¿Cómo nos ponemos de acuerdo cuando no estamos de acuerdo?

“¡Pues para ti la perra gorda!”

Así zanjaba la conversación mi querida tía Carmen cuando no llegábamos a un acuerdo y no quería seguir discutiendo. Gracias a ella aprendí lo que era una “Perra Gorda”.

El llegar a acuerdos, en cualquier plano de nuestra vida, es todo un arte que requiere de técnica, actitud y práctica.

El proceso de toma de decisión ha sido, precisamente, una de las reflexiones que más ha salido en los acompañamientos a equipos que hemos realizado estas últimas semanas. Y es que el momento de tomar la decisión suele ser “la prueba del algodón”, especialmente cuando se tienen posturas/opiniones diferentes, para comprobar el grado de madurez, de habilidades de trabajo colectivo, de técnica y de competencias de comunicación interpersonales que tiene el equipo. En definitiva, se trata de uno de los momentos clave donde se ve si somos realmente equipo.

¿Cómo nos ponemos de acuerdo cuando no estamos de acuerdo?

Para esta reflexión nos parece que ayuda hacer la distinción entre Consenso y Alineación:

Consenso: buscar el acuerdo al 100% de todos los miembros del equipo.

Las personas se adhieren a esta decisión porque comparten la misma opinión.

Puede ser un proceso largo ya que lo que se pretende es que nadie tenga que hacer “concesiones”. Para ello es necesario debatir y convencer a las personas hasta que todo el mundo vea las cosas de la misma manera.

Alineación: proceso por el cual partiendo de opiniones diferentes se llega a una decisión común aunque las personas no estén de acuerdo al 100%. Pero una vez que la decisión esté tomada, todas las personas se comprometen con ella y la presentan y defienden como suya. Es decir, al salir de la sala hago mía la decisión ya que es la de mi equipo y la defiendo en bloque.

Para una buena alineación es crucial escuchar los argumentos de todas las personas sin descartarlos de antemano o criticarlos. El saber que el equipo ha tenido en cuenta todos los puntos de vista para tomar la decisión final y reconocer lo que cada uno/a “gana” y “pierde” facilita la alineación.

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Previo a analizar los pros y los contras de todas las propuestas suele ser conveniente aclarar, cuál será el criterio de decisión en caso de que el equipo no se pone de acuerdo: por ejemplo por votación, por decisión del/de la líder, por voto de calidad (la persona que mejor controla el tema), derecho al veto etc. El equipo puede inventar sus criterios de decisión y puede elegir el que más adecuado le parezca según el tema a tratar. Lo importante es que quede claro desde el principio la manera en la que se tomará la decisión final en caso de desacuerdo y que haya sido aceptada por todos/as.

En definitiva, para una buena alineación en la toma de decisión en equipo, ayuda:

  • Tener claro el objetivo (la decisión a tomar).
  • Conocer los criterios de decisión.
  • Contar con expertos/as en los temas a tratar.
  • Fijar un tiempo de debate y un tiempo para tomar la decisión.
  • Designar una persona que haga de “Reloj” para la gestión de los tiempos.
  • Designar una persona moderadora o Director/a de Orquesta para ordenar el debate, facilitar que todas las personas expongan sus puntos de vista y que los demás escuchen, apuntar las diferentes alternativas sin hacer declaraciones.
  • Generar entre todos/as un clima propicio para el debate y la participación: apertura, escucha activa, respeto de opiniones diferentes, mantenernos centrados y presentes…
  • Buscar la agilidad sin la precipitación.
  • Evitar la parálisis por el análisis.
  • Tener presentes los valores de la organización/equipo para comprobar la coherencia de la decisión.

¿Practicamos?

Os recomendamos “El pequeño libro de las grandes decisiones” de Mikael Krogerus, Roman Tschäppeler donde encontraréis interesantes técnicas para la toma de decisión.

Feliz semana

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Fin de curso

De pequeña me gustaba, y mucho, elaborar y llevar a casa la carpeta de fin de curso con todas las fichas y dibujos realizados durante meses. Sentía orgullo y asombro al recapitular y comprobar lo mucho que habíamos trabajado y aprendido durante ese curso.

