El arte por el arte

“¿Por qué ir a museos nos hace bien? (Pourquoi aller au musée fait du bien ?)es el título de un podcast de la radio francesa France inter  que me llamó la atención la semana pasada. Tal vez porque aún tenía en la piel las sensaciones de las visitas al Museo de Bellas Artes y al Museo Guggenheim de Bilbao con mi amiga Isabel y sus hijas durante el puente del 1 de Noviembre, tal vez porque fue exactamente lo que comentamos al finalizar ambas visitas…el caso es que no pude resistirme a escucharlo.

Nos quedamos con algunas ideas debatidas en dicho programa radiofónico que queremos compartir:

“Ir a un museo puede ser una experiencia transformadora por los efectos terapéuticos que puede tener. El encuentro con el arte puede propiciar un encuentro con uno/a mismo/a, algo así como un viaje entre el mundo y uno/a mismo/a.

Los museos son lugares a los que todo el mundo puede acudir, lugares de encuentro, de transmisión y de calma.

En los museos la relación con el tiempo y la noción de tiempo es particular: por un lado tenemos el tiempo de la obra (Antigüedad, Renacimiento etc.) y por otro lado está el tiempo de contemplación que nos damos Y somos nosotros/as mismos/as quienes decidimos la duración del tiempo de observación (algo no tan habitual en estas vidas aceleradas que vivimos donde las agendas mandan).

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En los museos nos autorizamos a sumergirnos en nuestras emociones, a apreciarlas plenamente. Hablamos de la arte-terapia porque el arte puede consolarnos, estimularnos, aburrirnos, darnos asco, darnos esperanza, provocarnos emociones tan intensas hasta hacernos enfermar (el famoso síndrome de Stendhal)…esta conexión directa con nuestras emociones también nos puede suceder contemplando la Naturaleza.

En definitiva, la contemplación de una obra de arte nos permite acceder a nosotros/as mismos/as, es como un diálogo entre lo que el/la artista propone y lo que ello evoca en nosotros/as. Un diálogo sin obstáculos ni impedimentos. Podemos incluso sentir cierta fraternidad con el/la artista al sentir parte de su intimidad, al conocer las razones detrás de su obra etc.

La belleza, las emociones que las obras nos suscitan, compartir la humanidad común con el artista, la calma del lugar…nos llevan a la reflexión, a la introspección, facilitan la apertura de mente”

El Arte como vía de autoconocimiento y también como palanca de transformación social. Como el movimiento Fair Saturday que también se celebra en Bilbao (un movimiento social de carácter cultural y vocación global que se celebra el último sábado de noviembre. Se basa en la organización abierta y participativa de actividades artísticas y culturales apoyando a proyectos sociales).

Aprovechemos pues el poder del arte, de la belleza, de la naturaleza también en los lugares de trabajo. Cuidemos la disposición y estética de las salas de reunión, de las oficinas, de las plantas de producción incluso. Hagámoslas más agradables, más amables, ya que no hay duda de que ello tendrá efectos positivos en las personas.

Feliz semana

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¿Quieres ir rápido o quieres llegar lejos?

Si quieres ir rápido camina solo, si quieres llegar lejos ve acompañado (Proverbio africano)

“Total…ya lo hago yo, que así va más rápido. Es que pierdo menos tiempo haciéndolo yo que explicándolo y enseñándolo para que quede como quiero”

“¿Entre cuántas personas definisteis la Misión y Visión de esta empresa?”

“Lo pensó el gerente, después lo presentó al Equipo de Dirección y lo publicamos en la web.”

¿Cuántas veces hacemos las cosas nosotros/as mismos/as por avanzar más rápido?

Y aunque sea con la mejor de las intenciones, puede que ese tiempo supuestamente “ahorrado” lo tengamos que “perder” después (y ¡mucho! en ciertos casos), intentando convencer, motivar, seducir a las personas para ir en una misma dirección, conseguir objetivos comunes o hacer que las cosas avancen.

