¡Salta conmigo!

En la actualidad tenemos la fortuna de estar trabajando con varios equipos de distintas organizaciones (sectores, niveles jerárquicos e incluso países diferentes), lo cual está siendo sumamente enriquecedor.

Se trata de equipos que se encuentran en fases diferentes de desarrollo pero en algún momento u otro, los miembros de cada uno de estos equipos se han tenido que hacer la pregunta clave para dar el salto cualitativo que representa pasar de funcionar como un grupo, a funcionar como un equipo:

¿Cuál es mi grado de compromiso para con mi equipo y para con el proceso de desarrollo que hemos iniciado juntos/as?

O dicho de otra manera:

¿A qué estoy jugando realmente en este equipo/ proceso? ¿Estoy jugando a ganar?, ¿Estoy jugando tal vez a mantener?, ¿Juego a perder? o acaso ¿Juego a no jugar?

La cuestión es que llega un momento en que si realmente queremos conseguir resultados de rendimiento significativos, convertirnos en un equipo cohesionado y hacer que el trabajo colectivo sea satisfactorio, las medias tintas no valen.

No vale tocar todos los días el agua de la piscina con la punta del pie y decidir, según su temperatura y mi ánimo, si ese día salto al agua.

Se necesita una decisión y declaración, individual y colectiva, consciente:

  • Quiero jugar a ganar con estas personas que componemos el equipo.
  • Tomo el riesgo y me lanzo a la piscina confiando que haya agua.
  • Pongo toda mi energía, buena voluntad, tiempo, disposición y recursos personales en este proceso de desarrollo con mi equipo.

Cuando todos los miembros de un equipo deciden conscientemente que es su responsabilidad hacer que el trabajo colectivo sea una experiencia satisfactoria y el alcanzar resultados con un impacto importante para la organización (exigencia individual y mutua), se produce un cambio casi mágico. El salto es exponencial.

El rendimiento del equipo es exponencialmente superior a la suma de los rendimientos individuales de las personas de un grupo.

A menudo, cuando la experiencia del trabajo en equipo es negativa, solemos culpar al líder como si él/ella fuera el/la único/a responsable. Pero la realidad es que todos/as tenemos parte de responsabilidad ya que la esencia del trabajo en equipo es la responsabilidad compartida, el compromiso compartido.

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Algunas personas no consiguen nunca tomar esa decisión (no consiguen creer; confiar al fin y al cabo), y ello se refleja en los resultados y en la calidad, más bien mediocre, de las relaciones y conversaciones de sus equipos. Sin embargo, si las personas deciden poner toda la carne en el asador (a todos los niveles), los resultados y la calidad de las relaciones/conversaciones que solemos presenciar en las sesiones de trabajo con dichos equipos son excepcionales. Es un verdadero lujo trabajar con ellos.

“Nos lo hemos creído. Y ahora somos un equipo” fue lo que uno de los miembros de un equipo respondió cuando les pedimos que echasen la vista atrás y resumiesen el proceso de desarrollo como equipo que han recorrido en estos últimos dos años.

Podríamos extrapolar perfectamente esto que acabamos de comentar sobre los equipos en el trabajo, a los equipos de los que también formamos parte en nuestras vidas privadas:

¿A qué juegas tú con tu familia, en tu relación de pareja, con tus amigos/as, en las actividades/ proyectos privados que emprendes? ¿Cuál es tu grado de compromiso? ¿Cuánto te lo crees?

Somos nosotros/as mismos/as los/las que con nuestra manera de ver la realidad, nuestros comportamientos y las decisiones/compromisos que tomamos quienes determinamos la calidad de nuestras relaciones y los resultados que obtenemos.

 Feliz fin de semana

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Confiar o no confiar – esa es la pregunta

Últimamente ha surgido el concepto de confianza en varias de nuestras formaciones al reflexionar sobre las condiciones necesarias para que el trabajo del equipo resulte eficaz y satisfactorio:

  • “Una vez que pierdo la confianza en una persona…ya no vuelvo a confiar”
  • “¿Y qué pasa si esa persona es tu hijo/a? ¿nunca más vuelves a confiar en él/ella?”
  • “Eso no es lo mismo”
  • “¿Por qué no?”

“Piensa mal y acertarás” (desconfía y acertarás),

“Se piensa el ladrón que todos son de su misma condición”,

“Se tienen que ganar mi confianza”.

Escuchamos frases como éstas en los debates y si nos fijamos en ellas, pareciera que la confianza es algo que no depende de nosotros/as, como si fuera algo externo.

