Sembrar

A veces hablamos como si nuestra vida se tratase de una serie de trámites, pasos, incluso obstáculos a gestionar para conseguir un objetivo.

“¡3 años nada más para jubilarme!”

“Sólo dos reuniones me separan del fin de semana. Que pasen rapidito por favor…”

“4 exámenes para conseguir el título”

Nos han entrenado desde niños/as en ello – “duermes 4 veces y será tu cumple”. Aunque en la infancia esta visión mecanicista no nos convence tanto…¡qué sabios son los niños/as! O los mayores que ya han perdido un poco la cabeza…

Por supuesto que el visualizar nuestras metas como algo cercano y alcanzable nos ayuda. Nos proporciona fuerza para un último empujón, para mantener la motivación, para seguir retándonos, para estar centrados/as…en definitiva, para avanzar hacia un futuro deseado.

Al mismo tiempo, en nuestra sociedad vamos tan rápido, que podemos caer fácilmente en la metáfora del “mundo o vida como obstáculos y problemas que resolver”. Un universo cerrado, rutinario, previsible, en el que cualquier cosa que se interponga en la consecución de nuestro objetivo, nos puede crear frustración, enfado, impaciencia; nos puede llevar a buscar culpables y a utilizar un lenguaje basado en el déficit.

Lo mejor de las personas surge cuando nos ponemos a crear, no simplemente a solucionar. Hagamos, pues, un ejercicio consciente de abrirnos; de expandir nuestras vidas a la variedad, al misterio, a la incertidumbre, a otras maneras de hacer; de interesarnos genuinamente por los demás; de dedicar(nos) tiempo; de insistir en utilizar un lenguaje más apreciativo y basado en las fortalezas. Seamos generosos/as con nosotros/as mismos/as, con los demás, con nuestros equipos y con el entorno.

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Para ello os proponemos lo siguiente:

¿Qué tal si al comienzo de cada jornada; de una reunión o sesión de equipo; de una conversación o de una tarea que vayamos a hacer, nos paramos unos instantes, (nos) escuchamos y nos preguntamos: Cuál es mi intención para este día, esta reunión, esta conversación o tarea? ¿Qué quiero sembrar aquí y ahora?

No es tanto lo que haces sino desde dónde lo haces.

 Conectemos con nuestra intención para ser capaces de transmitirla y de generar experiencia. Porque lo que nos decimos y repetimos se traslada a nuestra conducta y acción.

Os dejamos con esta frase inspiradora de Albert Camus para comenzar la semana:

“La verdadera generosidad para con el futuro consiste en entregarlo todo al presente”

Feliz semana.

Carnaval

¡Estamos de Carnaval!

Días en los que nos podemos encontrar con Superman, con Maléfica, con un pulpo o una salchica andante en la calle. Días en los que pareciera que las barreras de lo establecido, de lo que se espera de nuestros roles en la sociedad, se difuminan y nos damos otros permisos.

¿Te disfrazas en Carnaval?

Disfrazarnos es encarnar de cierta manera a otra persona, personaje, animal u objeto y nos ayuda a experimentar cómo es estar en sus zapatos. Podemos probar a hacer y decir lo que nuestro disfraz diría o haría, sus gestos, sus maneras, sus miradas…(¡incluso si son radicalmente diferentes a las nuestras!) y ver cómo nos sentimos. En definitiva, jugar a probar a sentir y ser otra persona y, tal vez desde ahí, entender mejor sus circunstancias y su comportamiento.

El disfraz como medio para conectarnos con la empatía, la compasión y el reconocimiento.