No podemos esperar de nuestros hijos/as, parejas, amigos/as etc. que se comprometan y/ o esfuercen en hacer ciertas cosas si no ven el interés o una buena razón para hacerlo (especialmente si sólo queremos que se hagan “a nuestra manera” y rápido).

Como tampoco nadie persigue un sueño ajeno. Por eso, no podemos pretender que las personas de una organización se adhieran automáticamente y con la mejor de su voluntad a una visión de empresa soñada sólo por unas pocas personas.

La semana pasada tuvimos el gusto de facilitar un proceso de participación con la plantilla de una empresa cliente. Espacios de diálogo y escucha, donde todas las personas de la organización podían aportar sus opiniones e ideas para construir conjuntamente la cultura (los valores, prácticas, estilo de relaciones, de liderazgo) que desean para su empresa alineándola con la estrategia.

Se abrieron varias sesiones en diferentes horarios a lo largo de la semana, noche y fin de semana incluidos para que todas las personas trabajadoras que así lo deseasen pudieran participar sin que su turno de trabajo supusiese un impedimento para ello.

Los procesos de participación son una apuesta e inversión clara en las personas y en los valores por parte de las organizaciones, ya que iniciativas de este tipo (anuales, en el caso de nuestra empresa cliente) requieren de tiempo y recursos, entre otras cosas porque la producción se deja de hacer mientras las personas participan en las sesiones.

Pero el resultado obtenido es tan positivo que puede ser un impulsor para “ahorrar” tiempo y energía después. El hecho de sentirnos escuchados/as y valorados/as, de compartir diálogo, juegos, emociones y debate con personas de nuestra organización con las que no trabajamos en el día a día, el cambiar de espacio y de tareas, el relacionarnos de otra manera (mirarnos como personas y no sólo como profesionales compañeros/as de trabajo) y el construir conjuntamente, contribuye a que el grado de adhesión y de compromiso con lo decidido o elaborado, así como el sentido de pertenencia, sea mayor que si lo hubiese hecho una sola persona por ir más rápido.

Captura de pantalla 2018-10-29 a las 20.16.52“Las personas necesitamos una buena razón para todo. Hacer las cosas porque sí, no sólo no nos motiva sino que normalmente nos exaspera. Necesitamos razones para trabajar, razones para amar y razones para vivir (…) una de las principales tareas de los líderes de equipos es la de favorecer esa conexión entre las aspiraciones individuales y la misión del equipo, entre la razón de ser del individuo y la razón de ser del equipo” (“Remando juntos” de Germán Nicolás)

¿Y qué tal si hacemos más “procesos de participación” también en nuestras familias, parejas o grupos de amigos? Sin duda, llegaremos más lejos construyendo juntos/as…aunque tardemos un poco más.

Feliz semana.

(Foto: John Warburton-Lee)

El peligro de la historia única

Lo bonito de lo sencillo es la profundidad que nos ofrece.

Y nos gusta comprobarlo al leer el manifiesto “El peligro de la historia única” de la escritora Nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (este libro es la transcripción de su primer discurso TED Talks con más de 4 millones de visualizaciones. Le siguieron otros TED Talks que hicieron aún más famosa a Chimamanda Ngozi Adichie como “Todos deberíamos ser feministas” .

Con su estilo de narrar sencillo, cercano, cálido y a la vez rotundo y profundo, esta mujer enamorada de las historias, tal como a ella le gusta definirse, hace una llamada a rechazar los relatos únicos que reducen a las personas y a las culturas.

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El relato único, afirma en su fabuloso discurso, crea estereotipos, y el problema con ellos no es que sean falsos, sino que son incompletos:

“Insistir solo en las historias negativas supone simplificar mi experiencia (como mujer Africana) y pasar por alto otras muchas historias que también me han formado (…). Convierten un relato en el único relato. Siempre he tenido la impresión de que es imposible conocer debidamente un lugar o a una persona sin conocer todas las historias de ese lugar o esa persona. La consecuencia del relato único es la siguiente: Priva a las personas de su dignidad. Nos dificulta reconocer nuestra común humanidad. Enfatiza en qué nos diferenciamos en lugar de en qué nos parecemos”.