La buena noticia es que la confianza no es algo externo que no controlamos, sino que está en nuestras manos. Sí…puede sorprender en un primer momento pero el confiar o no confiar ante cada situación es una decisión personal y consciente

La confianza es un juicio (mi opinión/emoción respecto a una situación o persona) que me predispone para ciertas acciones y no para otras.

Si decido confiar en mí misma/o, en que todo va a salir bien, en que encontraré el modo, en que la otra persona responderá positivamente…mi manera de actuar y de conversar será más abierta, más creativa, más generadora en definitiva.

Sin embargo, como decida no confiar en la persona a la que he delegado la tarea, o en los miembros de mi equipo, en mi pareja, en ese proyecto que voy a emprender, en la vida en general… mi forma de actuar y de conversar será más suspicaz, temerosa, intentaré controlarlo todo y no dejaré margen de acción.

En resumen, si pienso que la gente no es fiable, el mundo acabará reflejándome lo que yo emito a través de mis comportamientos desconfiados. Esto es, la profecía que se auto-cumple. Confiar o no confiar …es un boomerang.

“Generalmente nos ganamos la confianza de aquellos en quienes ponemos la nuestra”

(Tito Livio)

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La confianza, a su vez, se alimenta de 3 juicios. O dicho de otra manera, la confianza es como una silla que se apoya en 3 patas:

  1. La Coherencia (Sinceridad): siento que la persona que tengo en frente es coherente entre lo que piensa, dice y hace.
  2. La Competencia: siento que la persona que tengo delante tiene las competencias necesarias para hacer la tarea que le he pedido o lo que necesito.
  3. La Confiabilidad (el histórico/trayectoria): siento que la persona que tengo delante no me ha fallado en el histórico de nuestra relación.

 

Si una de las patas está coja, toda la silla se ve afectada ¿verdad?

Por eso, cuando tu confianza en una persona o la confianza de otra persona en ti se ve quebrada, puedes analizar cuál de estas (o varias) patas está dañada en vez de decidir desconfiar de manera general. Esto te puede ayudar a revisar tu juicio para reconstruir la relación.

No estamos diciendo que sea fácil ¡ojo! …requiere un esfuerzo consciente: expresar sinceramente lo que necesitamos en cada momento, ser generosos/as, dialogar… Tenemos que querer mejorar realmente la relación o la situación para hacer ese esfuerzo.

También requiere tomar conciencia de que no es “un regalo” que hacemos a la otra persona volviendo a confiar en ella, sino que se trata de un beneficio mutuo.

Elegir no confiar es una decisión legítima, claro, pero seamos conscientes de que en la vida y sobre todo en el trabajo, nos toca relacionarnos con un montón de personas que no siempre elegimos, y la calidad de esas relaciones dependerá en gran parte de nuestra decisión. La confianza es la base de una buena relación y de una comunicación eficaz. Sin confianza no hay relación y si lo llevamos al equipo, sin relación no hay equipo de trabajo.

La confianza se puede alimentar, construir y reconstruir de forma voluntaria cuando se quiebra. Tú decides…¿confías o no confías?

Os dejamos con este precioso vídeo sobre la confianza.

https://www.youtube.com/watch?v=78hpiqFuZz8

 

Feliz fin de semana.

Oda a la amabilidad

“Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento” (Viktor Frankl)

Estas vacaciones de Semana Santa he estado en París, ciudad a la que voy a menudo a visitar a muy buenos amigos/as y también por trabajo. En esta ocasión he sentido un ambiente diferente en la ciudad, especialmente en el metro…un ambiente cargado, de tensión y de cierto miedo. No es de extrañar, podríamos pensar, después de los atentados del pasado Noviembre y de los atentados de Bruselas que coincidieron esa misma semana.

En uno de los trayectos que realicé en metro, interrumpieron el tráfico por haber encontrado un bulto sospechoso en una de las estaciones y nos anunciaron que, mientras la policía se ocupaba de ello, debíamos bajarnos en la siguiente estación. Después de un largo rato parados en medio de las vías y cuando se empezaba a palpar cierta tensión, la mujer sentada a mi lado empezó a informarnos amablemente, con una sonrisa, sobre las noticias que a través de una aplicación de su teléfono móvil iba consiguiendo. Poco a poco las personas de nuestro alrededor entablamos una conversación que nos hizo sonreír, reír incluso en ocasiones…a tal punto que al bajarnos del metro nos fuimos saludando unos a otros.

He pensado mucho estos días sobre el poder cohesionador que tuvo la amabilidad de aquella mujer y he querido escribir esta pequeña oda. Una reivindicación a ejercer la amabilidad consciente como filosofía de vida. La amabilidad, al igual que la confianza, es una decisión, una actitud en la vida.