Estaría bien instaurar “Días de Disfraz” en las familias, en los lugares de trabajo, en los colegios o en la comunidad: “Hoy me disfrazo de mi jefa”, “hoy voy a probar ser el tío Alberto”, “hoy quiero vivir la vida del alumno adolescente Iñaki de la ESO”, “hoy trabajaré de enfermera”, “quiero experimentar una hora en la vida de mi perro”…

Nos parece que, en estos tiempos cada vez más individualistas y acelerados, hemos perdido empatía. En el trabajo priorizamos ser efectivos/as y resolutivos/as, dejando aspectos emocionales y relacionales de lado: vivimos en la mente más que en el sentir. Observamos en las organizaciones y equipos que sus conversaciones se centran practicamente sólo en el trabajo, la eficacia, la resolución etc. – muy necesarios ¡ojo! – pero se cuida poco la relación, el estado del otro/a, incluso nuestro estado interior.

Y sin embargo, creemos que de cuidar estos aspectos (competencias blandas las llaman), las relaciones, la comunicación, serían más fluidas y esto redundaría en una mayor eficacia, resolución y compromiso por parte de las personas.

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El psicodrama, la técnica de la silla vacía, las constelaciones organizacionales, etc. pueden ser excelentes herramientas para visitar y experimentar el lugar de otras personas, roles o funciones de los diferentes sistemas en los que interactuamos, utilizando nuestra mente, corazón y cuerpo. Nos pueden ayudar a vislumbrar y entender la intención profunda que hay detrás de ciertos comportamientos o dinámicas de personas que criticamos y rechazamos (‘para qué’ esa persona se comporta así y no ‘por qué’ esa persona se comporta así). En definitiva, a empatizar.

“Sé amable, pues cada persona con la que te cruzas está librando su ardua batalla” (Platón)

Feliz semana y Feliz Carnaval.

Mira quién habla…

“A estas alturas conozco bien mi cuerpo” – es una expresión que empleamos más según avanzamos en edad.

Y es cierto que los años nos regalan experiencia y sabiduría, incluído sobre nuestro cuerpo. Pero una cosa es conocer la fisiología de nuestro cuerpo (cómo se comporta en los cambios de estación, al comer cierto tipo de alimentos, según las horas de sueño etc.) y otra cosa es tener conciencia corporal.

El cuerpo nos brinda, constantemente, valiosa información sobre nuestro estado emocional con respecto a nuestro entorno; a nuestros juicios o creencias; a nuestras interacciones con otras personas…porque las emociones se alojan en el cuerpo y el cuerpo es nuestro instrumento para llegar a ellas.

¿Cómo de conectados/as estamos realmente con nuestro cuerpo?

¿Somos capaces de identificar sus necesidades, las diferentes sensaciones, las partes bloquedas, en dónde exactamente sentimos las emociones etc.?

¿Estamos entrenados/as para hacer una lectura corporal y emocional?

En general, en Occidente al menos, desarrollamos una vida lingúistica (racional) bastante disociada de nuestra emocionalidad y de nuestro cuerpo. Se concede más importancia y prevalece el trabajo cognitivo-lingüístico. Este es fundamental, pero creemos que necesitaría ir acompañado de un trabajo emocional y corporal para que la persona pueda desarrollarse en plenitud.

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Las creencias disfuncionales o limitantes se asientan en emociones muy profundas, inconscientes, y por eso se resisten a los argumentos lógicos. Podemos entenderlo intelectualmente pero seguimos reaccionando de la misma manera. Por eso, para cambiar un juicio, una creencia, primero necesitamos identificar, trabajar y resolver la emoción que lo sostiene. Y ¿cómo se trabajan las emociones? Entrando en el cuerpo. Es imposible transformarlas sólo hablando o razonando.

Las preguntas, los razonamientos lógicos, nos llevan a ir madurando y preparándonos para poder abordar ese momento emocional. El cuerpo y la respiración consciente nos ayudan a permanecer en el presente, a salir de la divagación, a reconectar con nuestro cuerpo y a poder empezar a identificar y describir sensorialmente lo que nos sucede. No es un trabajo sencillo, porque todos/as tenemos emociones proscritas que nos han llevado a disociarnos, a dejar de estar en contacto con nuestro cuerpo/emoción, para no sentirlas.