En nuestro trabajo acompañando a equipos y personas, a menudo, facilitamos reflexiones alrededor de situaciones de conflicto, creencias limitantes sobre colaboradores/as, relatos parciales creados para explicar situaciones o conductas complejas etc. donde puede ser muy fácil, rápido y cómodo quedarnos con un relato único. Nuestro rol en estos procesos es el de alertar sobre su peligro.

Y más allá del plano profesional, lo podemos extrapolar a cualquier ámbito de nuestra vida.

Vale la pena hacer el esfuerzo de recabar más información, buscar diferentes perspectivas, desarrollar una mirada más sistémica sobre las situaciones, culturas y personas con las que nos interrelacionamos. Construyamos historias más completas que, en vez de separar, sirvan para unir, para humanizar, para entender(nos) mejor, para posibilitar.

Feliz semana.

Rien ne va plus

De piedra…así nos hemos quedado.

“Los empleados franceses están entre los menos comprometidos de Europa en el trabajo” según el último estudio del Instituto americano Gallup, que arroja cifras escalofriantes como:

Sólo el 6% de los empelados franceses encuestados entre Febrero y Marzo del 2018 dicen estar comprometidos con su trabajo (entendiendo comprometidos, según la definición de Gallup, por implicados con las tareas/proyectos que realizan y sintiendo entusiasmo respecto a sus misiones profesionales). Triste posición que comparten además con España en el ranking de Compromiso de los empleados en países occidentales (seguidos por Italia con el 5%). Y no es que la media Europea con un 10%, sea más optimista – lejos del 33% de empleados americanos que se definen como muy implicados.

¿Cómo se explica esto?

Son varios los factores que en el artículo se presentan y que influyen directamente en las condiciones y en la calidad de vida en el trabajo:

Falta de reconocimiento, de escucha, de formación, de apoyo por parte de los superiores, intensificación del ritmo de trabajo, degradación de las condiciones, medios limitados, culturas y estilos de gestión demasiado rígidos etc.

Históricamente Francia ha tenido un diálogo social muy conflictivo, prácticas de RRHH jerárquicas, un reclutamiento de mandos superiores/directivos por sus competencias técnicas más que por las relacionales… algo que, creemos, podríamos extrapolar a otros países latinos también.

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Las nociones de compromiso y de auto-superación, dice el estudio, son más anglosajonas. En EEUU y Canadá, los asalariados tienen menos expectativas vis a vis de sus empleadores. El trabajo es percibido más como una actividad de desarrollo y satisfacción, a diferencia de países como Francia o España donde está más asociado a una obligación y fuente de ingresos.

Este nivel de insatisfacción influye en el crecimiento del consumo de fármacos para poder seguir el ritmo, aliviar el sufrimiento etc.

El artículo termina calculando el coste que la rotación, absentismo, accidentes de trabajo, bajas etc. supone para Francia este año (97000 millones de €), proponiendo algunas buenas prácticas que las empresas no deberían subestimar como por ejemplo el coaching al más alto nivel y el fomento de la autonomía y asunción de responsabilidad de las personas y equipos.

En definitivas cuentas, no nos podemos permitir tanta insatisfacción e infelicidad en el trabajo. No sólo por el coste económico tan elevado que representa para países y empresas, sino también porque al descuidar las necesidades de las personas (de supervivencia, de pertenencia, de autoestima y de un propósito superior o transcendencia) estamos contribuyendo a enfermar nuestra sociedad, comprometiendo nuestro futuro.

Por eso, ¡sí!, creemos profundamente y seguiremos en nuestro empeño de trabajar la conciliación de la vida laboral y familiar, el coaching individual y de equipos, la escucha y conversaciones respetuosas y posibilitadoras, la formación, el liderazgo basado en valores, esto es, culturas y modelos de relaciones sanos en las organizaciones como palancas de transformación para la Sociedad.

Estamos en un cambio de época y no hay más que escuchar lo que las nuevas generaciones esperan para su vida laboral: “Yo quiero ser feliz en el trabajo” (respuesta real de un candidato en su proceso de reclutamiento).