Últimamente hemos estado pensando en ellas y recordando el bonito símbolo de cierre de etapa que representaban, ya que nos están coincidiendo varios finales de proyecto, de procesos de coaching y también preparativos de fin de curso debido a nuestra colaboración con centros de formación y con el Consejo de la Infancia de un municipio (ver post “No hay como preguntar a la gente”).

Observamos en las organizaciones y equipos con los que trabajamos que habitualmente ponemos mucha atención, empeño y dedicación en el lanzamiento de los proyectos y, sin embargo, el cierre de estos suele quedar un poco más desatendido porque “total, como ya hemos terminado…”, “¡no tenemos tiempo! Tenemos más proyectos entre manos”. No obstante, dar importancia al cierre de un ciclo es igual de importante que al comienzo. Un cierre “tibio”, sin más, puede quitar fuerza a todo el recorrido y disminuir la energía y foco para alcanzar los siguientes retos.

Para terminar proyectos y procesos de coaching nos parece valioso dedicar una sesión al cierre utilizando rituales o dinámicas: reconocer y agradecer lo aprendido y conseguido, definir los anclajes para no volver atrás, hacer balance de lo que no ha salido tan bien para mejorarlo de cara al futuro, dedicarnos palabras de felicitación, de agradecimiento o entregarnos obsequios con algún significado para nosotros/as, en resumen ¡celebrar el cierre, honrando lo recorrido con los compañeros/as de viaje! dándonos un buen abrazo, cantando o incluso bailando y siempre que sea posible con una comida. ¡No muy diferente de lo que hacíamos de pequeños/as en el colegio!

Es importante terminar bien para poder comenzar plenamente otra etapa. Cerrar una puerta para poder abrir la siguiente con la mejor energía y acierto.

Es una cuestión de aprendizaje y práctica que más allá del trabajo también podemos extrapolar a cualquier otro ámbito de nuestra vida, como por ejemplo:

  • Hacer una reflexión consciente para cerrar el día al irnos a la cama: ¿qué me ha gustado de hoy?, ¿Qué no me ha gustado tanto o me ha salido peor?, ¿Cómo me siento con lo vivido hoy?, ¿A qué /quién agradezco?, ¿Qué puedo mejorar mañana?…

Hay familias que conversan sobre ello cuando están todos/as juntos/as cenando. O parejas que tienen como regla el nunca irse a la cama por la noche sin haber “arreglado” sus diferencias o enfados…

  • Poner lo mejor de nosotros/as mismos/as, preparar con esmero y mantener, sin evitarlas, conversaciones de cierre de una relación de amistad, de pareja o relación laboral…

 

  • Festejar el final de las vacaciones haciendo algo que nos guste mucho para comenzar con buen ánimo el trabajo o el nuevo curso etc.

 

  • Hacer balance de ese viaje que hemos hecho en familia o con amigos/as con un buen vino o comida para volver a rememorar escenas cómicas, para felicitarnos por lo que ha salido genial y tomar nota de lo que podremos mejorar en futuras ocasiones.

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¿Te has parado a pensar alguna vez cómo cierras tú los proyectos, relaciones, etapas… de los diferentes ámbitos de tu vida.

 

 

Os dejamos con esta reflexión ahora que se acerca el fin de curso.

Feliz semana

Veo veo algo de color humano

¡Ya es una realidad!

Se llama Da Vinci, es un robot cirujano y opera bajo la supervisión de un/a cirujano humano/a a distancia, dotado de un zoom muy superior a la vista humana y haciendo cortes de extraordinaria precisión, entre otras capacidades sobrehumanas…

Robots guías de museos (en el Parque de las Ciencias de Granada por ejemplo), drones salvavidas… y otros muchos oficios desempeñados ya por robots pero desconocidos por el gran público. Últimamente nos hemos encontrado con cierta frecuencia con el tema Oficios del futuro en conferencias, artículos y programas de radio, y aunque los expertos insisten que el futuro nunca dejará de ser un misterio, apuntan a ciertas tendencias de futuro y que en parte ya han llegado al presente. Por ejemplo, la tecnología cuántica, la transformación digital como el internet de las cosas (IoT = La interconexión digital de objetos cotidianos y máquinas con internet), lo virtual, la automatización de todas aquellas tareas físicas y repetitivas etc.

