las personas de un grupo.

A menudo, cuando la experiencia del trabajo en equipo es negativa, solemos culpar al líder como si él/ella fuera el/la único/a responsable. Pero la realidad es que todos/as tenemos parte de responsabilidad ya que la esencia del trabajo en equipo es la responsabilidad compartida, el compromiso compartido.

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Algunas personas no consiguen nunca tomar esa decisión (no consiguen creer; confiar al fin y al cabo), y ello se refleja en los resultados y en la calidad, más bien mediocre, de las relaciones y conversaciones de sus equipos. Sin embargo, si las personas deciden poner toda la carne en el asador (a todos los niveles), los resultados y la calidad de las relaciones/conversaciones que solemos presenciar en las sesiones de trabajo con dichos equipos son excepcionales. Es un verdadero lujo trabajar con ellos.

“Nos lo hemos creído. Y ahora somos un equipo” fue lo que uno de los miembros de un equipo respondió cuando les pedimos que echasen la vista atrás y resumiesen el proceso de desarrollo como equipo que han recorrido en estos últimos dos años.

Podríamos extrapolar perfectamente esto que acabamos de comentar sobre los equipos en el trabajo, a los equipos de los que también formamos parte en nuestras vidas privadas:

¿A qué juegas tú con tu familia, en tu relación de pareja, con tus amigos/as, en las actividades/ proyectos privados que emprendes? ¿Cuál es tu grado de compromiso? ¿Cuánto te lo crees?

Somos nosotros/as mismos/as los/las que con nuestra manera de ver la realidad, nuestros comportamientos y las decisiones/compromisos que tomamos quienes determinamos la calidad de nuestras relaciones y los resultados que obtenemos.

 Feliz fin de semana

¿A qué dedicas tu tiempo?

¿Qué es a lo que más tiempo dedicas en tu vida actualmente?

Se sincero/a..

La conversación fue construyéndose alrededor de esta pregunta en una reciente cena con amigos/as, cuando uno de nosotros comentó lo difícil que le parecía cambiar hábitos y horarios de su rutina para “encajar” actividades como el deporte, la meditación etc.recalcando que los consideraba importantes y necesarios para mejorar su vida.

Tu prioridad es aquello a lo que dedicas más tiempo. Aunque en algunos casos no sabes muy bien porqué le dedicas tanto tiempo a cosas a las que precisamente te gustaría dedicarte algo menos… inconscientemente (por creencias, miedos…) le darás prioridad ante otras actividades.

Para aclararnos las ideas, nos parece un buen ejercicio pararnos de vez en cuando para reflexionar sobre las áreas más importantes en nuestras vidas (por ejemplo: trabajo, estudios, familia, amigos, sociedad/comunidad, hobbies, bienestar físico, emocional, espiritual, etc.) y el grado de atención que les prestamos. Tomar conciencia de la conexión entre la importancia que otorgamos a dichas áreas y la cantidad de tiempo y energía que les dedicamos – la cantidad de atención que prestamos a las personas y proyectos de nuestra vida-, nos puede ayudar a evaluar si deberíamos hacer algunos ajustes, para no dejar de lado lo que verdaderamente nos importa en nuestra vida.

Os proponemos este sencillo ejercicio del libro “Total Leadership” Stewart D. Friedman para este fin de semana.

Se llama The Four- Way Attention Chart:

Área de tu vida Importancia Tiempo y atención
Trabajo/carrera/estudios % %
Familia % %
Amigos/as/ sociedad/comunidad % %
Bienestar propio: físico, emocional, espiritual % %
  100% 100%

 

En la primera columna escribe las principales 4 áreas en tu vida (puedes ver un ejemplo en la tabla arriba).

A continuación, rellena la segunda columna asignando un porcentaje de importancia a cada una de dichas áreas asegurándote de que la suma dé 100.

Finalmente, en la tercera columna, indica cuánto tiempo y energía dedicas actualmente a cada área (en una semana típica). Una vez más, asegúrate de que la suma de los 4 porcentajes dé 100.

¿Cuáles son las consecuencias de la gestión que haces realmente de tu tiempo y energía en los 4 dominios más importantes de tu vida?

 ¿Te gustaría ajustar/modificar alguno de esos 8 porcentajes que has indicado en la tabla? ¿Cuál?

 ¿Qué necesitarías para hacer dichos ajustes/modificaciones en tu vida? ¿Qué conllevaría hacerlo? ¿Quieres realmente hacerlo?

Feliz fin de semana.Captura de pantalla 2017-06-09 a las 12.38.28