¡Tenemos un reto apasionante por delante!

Feliz semana.

Foto: By Ryan McGuire

Nunca es tarde

Imagínate que estás solo/a en el extranjero y entablas una conversación agradable con una persona desconocida que no tiene nada que ver con tu entorno, ni te va a juzgar.

¿Qué le contarías sobre ti? ¿Cómo contarías la película de tu vida hasta hoy?

Puede ser una comedia, un thriller, una historia de amor, de superación, un drama…

Somos nosotros/as, conscientemente o no, quienes decidimos el género de nuestra película, de la historia que (nos) contamos sobre nuestra vida, nuestras relaciones, nuestro trabajo, sobre nosotros/as mismos/as en definitiva.

La manera en que percibimos e interpretamos nuestro entorno y relaciones nos lleva a estar en el mundo, a contarlo, de una manera concreta. El lenguaje no sólo describe la realidad sino que por medio de él generamos nuestra realidad.

Cuando contamos nuestra historia sobre el pasado o sobre el futuro, mostramos nuestras creencias, nuestros valores, nuestras virtudes. Y el modo de contarlo nos conecta con ciertas emociones que pueden empoderarnos o limitarnos.

Revisar nuestro relato(s) (lo que significa cuestionar nuestro sistema de creencias) y hacernos cargo de las emociones con las que nos conecta y de las posibilidades que éstas nos abren o cierran, puede ser el primer paso para escribir, para contar nuestra historia de la manera que conscientemente elijamos y así transformar el mundo que habitamos.

El título del libro del psiquiatra y psicoterapeuta finlandés Ben Furman  Nunca es tarde para tener una infancia feliz” (“Es ist nie zu spät, eine glückliche Kindheit zu haben”), nos encanta no sólo por ser ingenioso y gracioso, sino por el mensaje de esperanza que expresa: nunca es tarde para hacer otra lectura de nuestra vida y convertirla en paz y fortaleza. Está en nuestras manos.

Nos parece que el Coaching Ontológico (proceso de aprendizaje transformacional que cuestiona los modos de percibir e interpretar el mundo y a operar con mayor protagonismo y proactividad) y el Storytelling (el arte de contar una historia de tal forma que crea significado personal y una emoción positiva que inspira a la gente a tomar una acción) pueden ser útiles para evaluar las circunstancias de nuestra vida de una forma que nos ayude a aprender y a tomar decisiones que estén a nuestro servicio. A narrar un relato que empodere.

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Y aunque ya lo hayamos recomendado en alguna otra ocasión, siempre es placentero volver a echar una ojeada al libro “The Story Factor-Inspiration, Influence, and Persuasion through the Art of Storytelling” de Annette Simmons.

Feliz semana

Con otros ojos…

De vuelta ya tras unas semanas de ocio y descanso, andaba pensando estos días que además de tomar distancia respecto a nuestra cotidianidad, las vacaciones también sirven para mirar desde otro ángulo el lugar donde vivimos todo el año.

“Al final lo que tenemos en casa es lo que menos conocemos”…

“La gente de fuera visita más museos y organiza más planes interesantes en nuestro entorno que los que vivimos aquí”…

Queriendo pues mirar lo conocido más de fuera, más de turista, la semana pasada participé en la excursión Flysch at night – un safari intermareal nocturno” en el Flysch de Zumaia. ¡Un super plan que os recomendamos probar!

Conozco muy bien este lugar desde mi infancia, pero la fauna y sonidos particulares de la naturaleza por la noche y las interesantes y apasionadas explicaciones del guía, hicieron que se revelase ante nosotros/as una nueva versión del Flysch: un universo que aunque nos pareciera nuevo, siempre ha estado y está ahí.

Ahora que empezamos el nuevo curso, ahora que iniciamos poco a poco la transición del modo “verano”- orientados/as al exterior y al esparcimiento- al modo “otoño”- recogimiento-, puede ser un buen momento para hacer un ejercicio consciente de tratar de ver lo que no vemos a primera vista en nuestra cotidianidad, en nuestra rutina, en nosotros/as mismos/as…y reconocerlo para convertirlo en fortaleza.