Y aquí es donde entran los robots. Un mundo para muchos/as de nosotros/as, todavía, poco familiar a la par que fascinante por ese componente de película de ciencia ficción que tiene. ¿Estaremos yendo hacia un Blade Runner? ¿Acabaremos conviviendo con robots que sientan emociones, robots con empatía y que pueden aprender de la experiencia?

Las opiniones de los expertos respecto a los oficios del futuro coinciden en que todo aquello que tenga un componente emocional, un componente de relación, de experiencia, de influencia, esos trabajos donde nos gusta que nos atienda otra persona, serán en menor medida integrados por robots.

Parece pues que el desarrollo de las habilidades transversales, esas capacidades intangibles, van a jugar un papel clave de cara al futuro. Debieran convertirse en hábito, nos recomiendan:

  • Aprender a aprender.
  • Espíritu crítico.
  • Apertura a nuevas ideas.
  • No dar las cosas por hecho (especialmente con la proliferación de las fake news en las redes).
  • Capacidad de escucha, de dar nuestra opinión de forma asertiva.
  • La empatía.
  • El componente artístico.

Lo resumió muy bien el profesor Darío Gil, vicepresidente de Ciencia y Tecnología de IBM Research, en una conferencia a la que asistimos hace dos años en Madrid (ver post “The Beautiful Idea)

 “En esta era de transformación digital, el ser humano es la pieza fundamental ya que aporta la experiencia, el sentido común, sus valores, los tan necesarios límites éticos a la investigación y sus emociones, su parte artística. Los mejores científicos o innovadores son capaces de ver la Idea Preciosa, The Beautiful Idea”

De ahí la importancia que la Educación tome buena nota de todo ello para adelantarse e incorporar programas potentes de formación en valores y en esas habilidades transversales en los centros educativos. Equipemos a nuestros/as jóvenes con los recursos necesarios para adaptarse, crecer y seguir desarrollándose personal y profesionalmente cuando las capacidades técnicas en las que se han formado queden obsoletas (¡lo que sucede cada vez más rápido!).

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Pero también animamos a empresas y organizaciones, de todos los tamaños y sectores, a dar el paso (pasar del dicho al hecho o Walk the talk– como dicen los anglosajones) e invertir de forma consciente en el desarrollo de sus personas y equipos, en el liderazgo, en las competencias intangibles arriba descritas, en la cultura organizacional al fin y al cabo…puede que para algunas de ellas sea una cuestión de supervivencia.

¡Nosotras seguimos trabajando infatigables para ello!

Feliz semana.

Silence connects

“El silencio no es ausencia de ruido, sino ausencia de ego” (J.Melloni)

Un corto silencio musical en un pentagrama repleto de notas. Un pequeño remanso de calma entre tanto ruido que nos rodea a diario…

Eso fue para mí la X Jornada de Silencio organizada el pasado 18 de Abril en el Atrio del Azkuna Zentroa en Bilbao. Un espacio habilitado para permanecer en silencio durante 24h con la siguiente intención:

 “Alcanzar el estado de calma que permite que las cosas sucedan de forma serena y equilibrada. Donde las prioridades se establecen de manera inteligente y compasiva. Para que más allá de nuestras ideas, religiones, nacionalidades […] el resultado de nuestra paz interna y serenidad sea la herencia de las futuras generaciones”.

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Me sorprendió muy gratamente la alta participación y diversidad de las personas que por allí pasamos, libres de permanecer el tiempo que quisiésemos. Con el silencio como vía de conexión para crear un espacio de comunicación colectiva, una suerte de red invisible entre tantas personas que “acoge y sostiene” y contribuye a aumentar el nivel de conciencia colectiva.

A menudo buscamos soluciones en el exterior, en otras personas, sin darnos cuenta de que la mayoría de las respuestas están en nuestro interior – “en realidad creo que siempre lo he sabido”, “de repente lo veo claro”, “¿por qué no me escuché más a mí misma?”. Solamente necesitamos unas mínimas condiciones de silencio y calma para conectar con nosotros/as mismos/as y escuchar con claridad lo que nuestra alma (nuestra sabiduría interna) nos susurra en medio de la confusión y del caos.

