Reinicio

¡Ya estamos de vuelta estrenando el nuevo año!

A nuevo año, nuevos proyectos, nuevas historias, nuevas relaciones…nos dicen.

¡Y que así sea!

El inicio, quizás, no es únicamente algo nuevo a estrenar. Puede haber diferentes maneras de renovación: proyectos anteriores con ilusiones renovadas y/o antiguos proyectos readaptados, reconfigurados, reescritos, para dar respuesta a nuevas situaciones, necesidades o a nuevos retos.

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Precisamente estos últimos dos meses hemos tenido el placer de acompañar a dos equipos cuyos proyectos tienen ya un recorrido, uno incluso ha celebrado varios aniversarios, y que, ante sus nuevos retos estratégicos, han abierto un paréntesis de reflexión para tomar perspectiva y repensarse, reorganizarse, reinventarse. Todo ello con el fin de proponer una respuesta adaptada a una nueva situación y volver a generar ilusión y prosperidad.

Observamos que los proyectos de larga duración que son capaces de renovarse o de evolucionar a través de diferentes ciclos tienen en común:

Un propósito claro: Las personas no trabajan juntas si no tienen un propósito.

Valores compartidos: Un proyecto no puede sostenerse en el tiempo si detrás no hay valores.

Y nos parece que esto es aplicable en cualquier plano de nuestra vida. La siguiente frase, que nos gustó desde que la leímos por primera vez, ilustra bien esa idea:

“En la medida en que nos mantenemos enfocados en nuestro propósito y valores comunes somos capaces de atravesar las tormentas del caos, decidir qué acciones serán consistentes con nuestro propósito y valores y emerger con un modelo congruente.” (Desconocemos el autor/a)

El próximo mes de Marzo, del 09 al 12, un año más, tendremos ocasión de disfrutar y enriquecernos con los debates sobre los valores en las organizaciones, equipos, líderes; sobre la importancia de construir un Propósito con significado en los proyectos; sobre los procesos de transformación cultural necesarios para adaptarnos a los nuevos desafíos y sobre herramientas y modelos para trabajar todo ello en la X. Edición del Programa de Certificación Internacional CTT Practitioner (Cultural Transformation Tools) de Barrett Values Centre que volvemos a organizar en el País Vasco.

Puedes encontrar toda la información sobre el programa en este enlace (https://bit.ly/2DRUJop).

¡Te esperamos!

Feliz y próspero año 2020 para todos/as.

Eskerrik asko, Gracias, Thank you, Merci, Danke

No podíamos irnos de vacaciones de Navidad sin antes despedirnos de todos vosotros/as y daros las gracias de corazón:

Gracias por habernos acompañado en los Episodios Equilia un año más – aunque no os veamos, os sentimos al otro lado de la pantalla-, y gracias por animarnos a seguir escribiendo y compartiendo nuestras reflexiones.

En estos días donde los corazones se nos ablandan un poquito, nos gustaría hacer un llamamiento para las fiestas y el nuevo año que comenzaremos en breve: practiquemos la Gratitud. Sí, con mayúscula, porque cuando vivimos en Gratitud, todo en nuestra vida mejora.

¡Hay tantas cosas por las que podemos dar las gracias a diario! si valorásemos conscientemente todo lo que tenemos, y no sólo nos referimos a lo material, empezando por la suerte de estar vivos/as.

Como todo en la vida, la Gratitud requiere entrenamiento, así que ¿por qué no empezar hoy mismo?

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Te invitamos a que pienses en al menos dos personas que “están ahí” cuando necesitas algo, que te apoyan, que te escuchan, que te ayudan, que te animan…que son importantes en tu vida (¡qué bueno si te vienen a la mente más de dos!)

A continuación, te invitamos a que envíes a estas personas un mensaje a través de tu teléfono móvil donde sólo escribas una palabra: GRACIAS. Nada más.

Verás que las reacciones de vuelta son interesantes…

¿Será que no estamos tan acostumbrados/as a recibir mensajes amables así de sencillos y al mismo tiempo así de profundos?…

Ahora sí, nos despedimos con esta frase, encontrada por casualidad, y que nos gustó:

La gratitud es la memoria del corazón.

¡Feliz Navidad y feliz año 2020!

Una nueva década llama a tu puerta – ¿qué vas a hacer?

“No podemos posponer el vivir hasta que estemos preparados. El rasgo más característico de la vida es su urgencia- ‘Aquí y Ahora’- sin aplazamiento posible. La vida nos es disparada a bocajarro” (Ortega y Gasset)

Y aquí y ahora ha llegado el último mes del 2019.