Pues bien, para empezar a entrenarnos en la lectura corporal, sensorial y emocional, os proponemos el siguiente ejercicio: llevar un Diario corporal.

Estas son las instrucciones:

Cada mañana, a primera hora, programáis 3 o 4 alarmas en el móvil en distintos momentos del día, que sean horas difíciles de recordar, por ejemplo: 17h23.

Cuando suene cada alarma, detenéis lo que estás haciendo y respondéis a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué estoy haciendo?
  • ¿Qué estoy pensando?
  • ¿Qué estoy sintiendo?
  • ¿Dónde en mi cuerpo y cómo lo estoy sintiendo?

Este ejercicio se debería hacer al menos durante 10 días.

Seguro que vuestro cuerpo os brinda sorpresas y un montón de información valiosa.

Feliz semana.

Esto está encendido

“Si yo tuviese que desear algo, no desearía riquezas ni poder, sino la pasión de la posibilidad, el ojo que en todas partes ve la posibilidad eternamente joven, eternamente ardiente. El placer decepciona, la posibilidad, no.”

(Soren Kierkegaard)

Me sorprendió y me arrancó una sonrisa la respuesta que me dio mi sobrina de 4 años cuando le pregunté qué se disponía a hacer tan contenta con aquellas pinturas: “¡Voy a hacer un proyecto!”. Claro…hoy en día los colegios trabajan por proyectos y es un término totalmente normalizado para los niños/as.

Su entusiasmo ante el mundo de posibilidades que imaginaba con aquel papel en blanco, unos cuantos rotuladores, unas tijeras y algunas pegatinas (parece que los niños/as de entre 3-4 años son capaces de entusiasmarse hasta 90 veces al día) me hizo pensar que el entusiasmo es igual de importante o quizás más que otros elementos tangibles en los proyectos (ya sean laborales como personales).

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¿Pero cómo mantener el ánimo de las personas, la actitud positiva, la motivación, durante el proyecto, especialmente en aquellos complejos y/o muy largos (igualmente podríamos hacer esta reflexión en situaciones difíciles de la vida)? ¿Cómo comprometer al equipo? ¿Cómo construir puentes hacia un objetivo común?

En un post anterior ya hemos hablado sobre el arte de saber encontrar un buen equilibrio en la gestión del tiempo y de los tempos en los proyectos para alcanzar con éxito la meta final.

Creemos que otra clave es cultivar el entusiasmo. El entusiasmo por construir juntos/as algo bueno, algo valioso, algo grande…un propósito significativo para todos. Y para ello…

Qué tal si cambiamos nuestra percepción de que el proyecto (o nuestro día a día) es un cúmulo de problemas/obstáculos a solucionar o superar, por espacios de posibilidades y también de disfrute.

Qué tal si utilizamos un lenguaje conscientemente apreciativo que incluya, que valore, que inspire a colaborar, a compartir. Y no un lenguaje basado en la cultura del déficit, desafortunadamente bastante extendida en cualquier plano de la vida.

Elegir nuestra actitud, a pesar de las dificultades, es nuestra mayor libertad y también responsabilidad (no se nace cenizo u optimista, no es algo sólo genético. Se aprende a vivir con una actitud ceniza o positiva).

Porque las personas vivimos en estados de ánimo, sería bueno incluir este “ingrediente emocional, humano” de alguna manera en la planificación de proyectos que, en general, recoge lo tangible, lo medible.

Por eso, a través de este post, reivindicamos y animamos a dedicar espacios y momentos durante el proyecto para el Entusiasmo, la Curiosidad, el Asombro, la Emoción: recordar los logros y valorar aquello que es exitoso; reconocer nuestras fortalezas para construir desde ahí; ver lo que sí funciona; visualizar oportunidades; compartir aspiraciones e intenciones y emocionarnos imaginando juntos ese propósito soñado entre todos.