“Las intuiciones son el susurro del alma” Jiddu Krishnamurti

Sencillo. Y sin embargo, no resulta tan fácil apearnos un rato de la rueda en la que estamos corriendo, del ritmo de vida acelerado y ruidoso que llevamos: móvil, TV, radio, redes sociales, pitidos, mil actividades y conversaciones con otras personas y con nosotros/as mismos/as…que se resume a menudo en un “¡No me da la vida!”

Por eso, reivindicamos más momentos y espacios para cultivar el silencio (individuales y colectivos), para bajar de revoluciones y tomar perspectiva, para poner orden en nuestra creación, para poder decidir conscientemente entre el estímulo y la reacción, para empezar de nuevo…en definitiva, para escuchar a nuestra alma.

Estamos orgullosas de que Bilbao forme parte de una red mundial de ciudades y organizaciones que propician espacios para ello abiertos a toda la ciudadanía.

Y aunque ya lo hayamos recomendado en algún otro ocasión, ¡no podíamos no hacerlo en este post – pequeña oda al silencio!: el libro – “Biografía del silencio”- de Pablo D’Ors.

Feliz semana.

Tejiendo redes con servilletas de papel

Durante estas vacaciones de Semana Santa he disfrutado del nuevo lujo del siglo XXI: Tiempo.

Tiempo para conocer nuevos lugares (agradezco a mi buena amiga Isabel Roser y a su generosa familia por haberme recibido y enseñado su bella tierra, Mallorca), tiempo para respirar los aromas de nuestra recién estrenada primavera, tiempo para comer con calma y degustar nuevos platos, tiempo para gozar de siestas al sol…pero sobre todo tiempo para conversar, sin reloj y por el simple placer de conversar, con las nuevas personas que he conocido durante el viaje. Días de puro alimento para el alma.

Pareciera que la tranquilidad y la apertura a escuchar con atención y el tener el piloto automático de la rutina desactivado (estar operando desde otros niveles de conciencia en definitiva) hacen que, tengamos una mayor predisposición para encontrar conexiones entre diferentes ideas que van surgiendo de una manera más fluida (incluso, si hablamos de trabajo, entre diferentes oficios o disciplinas).

¡De cuántas conversaciones de terrazas, bares, sobremesas y croquis en servilletas y manteles de papel han salido grandes e innovadoras ideas! Decía uno de mis profesores de Universidad que las “horas de cafetería de la facultad” eran parte importante y necesaria de nuestra formación. ¡Qué razón tenía!

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En estos encuentros fortuitos (o no…) de mis vacaciones he vuelto a comprobar que, a pesar de nuestra ilusión de individualidad, todos/as estamos conectados/as. Somos tejedores/as de lazos de unión. A diario, consciente o inconscientemente, participamos en encuentros, conversaciones o relaciones, es decir, establecemos conexiones con diferentes personas constantemente, aunque algunas nos parezcan aparentemente insignificantes como puede ser una conversación en un ascensor o en la frutería, por ejemplo. Ahora bien, ¿Cuál es la calidad de nuestra atención, de nuestra escucha, de nuestra mirada?

Subestimamos a menudo las relaciones inter-personales. ¿Nos acordamos de todas las personas con las que hemos hablado hoy? Las conversaciones con todo tipo de personas pueden ser fuente de riqueza. El intercambiar conscientemente ideas, opiniones, conocimientos, visiones de la realidad, proyectos profesionales, ofertas…contribuye a ampliar nuestro universo, a que surjan nuevas posibilidades, a que se den uniones en nuestra mente (esos momentos de ¡Eureka!), a encontrar soluciones, a cambiar nuestra interpretación de lo que ocurre, a crear alianzas o colaboraciones, a unir fuerzas por una buena causa, a cambiar de rumbo de vida…Muchas razones por las que le deberíamos dedicar atención, esfuerzo y mimo.

Y, como en todo lo que tiene que ver con las personas, se necesita confianza: confianza en nosotros/as mismos/as, en la otra persona, en nuestros recursos, confianza para tomar riesgos, confianza en que todo vaya bien, confianza en la vida…).

“Si quieres ir rápido, camina solo, pero si quieres llegar lejos, camina acompañado” (Proverbio Africano)

 Feliz semana.

El tono hace la música

“Y yo le dije: ¡Eres una inútil, una p…vaga y ya te puedes poner a trabajar! Vamos que le puse en su sitio. ¡Qué se iba a creer esa!”