Precisamente, como la reflexión que provocó en un amigo la foto que inocentemente tomó a un espejo de decoración Tailandesa y que mirándolo con más atención y profundidad descubrió en él la figura de un anciano monje budista. Bonita metáfora de que las respuestas a nuestras preguntas, dudas, temores… están en el fondo de nosotros mismos/as, aunque nos parezcan escondidas. No hay más que reforzar la calidad de nuestra atención para ver lo que no se ve.

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Y con este post ¡volvemos a las andadas con el nuevo curso!

Feliz semana

¡Redondo y rotundo!

100…ni más ni menos…

100 posts que nos han permitido seguir “cerrando círculos” desde aquel 01 de Abril del 2014 (“Y de repente…el círculo se cierra”) donde dimos por inaugurado este espacio virtual sin ninguna pretensión más que la de compartir, divertirnos y disfrutar contando. Posts en los que, a partir de episodios que vivimos u observamos, compartimos las reflexiones que éstos nos provocan….desde hace más de 4 años cada 15 días.

Y cómo no, 100 es una cifra que pide celebrarla con todos vosotros/as, que sois quienes dais sentido a este blog y que con vuestros comentarios, ya sean virtuales o en persona – “Que sepáis que soy lector/a de vuestros posts”-, nos animáis a continuar relatando lo que vemos desde nuestras “gafas”.

Muchas gracias, Mila esker, Merci beaucoup, Danke schön, Thank you!

Porque gracias al compromiso que hemos adquirido con este espacio, tenemos las antenas más desplegadas y miramos con una mayor conciencia lo que sucede a nuestro alrededor para “hilarlo” con nuestro trabajo, con otras ideas, con imágenes y con un título. Nos exige ponernos en la piel de “ustedes”, pensar cómo lo relataríamos a una persona que tiene escasos 3 minutos de atención, preguntarnos si a nosotras nos gustaría que nos lo contasen, aplicarnos en la manera de escribirlo para que resulte ameno…en definitiva, nos exige mantener nuestros sentidos en forma. Y eso nos aporta, aprendemos, nos hace sentir vivas.

Hace 4 años, el pudor nos frenaba y temíamos que este ejercicio pudiera acabar resultando una carga de trabajo. ¿Quién nos iba a decir que “Los Episodios Equilia” nos iban a aportar tanto?

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Así que éste es un post de celebración: ¡Hoy brindamos por el post número 100, por todos/as vosotros/as y por las merecidas vacaciones de verano que iniciamos! ¡Chín-chín!

Nos tomamos unas semanas de descanso para recargar pilas y volver con más historias que contar a finales de Agosto. Hasta entonces, os deseamos ¡UNAS FELICES VACACIONES DE VERANO!

Y para quienes todavía no habéis comenzado a hacer el equipaje… aquí os dejamos “Los 25 libros más recomendables para meter en la maleta este verano” (https://www.trendencias.com/libros-y-literatura/25-libros-recomendables-para-meter-maleta-este-verano)

Aprendiendo a nadar con la marea

Recuerdo, mientras viajo en tren, a aquel compañero de trabajo que me contaba que su hija pequeña no le saludaba hasta que se quitara el traje al llegar a casa: Traje à “mi padre está trabajando”à “mi padre no está en disposición de ESTAR realmente conmigo”à”¿para qué hacerle caso?”

 Llevaba muy mal aquellos “desprecios” de su hija hasta que decidió convertir el obstáculo en recurso, nadar con la marea y no en su contra. Hizo del momento de quitarse el traje un ritual para ir desactivando poco a poco el “chip trabajo” y adentrarse en una disposición interior de “familia”.