Necesitamos momentos para “lanzar chispas que prendan hogueras”, como dice Alfred Sonnenfeld, doctor en medicina y teología alemán. Aquí os dejamos un vídeo suyo sobre “La fuerza regeneradora del Entusiasmo”

 

 

Feliz semana

Reinicio

¡Ya estamos de vuelta estrenando el nuevo año!

A nuevo año, nuevos proyectos, nuevas historias, nuevas relaciones…nos dicen.

¡Y que así sea!

El inicio, quizás, no es únicamente algo nuevo a estrenar. Puede haber diferentes maneras de renovación: proyectos anteriores con ilusiones renovadas y/o antiguos proyectos readaptados, reconfigurados, reescritos, para dar respuesta a nuevas situaciones, necesidades o a nuevos retos.

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Precisamente estos últimos dos meses hemos tenido el placer de acompañar a dos equipos cuyos proyectos tienen ya un recorrido, uno incluso ha celebrado varios aniversarios, y que, ante sus nuevos retos estratégicos, han abierto un paréntesis de reflexión para tomar perspectiva y repensarse, reorganizarse, reinventarse. Todo ello con el fin de proponer una respuesta adaptada a una nueva situación y volver a generar ilusión y prosperidad.

Observamos que los proyectos de larga duración que son capaces de renovarse o de evolucionar a través de diferentes ciclos tienen en común:

Un propósito claro: Las personas no trabajan juntas si no tienen un propósito.

Valores compartidos: Un proyecto no puede sostenerse en el tiempo si detrás no hay valores.

Y nos parece que esto es aplicable en cualquier plano de nuestra vida. La siguiente frase, que nos gustó desde que la leímos por primera vez, ilustra bien esa idea:

“En la medida en que nos mantenemos enfocados en nuestro propósito y valores comunes somos capaces de atravesar las tormentas del caos, decidir qué acciones serán consistentes con nuestro propósito y valores y emerger con un modelo congruente.” (Desconocemos el autor/a)

El próximo mes de Marzo, del 09 al 12, un año más, tendremos ocasión de disfrutar y enriquecernos con los debates sobre los valores en las organizaciones, equipos, líderes; sobre la importancia de construir un Propósito con significado en los proyectos; sobre los procesos de transformación cultural necesarios para adaptarnos a los nuevos desafíos y sobre herramientas y modelos para trabajar todo ello en la X. Edición del Programa de Certificación Internacional CTT Practitioner (Cultural Transformation Tools) de Barrett Values Centre que volvemos a organizar en el País Vasco.

Puedes encontrar toda la información sobre el programa en este enlace (https://bit.ly/2DRUJop).

¡Te esperamos!

Feliz y próspero año 2020 para todos/as.

Eskerrik asko, Gracias, Thank you, Merci, Danke

No podíamos irnos de vacaciones de Navidad sin antes despedirnos de todos vosotros/as y daros las gracias de corazón:

Gracias por habernos acompañado en los Episodios Equilia un año más – aunque no os veamos, os sentimos al otro lado de la pantalla-, y gracias por animarnos a seguir escribiendo y compartiendo nuestras reflexiones.

En estos días donde los corazones se nos ablandan un poquito, nos gustaría hacer un llamamiento para las fiestas y el nuevo año que comenzaremos en breve: practiquemos la Gratitud. Sí, con mayúscula, porque cuando vivimos en Gratitud, todo en nuestra vida mejora.

¡Hay tantas cosas por las que podemos dar las gracias a diario! si valorásemos conscientemente todo lo que tenemos, y no sólo nos referimos a lo material, empezando por la suerte de estar vivos/as.

Como todo en la vida, la Gratitud requiere entrenamiento, así que ¿por qué no empezar hoy mismo?

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Te invitamos a que pienses en al menos dos personas que “están ahí” cuando necesitas algo, que te apoyan, que te escuchan, que te ayudan, que te animan…que son importantes en tu vida (¡qué bueno si te vienen a la mente más de dos!)