 Estas fueron las palabras que escuché entre dos vendedoras de una pescadería mientras esperaba al bus urbano en la marquesina de al lado, a las 7h45 de la mañana un día de la semana pasada. Podéis imaginar el volumen de voz para que desde la marquesina lo escuchásemos sin problemas…

El tono de desprecio, el volumen, la hora temprana…todo me resultó muy agresivo. Se me quitaron las ganas de mirar a la persona que lo estaba diciendo y de entrar algún día al establecimiento como clienta.

La semana pasada también, facilitamos una sesión de reflexión con un equipo donde se pedían mutuamente engancharse menos en la queja, en el error, menos enfadarse, y más cuidar el foco en la solución, más apertura para intentar entender la posición de la otra persona…más bondad y amabilidad en definitiva.

Las cosas hay que decirlas, ¡claro que sí!, pero podemos decir lo mismo de otra manera, con otras formas, y probablemente conseguiremos mucho más.

El tono hace la música.

Nos metemos tan fácilmente en el juego de “¿a ver quién gana?”, de “queja, castigo y recompensa”, cuando en realidad todos/as perdemos en este juego…

La queja significa reproche, crítica, exigencia, frustración, enfado…elementos poco constructivos y que no sirven de gran cosa, si no es más que para desahogarnos a corto-medio plazo. También es necesario ¡ojo! pero, hagámoslo siendo conscientes de que estamos vaciando nuestro saco y que estamos trasladando una energía pesada, a veces incluso tóxica, a las personas de nuestro entorno y/o a nuestras propias cabezas (si la conversación de queja la mantenemos únicamente en nuestro fuero interno). 

Detrás de todas esas quejas están ocultas necesidades no satisfechas, miedos a pedir y exponerse.

Si empezásemos a hablar desde nuestras necesidades y no desde los reproches, acusaciones, exigencias…y a escuchar las necesidades de los demás, seguramente la calidad y los resultados de nuestras conversaciones, en todos los planos, cambiarían.

Es muy diferente que te digan – “¡Eres un desastre! ¡No puedo más con tu desorden!” -a -“Yo necesito que las cosas estén ordenadas porque el orden me aporta tranquilidad. Cuando veo el desorden que formas, me estreso y me altero. ¿Podrías por favor, tenerlo en cuenta y procurar a partir de ahora poner atención para que las cosas estén en su sitio?”

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Entrenémonos a abrir conscientemente nuestro corazón a la otra persona para conectarnos no sólo con nuestras necesidades sino también con las de ella.

Cuánto bien haría a nuestra sociedad implantar programas de comunicación no violenta (CNV) en los colegios y en las organizaciones donde trabajamos.

Recomendamos el libro “Comunicación no violenta” de Marshall Rosenberg  y para los/las que habléis francés, este video de Isabelle Padovani que explica conceptos de la CNV con mucho humor:

https://www.youtube.com/watch?v=LD1M5xhxh-Q&feature=share

Prestemos pues atención y cuidado al lenguaje, a la comunicación, en los equipos y organizaciones para construir culturas más sanas. Las palabras y mensajes tienen más peso del que en ocasiones pensamos, crean realidades. Decía Gandhi:

“Cuida tus pensamientos porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos porque se convertirán en tu destino”

Feliz semana.

 

¡No molestar!, personas soñando.

Tenemos la suerte de que parte de nuestro trabajo consiste en acompañar a personas y equipos a soñar. ¡Un verdadero lujo!

La semana pasada, durante el Programa CTT Practitioner (Cultural Transformation Tools) que anualmente organizamos en Izarra Centre , soñamos, junto con los/las participantes de esta octava edición, cómo sería el proceso de transformación de nuestras organizaciones, y en consecuencia de nuestra sociedad, si partiésemos de paradigmas distintos respecto a la empresa, a las personas y a la naturaleza.

Unos días antes disfrutamos facilitando una sesión con el equipo de una empresa recién creada para soñar juntos/as el futuro deseado y la cultura, es decir, la personalidad de la organización que están construyendo con mucho esfuerzo, esperanza e ilusión.