La hoja Diciembre del calendario, una vez más, ¡nos ha dado un susto al pillarnos de sorpresa!

Como cada año, asistiremos a brindis de empresa, comidas de equipo, cenas en familia… Diciembre, un mes para celebrar el fin de un año y el comienzo del siguiente. Pero el barullo, el jolgorio de las celebraciones, a veces nos hace perder de vista precisamente esto: ¿somos conscientes durante estas semanas del cierre de una etapa para dar comienzo a una nueva?

Incluso más allá de los finales de año, ¿cuánto dedicamos a ‘cerrar bien’ un proyecto de trabajo, una relación, un ciclo vital o laboral…y prepararnos concientemente para abrir algo nuevo?

Nos parece que, en general, destinamos poco tiempo, energía y reflexión a “recoger cosecha” de lo experimentado o de lo vivido, para ganar refuerzo y confianza en algunos aspectos, para soltar posibles lastres, para sacar aprendizajes, para lanzar nuevas ideas de futuro etc. Pareciera que, en estos tiempos, vivimos o en una permanente huida hacia adelante o en un permanente aplazamiento de la vida.

Sin embargo, “recoger cosecha” nos parece una práctica necesaria y saludable en cualquier ámbito: equipo, empresa o personal. Es un ejercicio que nos permite “enfocar”, nos ayuda a vivir más conscientemente y de manera responsable nuestras vidas o trabajos.

Esta vez, además, comenzamos, no sólo un nuevo año, ¡sino una nueva década! Creemos que la ocasión merece el hacer una paradita. Nosotras la vamos a hacer,¿te animas?

Te invitamos a hacer el siguiente ejercicio que ayuda a dibujar un mapa de nuestra situación actual para hacer balance de cara al 2020: Reflexiona unos instantes sobre cada una de las 4 casillas y escribe tus pensamientos en un papel si lo deseas.

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Una vez terminadas las anotaciones, te invitamos a volver a leerlas pero esta vez entendiendo qué función cumple cada casilla en tu conciencia. Esto puede ayudar a entender mejor ciertos frenos, comportamientos, impulsos… que podamos estar sintiendo:

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¡Ojalá disfrutes del ejercicio y te sirva!

Feliz semana.

 

“Lo esencial es invisible a los ojos”

“Lo esencial es invisible a los ojos”

(Antoine Saint-Exupéry, El Principito)

 ¿Cuándo fue la última vez que miraste a alguien a los ojos y sostuviste la mirada unos segundos?

¿Cómo te sentiste haciéndolo? ¿Qué sucedió?

Si ya no te acuerdas, te invitamos a que pruebes con alguien que esté cerca de ti en este momento.

No es lo mismo Mirar que Ver.

Cualquier persona que no sea ciega puede ver pero tal vez no sepa mirar. Y hay ciegos/as que saben mirar muy bien a las personas…porque las miran con los ojos del alma. Ahí está la diferencia entre Ver y Mirar.

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Es una delicia escuchar a Liliana González explicándolo en su charla TED “Volver a Mirarnos” que recomendamos vivamente.

A pesar de la hiperconectividad de esta era digital, pareciera que las pantallas nos han separado físicamente, nos han desentrenado en la capacidad de mirarnos y nos han robado algo de humanidad. Porque, como dice Liliana González, “la mirada se construye siempre en el encuentro con el otro”.

Nos miramos poco. Pero cuando lo hacemos, en general, no nos deja indiferentes: parpadeamos,apartamos la mirada rápidamente, hacemos algún chiste para quitar hierro, sentimos pudor, deseo, nos ponemos colorados/as, nos sentimos intimidados/as, agredidos/as.

¿Somos conscientes de cómo es nuestra mirada hacia los demás? ¿Cuál es nuestra tendencia, nos fijamos más en los aspectos positivos o negativos de las personas?

Y lo mismo respecto a nosotros/as mismos/as: ¿Qué mirada nos dedicamos? ¿Amorosa, implacable, severa, flexible, humillante, divertida…?

Tomar consciencia de esto puede brindarnos información valiosa sobre nuestra manera de estar en el mundo, de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con la vida.

Cuando miramos (sin necesidad de palabras) a una persona más allá de lo que vemos a primera vista, más allá de nuestros prejuicios y de nuestros egos; cuando reconocemos al Ser que hay en el otro/a como alguien legítimo (con sus bondades,sus miserias y sus necesidades), se da una conexión genuina. Se crea un vínculo real que facilita el entendimiento, la comunicación y la interacción.