A continuación, te invitamos a que envíes a estas personas un mensaje a través de tu teléfono móvil donde sólo escribas una palabra: GRACIAS. Nada más.

Verás que las reacciones de vuelta son interesantes…

¿Será que no estamos tan acostumbrados/as a recibir mensajes amables así de sencillos y al mismo tiempo así de profundos?…

Ahora sí, nos despedimos con esta frase, encontrada por casualidad, y que nos gustó:

La gratitud es la memoria del corazón.

¡Feliz Navidad y feliz año 2020!

Una nueva década llama a tu puerta – ¿qué vas a hacer?

“No podemos posponer el vivir hasta que estemos preparados. El rasgo más característico de la vida es su urgencia- ‘Aquí y Ahora’- sin aplazamiento posible. La vida nos es disparada a bocajarro” (Ortega y Gasset)

Y aquí y ahora ha llegado el último mes del 2019.

La hoja Diciembre del calendario, una vez más, ¡nos ha dado un susto al pillarnos de sorpresa!

Como cada año, asistiremos a brindis de empresa, comidas de equipo, cenas en familia… Diciembre, un mes para celebrar el fin de un año y el comienzo del siguiente. Pero el barullo, el jolgorio de las celebraciones, a veces nos hace perder de vista precisamente esto: ¿somos conscientes durante estas semanas del cierre de una etapa para dar comienzo a una nueva?

Incluso más allá de los finales de año, ¿cuánto dedicamos a ‘cerrar bien’ un proyecto de trabajo, una relación, un ciclo vital o laboral…y prepararnos concientemente para abrir algo nuevo?

Nos parece que, en general, destinamos poco tiempo, energía y reflexión a “recoger cosecha” de lo experimentado o de lo vivido, para ganar refuerzo y confianza en algunos aspectos, para soltar posibles lastres, para sacar aprendizajes, para lanzar nuevas ideas de futuro etc. Pareciera que, en estos tiempos, vivimos o en una permanente huida hacia adelante o en un permanente aplazamiento de la vida.

Sin embargo, “recoger cosecha” nos parece una práctica necesaria y saludable en cualquier ámbito: equipo, empresa o personal. Es un ejercicio que nos permite “enfocar”, nos ayuda a vivir más conscientemente y de manera responsable nuestras vidas o trabajos.

Esta vez, además, comenzamos, no sólo un nuevo año, ¡sino una nueva década! Creemos que la ocasión merece el hacer una paradita. Nosotras la vamos a hacer,¿te animas?

Te invitamos a hacer el siguiente ejercicio que ayuda a dibujar un mapa de nuestra situación actual para hacer balance de cara al 2020: Reflexiona unos instantes sobre cada una de las 4 casillas y escribe tus pensamientos en un papel si lo deseas.

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Una vez terminadas las anotaciones, te invitamos a volver a leerlas pero esta vez entendiendo qué función cumple cada casilla en tu conciencia. Esto puede ayudar a entender mejor ciertos frenos, comportamientos, impulsos… que podamos estar sintiendo:

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¡Ojalá disfrutes del ejercicio y te sirva!

Feliz semana.

 

“Lo esencial es invisible a los ojos”

“Lo esencial es invisible a los ojos”

(Antoine Saint-Exupéry, El Principito)

 ¿Cuándo fue la última vez que miraste a alguien a los ojos y sostuviste la mirada unos segundos?

¿Cómo te sentiste haciéndolo? ¿Qué sucedió?

Si ya no te acuerdas, te invitamos a que pruebes con alguien que esté cerca de ti en este momento.

No es lo mismo Mirar que Ver.

Cualquier persona que no sea ciega puede ver pero tal vez no sepa mirar. Y hay ciegos/as que saben mirar muy bien a las personas…porque las miran con los ojos del alma. Ahí está la diferencia entre Ver y Mirar.

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Es una delicia escuchar a Liliana González explicándolo en su charla TED “Volver a Mirarnos” que recomendamos vivamente.