Fueron estos eventos, y que durante el fin de semana empezamos a organizarnos en la familia para planear las vacaciones de verano (ese fantástico sueño de días largos, cálidos y soleados que contrarresta este duro invierno), que me han hecho reflexionar sobre el inestimable valor de soñar y el poco espacio y tiempo que a ello dedicamos en nuestras vidas personales en general, y aún menos en los entornos profesionales.

Y tú…¿te paras a soñar?

Soñar sobre dónde te gustaría verte dentro de 5 años, por ejemplo, en tu trabajo, en tu relación de pareja y familia, soñar con lo que realmente te gustaría hacer en la vida, dónde te gustaría vivir, con ese viaje o formación.

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Soñarlo es el primer paso para convertirlo en reto y aglutinar energía que nos impulse a tomar acciones en dicha dirección.

Soñar no es sólo cosa de niños/as, aunque en este aspecto deberíamos hacer de ellos/as nuestros maestros/as por su envidiable capacidad de no ponerse límites. Animamos pues a todos/as, independientemente de nuestra edad, a salir de vez en cuando del modo “piloto automático” o inercia en la que a menudo nos instalamos para prestar más atención a nuestros sueños.

Seguramente otro gallo nos cantaría. Andaríamos más centrados/as (¡a veces parece que vamos como pollos sin cabeza por nuestras vidas!), más satisfechos/as al sentirnos en coherencia entre lo que soñamos, sentimos, decimos y hacemos, y por supuesto ¡nos divertiríamos más!

Feliz semana.

Y a ti… ¿quién te cuida?

Ésta es una pregunta que hacemos frecuentemente en los procesos de coaching individual a personas que tienen equipos a su cargo y deben atender las necesidades de estos. Suelen ser personas con mucho trabajo y poco tiempo, acostumbradas a buscar soluciones y respuestas. Después de que hayan contado todas las responsabilidades que asumen y personas que tienen que atender o cuidar, una pregunta muy sencilla les coge por sorpresa o al menos les hace parar y reflexionar: Y a ti… ¿quién te cuida?

Y tú, querido lector/a, ¿sabrías responderla?

Últimamente hemos acompañado a equipos de dirección en sesiones de reflexión y trabajo donde en la ronda de aterrizaje y preparación para la tarea – ¿cómo llego a esta sesión? ¿Con qué emoción? – hemos sentido bastante carga, estrés, cansancio…y eso que el año no ha hecho más que empezar.

Nos puede parecer normal dado el nivel de exigencia, velocidad y complejidad en el que deben trabajar algunos equipos de ciertos sectores hoy en día, pero a la larga, ese ritmo no es sano y nos acaba pasando algún tipo de factura (a todos los niveles y en todos los planos).

No estamos insinuando que debamos dejar de hacer o cumplir con nuestro trabajo o responsabilidades para cuidarnos o sentirnos mejor ¡Nada más lejos! Sencillamente, queremos invitar a pararnos y cuestionar nuestras creencias sobre: cómo enfocamos nuestro trabajo, la organización de éste (¿presencia es igual a trabajo?), qué significa la conciliación entre la vida personal y laboral para nosotros/as, cómo nos hacemos cargo de nuestras responsabilidades y/o las de otros, qué nos supone el delegar, cómo definimos las prioridades, cuál es la diferencia entre el cuidado de nuestro equipo y el cuidado propio etc.

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Y es, precisamente, sobre este último punto, la importancia del auto-cuidado, o lo que Stephen R. Covey llama en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectivala Renovación: Afile la Sierra- Principios de Auto-renovación equilibrada (7º hábito) , que queremos hacer hincapié en este post. Porque el mayor bien que poseemos es nuestra persona, somos el instrumento con el que contamos para vivir, relacionarnos y realizar nuestra aportación.

Cuando decimos auto-cuidado nos referimos a sus 4 dimensiones: físico, mental, emocional y espiritual.

Hacer deporte, descansar, comer bien, leer, formarnos, alimentar nuestra mente, tiempo para contemplar la naturaleza y el arte como fuentes de inspiración, relacionarnos con otras personas para sentirnos queridos/as, divertirnos y disfrutar, tener espacios para hacernos preguntas más profundas como por ejemplo, nuestros valores, nuestra misión en la vida, qué nos gustaría que dijesen de nosotros/as cuando no estemos…

La renovación y el cuidado de todas las dimensiones de la persona es un proceso que nos permite ascender en una espiral de crecimiento (el descuido de cualquier área tiene un impacto negativo en las restantes), de transformación y de aumento de nuestra aportación hacia afuera.