Durante el mes de Julio trato de escaparme los fines de semana al precioso pueblo costero donde siempre he veraneado, Zumaia. Me gusta viajar ahí en tren aunque tarde más en llegar. El placentero tracatrá del tren (¡como dice la canción!), observar paisajes que no siempre se ven desde la carretera, leer sin marearme…para mí son sinónimos de vacaciones y me doy cuenta de que, al igual que a mi compañero de trabajo, el viaje en tren se ha convertido en una estupenda transición del modo Ciudad- trabajo-estrés a Mar-playa-familia-relajación.

En estos tiempos de hiperconectividad e inmediatez resulta muy útil desarrollar la capacidad de estar presente, con toda nuestra atención, en cada momento, tarea y personas con las que nos interrelacionamos, sin dispersarnos, sin pretender llegar a todo a la vez… y pareciera que no es algo tan sencillo.

Captura de pantalla 2018-07-16 a las 20.11.30Técnicas de mindfulness, de yoga, hacer alguna actividad deportiva o artística… ayudan a hacer la transición del trabajo a la vida personal o familiar, pero además también podemos desarrollar pequeños y sencillos rituales diarios y/o símbolos para ello: quitarse el traje de trabajo o desmaquillarse al llegar a casa, escuchar o cantar una canción concreta, elegir caminos diferentes para ir al trabajo o a casa, respirar de manera consciente varias veces en el ascensor …cada persona puede inventarse el suyo, es cuestión de creatividad, de mirar la rutina con gafas diferentes.

El poder de los rituales, del lenguaje visual y metafórico es inmenso ya que con una sola palabra, imagen, gesto, olor, sabor o sonido podemos activar el estado emocional y la disposición mental que necesitamos para dar una respuesta óptima a cada situación. Por eso, lo tenemos muy en cuenta en los procesos de coaching tanto individual como de equipos que facilitamos, al entender que pueden ser excelentes catalizadores de los recursos, del potencial de las personas y equipos.

Os recomendamos el libro “Poder sin límites” de Anthony Robbins donde encontraréis varias técnicas y ejercicios de Programación Neurolingüística (PNL) que os pueden ayudar a ello.

Feliz semana veraniega

Dime lo que observas y te diré quién eres

“¡Eso es así! Que te digo yo que es así”

“¿Cuánto te apuestas que es así?”

“No tienes ni idea, creo que no te enteras…”

Son frases que empleamos y que en ocasiones se convierten en batallas dialécticas por tener la razón. Lo que observamos nos parece tan claro, tan evidente, que pensamos que la opinión que nos hemos hecho al respecto es la realidad. ¡ES ASÍ! Y nos da rabia que la otra persona no lo vea igual.

Distinguir lo que son los hechos y lo que son nuestras opiniones (o llamémoslo juicios o creencias) al respecto puede ser difícil. Precisamente sobre ello reflexionamos estas últimas semanas con el profesorado de un centro de formación profesional: cómo emplear hechos y juicios de manera que nuestra comunicación en el equipo sea fluida, para tomar decisiones eficaces y cuidar al mismo tiempo nuestras relaciones. Y no sólo en su propio equipo ya que las profesoras y profesores son la correa de transmisión y ejemplo para aulas enteras de jóvenes. En el caso de este centro ya trabajan con el modelo ETHAZI (aprendizaje colaborativo basado en retos) y las competencias de comunicación son clave para ello.

No por saber hablar sabemos comunicarnos, como no por respirar desde que nacemos sabemos hacerlo apropiadamente al practicar un deporte por ejemplo.

En cualquier oficio, sector, nivel jerárquico o edad cuando aprendemos y entrenamos a comunicarnos de forma productiva conseguimos mejorar nuestras relaciones y nos llevan a mejores resultados en lo que emprendemos. Nuestras relaciones están en gran medida condicionadas por cómo nos comunicamos con las personas. Si en este momento hay alguna persona con la que te cueste relacionarte, piensa qué tipo de conversaciones estás teniendo o no estás teniendo con ella.

Evaluamos y juzgamos constantemente el mundo que nos rodea (situaciones, personas…). Y lo hacemos desde nuestras “gafas”, desde nuestras creencias, en definitiva, desde nuestro modelo mental.