A pesar de la hiperconectividad de esta era digital, pareciera que las pantallas nos han separado físicamente, nos han desentrenado en la capacidad de mirarnos y nos han robado algo de humanidad. Porque, como dice Liliana González, “la mirada se construye siempre en el encuentro con el otro”.

Nos miramos poco. Pero cuando lo hacemos, en general, no nos deja indiferentes: parpadeamos,apartamos la mirada rápidamente, hacemos algún chiste para quitar hierro, sentimos pudor, deseo, nos ponemos colorados/as, nos sentimos intimidados/as, agredidos/as.

¿Somos conscientes de cómo es nuestra mirada hacia los demás? ¿Cuál es nuestra tendencia, nos fijamos más en los aspectos positivos o negativos de las personas?

Y lo mismo respecto a nosotros/as mismos/as: ¿Qué mirada nos dedicamos? ¿Amorosa, implacable, severa, flexible, humillante, divertida…?

Tomar consciencia de esto puede brindarnos información valiosa sobre nuestra manera de estar en el mundo, de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con la vida.

Cuando miramos (sin necesidad de palabras) a una persona más allá de lo que vemos a primera vista, más allá de nuestros prejuicios y de nuestros egos; cuando reconocemos al Ser que hay en el otro/a como alguien legítimo (con sus bondades,sus miserias y sus necesidades), se da una conexión genuina. Se crea un vínculo real que facilita el entendimiento, la comunicación y la interacción.

Hacemos, pues, un llamamiento a practicar el arte del encuentro y de la mirada sincera desde todo nuestro Ser: en las empresas, en las familias, en las parejas, en las comunidades…en definitiva, en todos los sistemas en los que interactuamos.

En Equilia no desistimos en el intento con los equipos y organizaciones a los que acompañamos.

Y qué mejor manera de despedirnos con la palabra originaria del sánscrito, Námaste: saludo que se hace desde el corazón para establecer una conexión genuina con la otra persona más allá de nuestro ego y de su ego.

Feliz semana

Yo de mayor quiero…

“Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena” (Ingmar Bergman)

Un año más, la semana pasada acudimos felices a la llamada de la Escuela de la Experiencia de Debabarrena en Eibar para impartir una formación (Muchas gracias Eva Pérez de Albéniz por invitarnos cada año). ¡Cómo faltar a la que es una de LAS citas anuales en nuestra agenda!

La Escuela de la Experiencia de Debabarrena, gestionada por las excelentes profesionales de Adindu, busca juntar a mujeres y hombres mayores de 50 años, en etapa de prejubilación y jubilación, con inquietudes culturales y sociales, con ganas de aprender, conocer a otras personas, y desarrollar diferentes actividades en esta etapa de sus vidas.

¡Qué gran contribución al Bien Común la de la Escuela de la Experiencia! Ya van 16 promociones.

En una sociedad cada vez más envejecida como la Europea (en España, por ejemplo, en el 2033, una de cada cuatro personas superará los 65 años. Muchos de los niños/as de la actualidad vivirán hasta los 100 años.), parece necesaria una reflexión profunda para cuestionar nuestras creencias sobre el envejecimiento para redefinir la vejez. Y urge, porque el envejecimiento masivo es un reto global.

Especialistas en la materia ya hablan de la necesidad de abordar este desafío desde todas sus vertientes (demográfica, económica y social). No podemos estar más de acuerdo con lo que dice Sarah Harper, Fundadora del Instituto de envejecimiento de la Población de la Universaidad de Oxford en la entrevista que le hicieron: La vejez no llega a los 70. Llega al convertirnos en dependientes” 