El mundo que habito es el reflejo del mundo que habita en mí.

El cuidado propio debiera aparecer en la lista de nuestras prioridades si queremos dar lo mejor de nosotros/as mismos/as, nuestra mejor versión, a nuestros equipos, a nuestra organización, a nuestra familia…en definitiva, a la Sociedad.

Feliz semana.

Los Valores en los equipos: fuerzas electromagnéticas que nos acercan o nos alejan

Los valores son como las fuerzas electromagnéticas, no las ves, pero están ahí.

Si las personas los comparten se atraen, si no los comparten se separan.

Este fue el tema que compartí la semana pasada con las personas que acudieron al coloquio mensual que organiza el coworking Bilbaíno E-Hub!. Agradezco no sólo la invitación que me brindó el equipo del E-Hub para exponer un tema de mi interés, sino también la creación de un ágora contemporáneo más en Bilbao los últimos jueves de mes al que os animo os acerquéis.

Observamos un número creciente de equipos y organizaciones de todo tipo que están en un proceso de cuestionamiento del modelo tradicional de gestión y de los paradigmas del siglo XX. Se encuentran en búsqueda de modelos diferentes, donde los valores jueguen un papel clave y que unan entorno a un propósito común.

Nuestros valores se reflejan en todas las relaciones que establecemos con personas o con grupos de interés: ¿por qué me siento más a gusto con algunas personas que con otras?, ¿por qué prefiero o elijo trabajar en una organización y no en otra?, ¿por qué elijo donar a una causa y no a otra? Accionistas que eligen una empresa y no otra para invertir, comunidades/regiones que quieren que se establezcan en su seno un tipo concreto de empresas, consumidores/a que eligen comprar productos de ciertas marcas o precisamente no comprarlas – decisiones basadas consciente o inconscientemente en valores.

Hoy en día es tan importante quién soy y qué valores represento como la calidad de mis productos o servicios.

 Cada vez más estudios realizados por agencias de reclutamiento indican que la recompensa más buscada por la nueva generación no es la económica (sin quitarle valor a la retribución ¡ojo!), ésta es importante, pero no es la determinante en la decisión de dónde trabajar. La aceptación y respeto a la persona, el reconocimiento a la labor y el sentir que contribuyen a un mundo mejor son elementos emergentes que las organizaciones ya no pueden dejar de atender.

Pareciera pues que- “El reto más importante de las empresas en el Siglo XXI es abrazar el concepto de Humanidad” -como dijo el experto estadounidense en management e innovación Gary Hamel. Estamos totalmente de acuerdo.

¿Qué pasaría si, como invita Gary Hamel, cuestionamos nuestros modelos mentales y redefinimos el ADN corporativo? ¿Qué pasaría si llevamos esa dimensión del Ser al mundo de las organizaciones? Respuesta: La cultura (el conjunto de los valores) de los equipos/organizaciones se convierte en una enorme fuente de ventaja competitiva, de valor organizacional.

¿Cómo integrar entonces estrategia y cultura en los equipos /organizaciones para desplegar su máximo potencial entorno a un propósito común?

Debatiremos y daremos respuesta a estas interesantes preguntas en la nueva edición del “Programa de Certificación Internacional CTT Practitioner en Modelos, Herramientas y Procesos para la transformación corporativa” (Cultural Transformation Tools de Barrett Values Centre- www.valuescentre.com) que volvemos a traer al País Vasco del 26 de Febrero al 01 de Marzo 2018, siempre en alianza con nuestro querido Adolfo Jarrín (http://creatingconsulting.com/)

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¡Aún tienes tiempo de apuntarte!

Toda la información está aquí: http://bit.ly/2zeWxE6 )

Feliz semana.

¿Cómo emprender? – Esta es la pregunta

La semana pasada asistí a la presentación de la iniciativa MIDE (Madrid Innovation Driven ecosystem donde Bill Aulet del MIT (Massachusetts Institute of Technology) impartió una inspiradora master class sobre Emprendemiento de base innovadora”. Disfruté con su estilo cercano, cuestionador del status quo (fue crítico con las escuelas de negocios por ejemplo), inteligente y con toques de humor.