Aprender a ser amable no esconde secretos mágicos ni complicados. Requiere simplemente prestar una mayor atención a las cosas que hacemos y decimos en el trato con los demás. Se trata de un ejercicio consciente diario.

Las circunstancias no se pueden cambiar pero sí la actitud con la que nos enfrentamos a ellas. Siempre tenemos la libertad de decidir nuestra actitud (aunque a veces nos resulte difícil verlo).

La amabilidad consciente nos hace más fuertes y más libres frente a nuestras circunstancias. Algo se transforma en nosotros/as cuando la ejercemos. Nos ayuda a sentir satisfacción y certeza de que vamos por un buen camino, de que contribuimos a hacer cosas positivas para la sociedad, que buena falta le hace en estos momentos.

“Everyone you meet is fighting a battle you know nothing about. Be kind. Always” (Toda persona está luchando una batalla de la que no sabes nada. Sé amable, siempre)

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¿Conoces el poder de la amabilidad? Practícalo y verás.

Feliz fin de semana.

Creer para ver

¿Cuántas veces hemos oído o empleado la frase “yo como decía Santo Tomás…Ver para creer”?

Cantidad ¿verdad?

Necesitamos buscar explicaciones lógicas, datos evidentes, que expliquen lo que sucede a nuestro alrededor para sentirnos seguros/as.

Pero entonces, ¿cómo hacemos cuando nos enfrentamos a algo totalmente nuevo? ¿diferente de lo que hasta ahora hemos venido haciendo?

Sin título

La semana pasada tuvimos la fortuna de compartir reflexiones e interesantísimos debates con Adolfo Jarrín y participantes de varias organizaciones punteras vascas alrededor, entre otras cosas, de la necesidad de revisar nuestros sistemas de creencias, tanto de las personas que lideran las organizaciones como del sistema humano que es la organización, si queremos llevar a cabo procesos de transformación cultural exitosos que den respuesta a las nuevas y crecientes necesidades a las que se enfrentan las organizaciones.

Nuestras creencias (potenciadoras como limitantes, conscientes como inconscientes) definen nuestra visión del mundo, nuestros deseos, miedos, expectativas y por lo tanto, nuestra conducta.

Podríamos afirmar, pues, que todo acontecimiento es neutro. Somos nosotros/as, a través de nuestro sistema de creencias, quienes le dotamos de un significado u otro.

Ahí entendemos que somos protagonistas de nuestro destino y no espectadores de consecuencias.

Entonces…la frase debería ser al revés: “Creer para ver” y no “Ver para creer”.

De hecho, ya hay trabajos de investigación de algunos científicos que van en esta línea. El biólogo celular estadounidense, Bruce Lipton, que en el 2006 causó un revuelo en el mundo científico tras su libro “La biología de las creencia”.

Bruce Lipton argumenta que los seres humanos no están determinados por sus genes como se creía, sino condicionados por el entorno y sobre todo por sus “creencias”, lo que los convertía en dueños de su destino:

 “Nos han hecho creer que el cuerpo es una máquina bioquímica controlada por genes sobre los que no podemos ejercer ninguna autoridad. Eso implica que somos víctimas de una situación. (…) Y un experimento que hice en esa época cambió la idea que tenía del mundo. Cogí tres grupos de células y las puse en tres placas, y cambié el medio de crecimiento y los componentes del medio ambiente en cada una de ellas. Luego verifiqué que en una de las placas se formó hueso, en otra músculo y, en otra, células liposas. ¿Qué fue lo que controló el destino de cada una de ellas si eran genéticamente idénticas? Eso demuestra que los genes no lo controlan todo, es el ambiente. El ser humano es el que controla, dependiendo de cómo lee el ambiente, de cómo su mente lo percibe. La conclusión es que no estamos limitados por nuestros genes, sino por nuestra percepción y nuestras creencias”.

Ya lo dijo Henry Ford… “Tanto si crees que puedes como si no, tienes razón”

Feliz fin de semana

Os dejamos este capítulo del programa “Redes” titulado “Creer para ver” por si tenéis tiempo este fin de semana:

https://www.youtube.com/watch?v=eabhBPr17Tk

Un paso para que pase… ¿te atreves?