Como sociedad, precisamos de un cambio de paradigma respecto al envejecimiento. Y no sólo cambios relativos a la salud y a las pensiones, como muchos podemos pensar sobre este tema. Se trata de algo más profundo y que nos va a requerir de creatividad, de flexibilidad, de generosidad, de respeto y amor por las personas… para buscar nuevas fórmulas que se adapten a una nueva realidad: repensar la organización actual de las familias; convivencia entre personas de diferentes edades; diseño de trayectorias laborales diferentes a las actuales; más conciliación de la vida personal y laboral; reconfiguración de los espacios públicos de convivencia y de las casas; programas y educación para el bienestar físico, emocional, mental y espiritual de las personas a lo largo de sus vidas; aprendizaje permanente; cuestionamiento sobre qué es ser útil en la sociedad y sobre la belleza del cuerpo humano; revalorización de la experiencia que da la edad; crear programas de voluntariado y de mentoring etc.

Los diferentes grupos que han pasado por la Escuela de la Experiencia ya se han puesto manos a la obra poniendo en marcha iniciativas y proyectos que son maravillosos ejemplos de innovación social.

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De la nueva promoción de la escuela, que tuvimos el placer de conocer la semana pasada, nos quedamos con su actitud positiva, ganas de construir, de aportar, de mejorar como personas, su amabilidad y sus miradas de eternos/as aprendices a pesar de, o tal vez por toda la experiencia que tienen acumulada.

Sois ejemplo para las siguientes generaciones que venimos por detrás. Mila esker!

Yo de mayor quiero ir a la Escuela de la Experiencia…

Feliz semana.

(Foto: Lifehack.org)

Manténgase en espera

“Hice un curso de lectura rápida y leí Guerra y Paz en 20 minutos…va sobre Rusia” (Woody Allen).

¿Os acordáis cuando escribíamos cartas manuscritas y nos parecía normal esperar la respuesta durante semanas?… ¿o esperábamos una llamada sin mirar al teléfono constantemente?…(veamos cómo de grande es el salto generacional entre los lectores/as y nosotras).

No hace tanto de eso…y sin embargo, desde entonces, hemos creado un modelo de vida donde rendimos culto a la inmediatez.

Resoplamos y nos quejamos cuando tenemos que hacer colas – “¡Con todas las cosas que podría estar haciendo en este momento!” Leemos los mails, artículos etc. en diagonal; queremos una respuesta de whatsapp inmediata desde el momento que vemos el doble click azul; los resultados de los proyectos deberían llegar más rápido…igual que el éxito y el dinero; pretendemos aprender un idioma o una nueva disciplina con algunos días intensivos de formación; nos cuesta dedicar tiempo a escuchar con atención a los demás; cómo se atreven a romper “nuestros planes” los tratamientos “largos” para enfermedades o lesiones…

¡Lo queremos todo ya!

Y esto nos crea angustia…

Difícil aprendizaje, pues, el de la paciencia. Lo curioso es que todo el mundo coincide sobre sus beneficios pero qué difícil parece llevarla a la práctica en el contexto actual.

Parece que hay demasiado ahí fuera esperándonos…y que el tiempo del que disponemos no alcanza todo.

Creemos que para cultivar la paciencia, tal vez sería bueno empezar cuestionándonos nuestra manera de abordar el tiempo y nuestras creencias de lo que es útil o no.

¿Cómo sería si en vez de ver los tiempos de espera como un vacío, los convirtiéramos en fuente de riqueza?

En vez de poner nuestras vidas entre paréntesis durante la espera, en vez de hartarnos, maldecir, pensar en todo lo que podríamos estar haciendo y mirar el reloj…aprovecháramos los tiempos de la espera, de los viajes, los “tiempos muertos“ como una oportunidad para conocer y conversar con nuevas personas, para bajar el ritmo, para hacer ejercicios de respiración, para leer y reflexionar saboreando el detalle, para practicar la escucha activa, para disfrutar de la compañía de nuestro/a acompañante, para contemplar el paisaje…¿Acaso eso no es útil?

No es más que vivir todo lo que hacemos y encontrar interés a todos los instantes. De lo contrario es un tiempo definitivamente perdido.

¿Probamos?

Feliz semana.

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