No conocía hasta entonces al profesor Aulet, quien dirige el desarrollo de la educación empresarial en el Martin Trust Center for MIT Enterpreneurship y es autor de los libros “La disciplina de emprender” y “Disciplined Entrepreneurship Workbook”. Como tampoco conocía el programa REAP del MIT (Regional Enterpreneurship Acceleration Program): una iniciativa global para ayudar a regiones en su desarrollo económico y social a través del emprendizaje – el MIDE se basa precisamente en esta iniciactiva.

Las regiones que participan crean equipos multi-disciplinarios que durante dos años se comprometen a un aprendizaje: Emprendedores/as, Universidad, Capital de riesgo, Administraciones/Gobierno y Empresas ya consolidadas. No se pretende “copiar” el proceso de otras regiones innovadoras y emprededoras como Silicon Valley sino entender dónde estamos (respecto a los diferentes agentes), identificar nuestras fortalezas y debilidades como región (en este caso de la región de Madrid) y a partir de la foto resultante, trazar una hoja de ruta ad hoc, una estrategia para acelerar el emprendizaje.

¡El emprendizaje se puede enseñar y aprender! es el mensaje en el que Bill Aulet hizo especial énfasis durante toda la ponencia. Y también que el emprendizaje no sólo es externo, es decir, puede haber una disposición/mentalidad, mecanismos y procesos para el emprendizaje dentro de las organizaciones (intraemprendizaje).

Según Aulet, cualquier emprendedor/a debería desarrollar 4 habilidades básicas (“Las 4 Haches fundamentales” como lo llaman en el MIT):

  1. Heart (corazón):

Para ser emprendedor/a se necesita corazón, pasión, emoción. Estar dispuesto/a a ir contra marea en ocasiones. Se trata del ingrediente clave.

  1. Head (Cabeza):

La pasión debe ir de la mano con el conocimiento y con las herramientas necesarias para construir un buen proyecto.

  1. Hands (Manos):

La preparación técnica o capacitación necesaria para llevar a la práctica la idea/trabajo/servicio/producto.

  1. Home (Hogar):

Los emprendedores/as necesitan un entorno, un círculo donde sentirse apoyados/as, seguros/as.

 

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En su discurso también mencionó algunas mentiras o creencias limitantes arraigadas en la sociedad entorno al emprendizaje :

  • Los emprendedores/as son individualistas –> Al contrario, el emprendimiento es más bien un trabajo de equipo.
  • Son personas más inteligentes que la media–> No es la inteligencia lo que les diferencia sino la pasión y voluntad de conseguir lo que se proponen.
  • Se nace emprendedor/a–> No es una cuestión de genética, es algo que se puede aprender y enseñar.
  • Les encanta el riesgo–> No es cierto, los emprendedores/as toman las decisiones tras medir y analizar los posibles riesgos que asumen y las posibles recompensas.
  • Son personas con carisma –> Algunos emprendedores/as sí y otros/as no. El carisma de poco servirá si la idea/servicio/producto no aporta valor al mercado o a la sociedad.
  • Es una cuestión de suerte –> La suerte no llega sola, hay que buscarla y ello requiere mucho trabajo, involucración, compromiso y esfuerzo.
  • Los emprendedores/as no tienen disciplina –> ¡Para nada! “trabajan a destajo”. Cuando se deben asegurar los sueldos todos los meses…el trabajo sale sí o sí.

 

Necesitamos emprendedores y emprendedoras para el desarrollo y evolución de nuestras regiones y en definitiva, de nuestra sociedad. Y por ello, aunque ya hayamos homenajeado al emprendizaje en anteriores ocasiones en estos “Episodios Equilia” (Homenaje a las emprendedoras y emprendedores ), escuchar a Bill Aulet nos ha dado la fuerza e inspiración para seguir reclamando más ayudas y reconocimiento hacia los emprendedores/as, para animar a incluir la asignatura de emprendizaje en la educación desde la más temprana edad y para insistir en la necesidad de construir redes potentes de complicidad y colaboración entre emprendedores/as, administración, academia y empresas consolidadas.

Se trata de nuestro futuro…¿cómo no hacerlo?

Feliz semana