Nuestras creencias basadas en los miedos del ego son implacables inventando excusas para no atrevernos: “¿Pero dónde vas? ¿No te das cuenta de que te va a salir mal y que vas a hacer el ridículo?”, “Si pregunto van a pensar que soy tonta”, “Ni se te ocurra, no eres capaz”, “Imposible, no tenemos suficiente dinero”, “No se lo voy a decir porque se lo va a tomar mal y va a dejar de quererme”, “Déjalo pasar ¿total? Es mejor que hacer frente a un conflicto”, “yo callado… no vaya a ser que no me acepten”…

¿Os imagináis si dijésemos en voz alta a otra persona esas cosas que en ocasiones nos decimos en nuestras conversaciones internas a nosotros/as mismos/as?, qué duro sonaría ¿no?. Haced la prueba.

Es cierto que en la zona de confort que cada uno/a hemos ido construyendo se está muy bien porque todo es conocido, está bajo control, nos sabemos más o menos las respuestas, supone tranquilidad…pero…NO PASA GRAN COSA.

Atreverse a salir de la zona de confort no sólo sirve para conseguir eso que nos gustaría alcanzar, sino que se trata de un ejercicio necesario para crecer personal y profesionalmente, es parte del proceso de evolución (sin ir al extremo donde damos el paso porque el sufrimiento que estamos viviendo es más grande que nuestras creencias limitantes o miedos).

¿Cómo hacer entonces para generar la suficiente energía para dar ese paso?

Aquí van tres propuestas sencillas que nos pueden ayudar a atrevernos:

– Si piensas “No lo hago por si sale mal”, cierra los ojos e imagínate e intenta sentir durante un minuto, cómo sería si saliese bien (puedes también jugar con tus sentidos: colores, olores, sabor… de esa situación positiva)

– La Pregunta Milagro de De Shazerdel enfoque centrado en soluciones. Es más que una pregunta, es un viaje en el que se lleva a la persona a la situación de solución como resultado de un milagro. Es una técnica de proyección al futuro. Lo interesante es que el milagro separa a la persona de la situación presente que ha descrito (con pegas, límites, excusas etc.) y la sitúa en un contexto de solución en el futuro. En ese viaje la persona puede empezar a visualizar posibles soluciones a su problema, se imagina dando pasos en esa dirección, pone el foco en la solución y no en la carencia y por lo tanto se genera un tipo de energía positiva, que nos potencia.

– La pregunta sobre el peor escenario: “¿Qué es lo peor que te puede pasar si te atreves a probar?” El visualizar el peor escenario, nos ayuda a hacerle frente y esto desactiva de cierta manera nuestros miedos, hace descender la tensión, lo que nos permite pensar en soluciones/respuestas. Comprobamos que esa película tan terrible que nos atormentaba o bien no es tan horrible como la habíamos imaginado, o si efectivamente lo es, al menos ya hemos pensado en cómo seguir adelante y cesará ese desasosiego provocado por la incertidumbre.

No lo retrases más…¡Atrévete a eso que hace tiempo te ronda en la cabeza!… te puedes llevar muchas sorpresas en el camino.

Para empezar le puedes echar un vistazo a este vídeo que se titula “Atrévete” (sólo dura 1 minuto y 26 segundos).

Feliz fin de semana

“Ojo por ojo y el mundo quedará ciego” (Ghandi)

Esta semana estuve comiendo con un amigo economista que hacía mucho no veía. Y después de ponernos al día sobre nuestras vidas respectivas, se nos ocurrió comentar la actualidad socio-económica de Europa…¡grave error!

Entre los datos económicos que mi amigo manejaba y los datos que nos contaron en el programa de televisión “Salvados” del domingo 15 de Marzo sobre el funcionamiento de la economía financiera (“No hay ética, esto va de dinero”) no sabíamos si echarnos a llorar, a reír o a beber… 

Una cosa llevó a la otra, así que acabamos hablando de valores, como no podía ser de otra manera, haciendo una especial pausa en dos valores: la Generosidad y el Perdón.

Dos valores que, en EQUILIA creemos, merecen un espacio de reflexión en los procesos de desarrollo de los equipos:

¿Qué creencias y comportamientos en relación a estos dos valores nos facilitan o dificultan nuestras relaciones y nuestro desempeño como equipo?

Respecto a la Generosidad, compartimos la reflexión que Silvia Guarnieri y Miriam Ortiz de Zarate hacen en su libro “No es lo mismo”: 

¿Generosidad es sólo dar?… ¿Qué tal si le damos una nueva dimensión y hablamos de la Generosidad para dar y también para recibir?

Tal vez esta óptica sobre la generosidad ayudaría a equilibrar algunas relaciones entre miembros de equipos o entre superiores y subordinados/as. A equilibrar la balanza al dejarse corresponder para que algunas relaciones no se vean distanciadas o dañadas: saber aceptar una oferta de ayuda, saber pedir ayuda y agradecerla, reconocer, felicitar el buen trabajo etc.