 

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“Ver no es creer ¡creer es ver! No vemos las cosas como son, sino como somos”

(Eric Butterworth)

¡Ojo! Nuestros juicios y opiniones son necesarios para poder tomar decisiones en el día a día (“esto tiene buena pinta”, “esto es peligroso, qué miedo me da”, “esto está rico”, etc.). Sin embargo, tendemos a creer que nuestras opiniones sobre el mundo son hechos y que nuestra manera de ver las cosas es la única verdad posible.

En resumen, saber escuchar, evaluar y expresar las opiniones de forma productiva es una competencia clave para una buena comunicación y relación. Por ello, tengamos muy presente:

  • Ser conscientes de que nuestra opinión no es una verdad absoluta.
  • Ver más allá de las “etiquetas” que ponemos a las otras personas (“éste es listo, ésta es tonta, ésta me cae bien, éste me cae mal, creo que esta persona no me aprecia…”).
  • Indagar cómo la otra persona ha llegado a su opinión.
  • Exponer cómo he llegado yo a mi opinión.
  • Ser conscientes de que a veces “tener razón” sólo nos sirve para “alimentar nuestro ego” (“yo gano, tú pierdes”, “¿¡ves!? Yo tenía razón!”)

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Y para terminar, os recomendamos el libro de nuestro querido colega de profesión Enrique Sacanell: “¿Cómo se lo digo?” (Editorial Libros de Cabecera).

Feliz semana.

¿Así te imaginabas de mayor?

¡Un verdadero baño de rejuvenecimiento!

Eso es lo que sentimos cuando vamos a facilitar sesiones de trabajo a los centros de formación o a los Consejos de la Infancia con los que colaboramos.

¡Absorber toda esa energía vital desbordante de los niños/as y adolescentes!

Es un “chute” de risa floja, liviandad, algarabía, espontaneidad, juego…

Todos esas características que asociamos a la “chavalería” y que sin embargo también están en nosotros/as, adultos/as, aunque que habitualmente no les demos mucho permiso para expresarse plenamente o espacio para salir con libertad: “somos profesionales, por favor”, “No es serio”, “¿Qué pensarán?”…

Según avanzamos en edad, vamos incorporando capas o corazas, como una cebolla, cargamos con el juicio ajeno… lo que a veces provoca que nos alejemos de manera sutil de nuestra esencia, de lo que realmente somos, queremos, deseamos, soñamos. Todo eso que en la infancia está tan despierto, se adormece y muchas veces vuelve a despertar en la vejez (¡qué sabia es la vida!), como si se tratara de una segunda infancia. No hay más que ver a abuelos/as jugando con sus nietos/as como los/las que más!, cantando o bailando sin complejos, atreviéndose a hacer cosas que ni podían haber imaginado años antes…

Nos parece un ejercicio muy sano y recomendable el paramos y darnos el permiso de quitarnos “el traje de adulto/as”, de poner en pausa todas nuestras cargas, responsabilidades, y conectar con el niño/a que fuimos para mantener una conversación amable con él/ella. Puede que nos recuerde cosas que tal vez habíamos olvidado o que nos dé una nueva perspectiva más sencilla, liviana y tal vez amorosa de nuestra vida.

Para dicha conversación, os proponemos algunas preguntas a las que podéis responder por escrito, dibujando, bailando….de la manera que más os apetezca u os nazca. Dejarle a vuestro niño/a elegir 😉

Este ejercicio se llama Visionboard:

  • ¿Cuáles eran tus sueños de niño/a?
  • ¿Qué soñabas hacer? Y ¿qué te permitía conseguir eso?
  • ¿Qué te gustaba? ¿Con qué disfrutabas?
  • ¿Qué personaje y héroes admirabas? y ¿por qué?

 Hoy en día,

  •  ¿Qué personajes admiras?
  • ¿Qué personas tienen una influencia positiva en tu vida?
  • ¿Cuáles son tus valores más importantes?
  • Si tuvieras una barita mágica, ¿qué vida soñarías tener?

Y si os venís arriba, tal vez incluso podáis llegar a hacer algo como lo de este video…

¡Que os divirtáis!

Feliz semana