Respecto al Perdón, nos gusta especialmente la reflexión que Fredy Kaufman hace en su libro “Meta-managemenet”:

Todos/as hemos conocido equipos/organizaciones donde existen problemas de relación aparentemente irreparables, o conflictos del pasado que siguen flotando en el ambiente y que vuelven a salir cuando hablamos de cambios para el futuro… en estas situaciones las personas tenemos otra opción: el Perdón (sí, es cierto, fácil decirlo pero nada sencillo de hacerlo y, sin embargo, posible y muy poderoso).

A continuación, un extracto del libro de Fredy Kaufman donde desarrolla esta idea:

“Perdonar es la elección consciente de abandonar el resentimiento. Es la decisión de integrar el dolor del pasado como aprendizaje para el futuro. Es el compromiso de vivir 100% en el presente, con la mente y el corazón abiertos, libre de la inercia del enfado no procesado (…) cuando liberamos el pasado, también somos liberados por él (…)

  • El perdón es una decisión que permite ver más allá de los límites que nos plantea la personalidad del otro (y la propia).
  • El perdón es un proceso, no un hecho aislado.
  • El perdón es una práctica (…) como en cualquier otra práctica, el desarrollo de esta habilidad demanda disciplina, ejercicio, tiempo y diligencia.
  • El perdón es la aceptación incondicional del otro. Aceptar al otro, sin embargo, es diferente de convalidar su comportamiento. Perdonar no significa aprobar o condonar sus acciones dañinas.
  • El perdón es un compromiso con la responsabilidad y la libertad.

Si el perdón es tan creativo, liberador y sano, ¿Por qué es tan fácil y atractivo no perdonar? ¿Qué impide abrir el corazón y transcender el pasado? Para contestar a estas preguntas es necesario investigar los beneficios del resentimiento (…) una droga que provee gratificación inmediata aunque al mismo tiempo destruye toda posibilidad duradera de paz y felicidad”

Y con estas profundas reflexiones, os deseamos un feliz fin de semana.

Esta semana estuve comiendo con un amigo economista que hacía mucho no veía. Y después de ponernos al día sobre nuestras vidas respectivas, se nos ocurrió comentar la actualidad socio-económica de Europa…¡grave error!

Entre los datos económicos que mi amigo manejaba y los datos que nos contaron en el programa de televisión “Salvados” del domingo 15 de Marzo sobre el funcionamiento de la economía financiera (“No hay ética, esto va de dinero”) no sabíamos si echarnos a llorar, a reír o a beber… 

Una cosa llevó a la otra, así que acabamos hablando de valores, como no podía ser de otra manera, haciendo una especial pausa en dos valores: la Generosidad y el Perdón.

Dos valores que, en EQUILIA creemos, merecen un espacio de reflexión en los procesos de desarrollo de los equipos:

¿Qué creencias y comportamientos en relación a estos dos valores nos facilitan o dificultan nuestras relaciones y nuestro desempeño como equipo?

Respecto a la Generosidad, compartimos la reflexión que Silvia Guarnieri y Miriam Ortiz de Zarate hacen en su libro “No es lo mismo”: 

¿Generosidad es sólo dar?… ¿Qué tal si le damos una nueva dimensión y hablamos de la Generosidad para dar y también para recibir?

Tal vez esta óptica sobre la generosidad ayudaría a equilibrar algunas relaciones entre miembros de equipos o entre superiores y subordinados/as. A equilibrar la balanza al dejarse corresponder para que algunas relaciones no se vean distanciadas o dañadas: saber aceptar una oferta de ayuda, saber pedir ayuda y agradecerla, reconocer, felicitar el buen trabajo etc.

Respecto al Perdón, nos gusta especialmente la reflexión que Fredy Kaufman hace en su libro “Meta-managemenet”:

Todos/as hemos conocido equipos/organizaciones donde existen problemas de relación aparentemente irreparables, o conflictos del pasado que siguen flotando en el ambiente y que vuelven a salir cuando hablamos de cambios para el futuro… en estas situaciones las personas tenemos otra opción: el Perdón (sí, es cierto, fácil decirlo pero nada sencillo de hacerlo y, sin embargo, posible y muy poderoso).

A continuación, un extracto del libro de Fredy Kaufman donde desarrolla esta idea:

“Perdonar es la elección consciente de abandonar el resentimiento. Es la decisión de integrar el dolor del pasado como aprendizaje para el futuro. Es el compromiso de vivir 100% en el presente, con la mente y el corazón abiertos, libre de la inercia del enfado no procesado (…) cuando liberamos el pasado, también somos liberados por él (…)

  • El perdón es una decisión que permite ver más allá de los límites que nos plantea la personalidad del otro (y la propia).
  • El perdón es un proceso, no un hecho aislado.
  • El perdón es una práctica (…) como en cualquier otra práctica, el desarrollo de esta habilidad demanda disciplina, ejercicio, tiempo y diligencia.
  • El perdón es la aceptación incondicional del otro. Aceptar al otro, sin embargo, es diferente de convalidar su comportamiento. Perdonar no significa aprobar o condonar sus acciones dañinas.
  • El perdón es un compromiso con la responsabilidad y la libertad. 

Si el perdón es tan creativo, liberador y sano, ¿Por qué es tan fácil y atractivo no perdonar? ¿Qué impide abrir el corazón y transcender el pasado? Para contestar a estas preguntas es necesario investigar los beneficios del resentimiento (…) una droga que provee gratificación inmediata aunque al mismo tiempo destruye toda posibilidad duradera de paz y felicidad.

Y con estas profundas reflexiones, os deseamos un feliz fin de semana.

El poder de los rituales.

Hace algunas semanas una amiga me envió la siguiente viñeta a la que me quedé un buen rato mirando, lo primero porque me gustó mucho la estética y la historia narrada pero también porque me dio qué pensar sobre el poder de los rituales.

  • “Es posible soñar… Linda Anna”
  • “Con ambos pies sobre la tierra mi querida Clara”

la foto

Entendiendo ritual como una serie de acciones especiales que se repiten, diferentes de las ordinarias aun cuando se practican a diario, y realizadas principalmente por su valor simbólico. Y no como acciones de superstición (tal como me sugirió una persona al ver la misma viñeta).

En los procesos de acompañamiento tanto a equipos como a personas, procuramos desde el principio “anclar” a través de imágenes, palabras/frases y/o rituales, algunas creencias potenciadoras.

Por ejemplo:

• Antes de cada reunión de equipo, hacer una ronda de aterrizaje y preparación para la tarea que les espera-“Momento Calentamiento”: ¿Cómo vengo? ¿Hay algo que tengo que comunicar al equipo para que no interfiera en el buen funcionamiento de la reunión? Etc.

• Después de cada reunión, decirnos en primer lugar algo que hayamos hecho bien y comprometernos después con alguna acción de mejora para las siguientes reuniones- “Momento Vestuario después de partido”.

• Al terminar cada día pensar en lo que más nos ha gustado del día- “Momento celebración”.

• Elaborar un lema de equipo y tenerlo a la vista en el lugar de trabajo o pronunciarlo en los momentos de dificultad -“La fuerza de vida del equipo”.

• Tener alguna canción, poesía, frase…elegida por el equipo.

• Tener un pañuelo, corbata, bolígrafo etc. que concentre toda nuestra fuerza interna para negociaciones, reuniones delicadas etc.

• Que algún miembro del equipo pague el café después de cada reunión- “Momento de hacer equipo”.
Otro ejemplo, del mundo del deporte, es el famoso e impresionante “Haka” (con gestos y palabras simbólicas) del equipo de rugby neozelandés All Blacks que interpreta al comienzo de cada partido para reforzarse e intimidar al adversario:

El lenguaje metafórico puede ser muy poderoso en un equipo porque los miembros saben de qué hablan, está directamente conectado con un plano más profundo.

Los rituales contribuyen a reforzar alguna creencia, y si mantenemos esas pequeñas acciones especiales en el tiempo, podemos llegar a instaurar nuevos hábitos. Esta es, precisamente, una de las ideas que se describen el post de James Clear “5 Common Mistakes That Cause New Habits to Fail -and What to Do About Them” (“5 errores comunes que hacen que nuevos hábitos fallen -y qué hacer para que esto no suceda”):

“Los rituales son los que convierten comportamientos en hábitos. En palabras de Tony Schwartz, ‘Un ritual es un comportamiento muy preciso que haces en un momento específico de manera que se convierte en automático con el tiempo y ya no requiere mucha intención consciente o energía’.
Si quieres un nuevo hábito, debes enamorarte de un nuevo ritual”.

Y tú… ¿te has parado a pensar en los rituales que refuerzan tus creencias potenciadoras, tu potencial al fin y al cabo?

Con esta reflexión…¡os deseamos un feliz fin de semana!

Instrucciones de seguridad

Este año me ha pillado de sorpresa el Otoño. Creo que porque durante el espléndido mes de Septiembre que llega a su fin, el verano parecía ser interminable.

Tomé conciencia de la llegada de la nueva estación bañándome en el mar, el fin de semana pasado, al extrañarme de lo “fresquita” que estaba el agua en comparación con el fin de semana anterior. “Es que ya estamos entrando en otoño” comentaron dos amigas que nadaban cerca de mí.  “Claro…” –pensé sorprendida de repente.

22 de Septiembre: el Otoño está aquí.

Desde entonces, he estado pensando…¿Cuál es la función del Otoño?…prepararnos para el Invierno, entre otras.

Después de unos meses de Primavera- Verano donde nuestro foco suele estar sobre todo en el exterior, el Otoño puede facilitar una mirada hacia el interior: observarnos cómo estamos, con qué estamos a gusto (aspectos a cuidar), qué no nos gusta tanto (lastres a soltar, aspectos a seguir desarrollando o a empezar a trabajar), qué necesitamos, etc.

En estas reflexiones sobre la importancia de mirarse, de tomarse el pulso, como primer paso para el cuidado y desarrollo tanto personal como profesional, cayó en mis manos uno de los múltiples suplementos del fin de semana donde me encontré con el artículo “El egoísmo ético” de Richard Vaughan: (Suplemento de Expansión “Fuera de serie”)

“(…) Por lo tanto, su primera responsabilidad como ser humano es velar por su propio bien y no decaer en este empeño aunque le cueste toda la vida lograrlo (…) ¿Cómo sería el mundo hoy en día si cada ser humano fuera una persona equilibrada y satisfecha con su condición en la vida? (…) cuantas más leguas adelantemos en esta caminata, más contribuiremos al bien común. Por lo tanto, cultive con amor y esmero todo lo propio: su formación, sus competencias, sus capacidad de resistencia, su capacidad para congeniar con los demás, su discreción, su determinación, su imaginación, su equilibrio psíquico, su lealtad hacia otros que la merecen, su paciencia, su persistencia, su independencia, sus recursos, su inventiva, su empatía, su sinceridad, su imparcialidad y, por último, su capacidad para la fría y serena observación”.

Podríamos perfectamente aplicar esta misma reflexión al trabajo con equipos.

En los procesos de coaching de equipo, acompañamos a los equipos en el desarrollo de su rendimiento colectivo para que el resultado del conjunto supere con creces el potencial de la suma de las partes. El foco está, por lo tanto, en lo colectivo pero ¡ojo!  que no sea a costa de los elementos que componen el sistema.

“(…) La falta de respeto por el generoso que no cuida de sí está muy extendida, es casi universal”.  (“El egoísmo ético” de Richard Vaughan).

Creemos, pues, necesario que el proceso de desarrollo de un equipo se acompañe, se acompase, con el cuidado y desarrollo de los miembros que lo componen para que sea exitoso.

Lo ilustran perfectamente las instrucciones de seguridad de los aviones: “En caso de despresurización de la cabina póngase primero usted la mascarilla para poder ayudar a los demás”.

¡Buen vuelo de fin de semana!

Sin título

¡Celebremos lo que está bien!

Esta semana he celebrado mi cumpleaños. Siempre me ha gustado este día pero especialmente los últimos años. Supongo que tiene que ver con que voy avanzando en edad y en conciencia.

Hace ya tiempo que adopté una “política personal” de “regalarme” este día y esta vez lo he disfrutado en la maravillosa playa de Itzurun (Zumaia). Fue allí, en un estado de relajación absoluto, que reflexioné sobre la importancia de celebrar. Especialmente en los tiempos que corren.

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Tumbada en la arena, hice un ejercicio consciente de agradecimiento y celebración por haber llegado hasta el día de hoy tan sana, con personas que me quieren a mi alrededor, por el trabajo que tengo, revisé mis logros, mis fracasos, los aprendizajes que voy extrayendo…y acabé ¡brindando por mí!

Porque si nos paramos a escuchar atentamente las conversaciones que nos rodean o a observar nuestros pensamientos, a leer los periódicos etc. comprobamos que la tónica general es la de poner el foco en la carencia, en lo que nos aleja de la meta, en criticar, en comparar …y no en celebrar, apreciar, honrar o agradecer.

Sucede exactamente lo mismo en los equipos de trabajo o en las organizaciones, como no podía ser de otra manera, ya que son personas las que las componen.

¡Y dale con el fallo, la falta, lo disfuncional, “esto es un desastre”, “a mí no me corresponde”!…pero ¿qué hay de lo que funciona? ¿de todo el trabajo que hemos hecho hasta ahora? ¿de honrar nuestra trayectoria? ¿de todo nuestro esfuerzo y competencia? ¿de lo bien que nos llevamos? ¿de lo bien que nos organizamos cuando nos ponemos? ¿de las ventajas que tenemos aquí?

Nos parece esencial en nuestro trabajo acompañado personas y equipos hacer hincapié en la importancia de los rituales de celebración para honrar y agradecer.

¡Ojo! Sin caer en la complacencia ni en el “peloteo”, pero creemos importante y sano instaurar el hábito de reflexionar, debatir y construir desde lo que nos une y no desde lo que nos separa, ya que nos carga de energía, nos permite tomar conciencia de que disponemos de más recursos de los que pensábamos y porque contribuye a la construcción de una cultura de confianza y aprendizaje.Interesante la filosofía del trabajo del National Geographic que Dewitt Jones, uno de sus fotógrafos, nos cuenta en este vídeo.

National Geographic encomienda a sus fotógrafos la misión de captar, a través de sus fotografías, lo que está bien en el mundo, “what’s right with the world”. Y Dewitt Jones añade que esta filosofía de trabajo cambió su manera de concebir la vida.
“[…] las personas guardan los ejemplares de National Geographic porque en ellos se celebra lo que está bien en el mundo; no es que traten temas importantes pero te hacen sentir orgulloso/a de ser un ser humano”.

Y ¿qué tal si empezamos el fin de semana con un sencillo ejercicio para ir instaurando el hábito de celebrar? : Cierra los ojos, piensa en todo lo realizado, conseguido y vivido esta semana, saboréalo y ….¡celébralo con esta canción a todo volumen!
https://www.youtube.com/watch?v=3GwjfUFyY6M<

Conversando se entiende la gente.

“Podemos hacer la vida miserable o maravillosa para nosotros y los demás en función de cómo pensamos y nos comunicamos”
Marshal Rosenberg

Seguro que tenéis en vuestro entorno personas que tienen una capacidad natural de abordar de manera tranquila temas delicados, de poner en palabras sencillas emociones y/o situaciones complejas. Personas con las que es fácil conversar y llegar a compromisos claros y que saben quitar hierro en reuniones tensas…

¿Os suena esa frase de “habla tú con él que tú tienes más facilidad y sabes decir las cosas en estos casos”?

¿A que ya estáis visualizando a alguien?

Pero ¿qué hacen exactamente esas personas para obtener resultados satisfactorios en las conversaciones?

Esas personas cuentan con competencias o habilidades conversacionales, esto es,, tienen la competencia para detectar qué tipo de conversación es necesaria en cada momento para que ésta sea positiva y eficaz y se alcancen los resultados deseados al terminarla:

•Saben escuchar (¡GRAN competencia conversacional!) las necesidades de las personas con las que conversan,
•Saben expresar y evaluar opiniones de forma productiva,
•Saben pedir y ofrecer para llegar a compromisos concretos,
•Saben hablar abiertamente del cumplimiento o no de los compromisos acordados (reclamos y disculpas efectivas),
•Saben gestionar sus emociones de tal manera que contribuyan positivamente a la emocionalidad del grupo y por consiguiente a la efectividad de la conversación
• …

011

El lenguaje es una poderosa herramienta de acción para lograr resultados. Y desde este enfoque decimos que:

Si tenemos las habilidades para conversar, tenemos buenas relaciones…
…y …
Si tenemos buenas relaciones tenemos buenos resultados.

Por lo tanto, una buena pregunta a hacernos sobre alguna relación no satisfactoria que podamos tener es:

¿Qué tipo de conversaciones tengo con esa persona? Y ¿qué conversaciones faltan?

06

Nuestras relaciones con nuestra pareja, con nuestros hijos/as, con nuestra familia, con nuestros colegas en el trabajo, están en gran parte determinadas por la manera en que nos comunicamos. Muchos de los problemas o de las oportunidades que generamos son el resultado de la manera en que conversamos.

El resultado está íntimamente ligado a la habilidad de hablar / conversar.

Y si esto es así…¡¿cómo no entrenamos más ese músculo?!

No es un don de ciertas personas. Las competencias conversacionales se entrenan, están al alcance de todos y todas.

Nos parece por lo tanto clave trabajarlas en todo proceso de transformación en equipos y en organizaciones. Porque más allá de la tecnología, la consecución de resultados depende de cómo se comunican y se relacionan las personas en la empresa.

Dos de nuestras referencias en esta materia son:
“Ontología del Lenguaje” Rafael Echeverría.
“La selva del lenguaje. Introducción a un diccionario de los sentimientos “ J.A Marina.