Hacemos, pues, un llamamiento a practicar el arte del encuentro y de la mirada sincera desde todo nuestro Ser: en las empresas, en las familias, en las parejas, en las comunidades…en definitiva, en todos los sistemas en los que interactuamos.

En Equilia no desistimos en el intento con los equipos y organizaciones a los que acompañamos.

Y qué mejor manera de despedirnos con la palabra originaria del sánscrito, Námaste: saludo que se hace desde el corazón para establecer una conexión genuina con la otra persona más allá de nuestro ego y de su ego.

Feliz semana

Yo de mayor quiero…

“Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena” (Ingmar Bergman)

Un año más, la semana pasada acudimos felices a la llamada de la Escuela de la Experiencia de Debabarrena en Eibar para impartir una formación (Muchas gracias Eva Pérez de Albéniz por invitarnos cada año). ¡Cómo faltar a la que es una de LAS citas anuales en nuestra agenda!

La Escuela de la Experiencia de Debabarrena, gestionada por las excelentes profesionales de Adindu, busca juntar a mujeres y hombres mayores de 50 años, en etapa de prejubilación y jubilación, con inquietudes culturales y sociales, con ganas de aprender, conocer a otras personas, y desarrollar diferentes actividades en esta etapa de sus vidas.

¡Qué gran contribución al Bien Común la de la Escuela de la Experiencia! Ya van 16 promociones.

En una sociedad cada vez más envejecida como la Europea (en España, por ejemplo, en el 2033, una de cada cuatro personas superará los 65 años. Muchos de los niños/as de la actualidad vivirán hasta los 100 años.), parece necesaria una reflexión profunda para cuestionar nuestras creencias sobre el envejecimiento para redefinir la vejez. Y urge, porque el envejecimiento masivo es un reto global.

Especialistas en la materia ya hablan de la necesidad de abordar este desafío desde todas sus vertientes (demográfica, económica y social). No podemos estar más de acuerdo con lo que dice Sarah Harper, Fundadora del Instituto de envejecimiento de la Población de la Universaidad de Oxford en la entrevista que le hicieron: La vejez no llega a los 70. Llega al convertirnos en dependientes” 

Como sociedad, precisamos de un cambio de paradigma respecto al envejecimiento. Y no sólo cambios relativos a la salud y a las pensiones, como muchos podemos pensar sobre este tema. Se trata de algo más profundo y que nos va a requerir de creatividad, de flexibilidad, de generosidad, de respeto y amor por las personas… para buscar nuevas fórmulas que se adapten a una nueva realidad: repensar la organización actual de las familias; convivencia entre personas de diferentes edades; diseño de trayectorias laborales diferentes a las actuales; más conciliación de la vida personal y laboral; reconfiguración de los espacios públicos de convivencia y de las casas; programas y educación para el bienestar físico, emocional, mental y espiritual de las personas a lo largo de sus vidas; aprendizaje permanente; cuestionamiento sobre qué es ser útil en la sociedad y sobre la belleza del cuerpo humano; revalorización de la experiencia que da la edad; crear programas de voluntariado y de mentoring etc.

Los diferentes grupos que han pasado por la Escuela de la Experiencia ya se han puesto manos a la obra poniendo en marcha iniciativas y proyectos que son maravillosos ejemplos de innovación social.

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De la nueva promoción de la escuela, que tuvimos el placer de conocer la semana pasada, nos quedamos con su actitud positiva, ganas de construir, de aportar, de mejorar como personas, su amabilidad y sus miradas de eternos/as aprendices a pesar de, o tal vez por toda la experiencia que tienen acumulada.

Sois ejemplo para las siguientes generaciones que venimos por detrás. Mila esker!

Yo de mayor quiero ir a la Escuela de la Experiencia…

Feliz semana.

(Foto: Lifehack.org)

Manténgase en espera

“Hice un curso de lectura rápida y leí Guerra y Paz en 20 minutos…va sobre Rusia” (Woody Allen).

¿Os acordáis cuando escribíamos cartas manuscritas y nos parecía normal esperar la respuesta durante semanas?… ¿o esperábamos una llamada sin mirar al teléfono constantemente?…(veamos cómo de grande es el salto generacional entre los lectores/as y nosotras).

No hace tanto de eso…y sin embargo, desde entonces, hemos creado un modelo de vida donde rendimos culto a la inmediatez.

Resoplamos y nos quejamos cuando tenemos que hacer colas – “¡Con todas las cosas que podría estar haciendo en este momento!” Leemos los mails, artículos etc. en diagonal; queremos una respuesta de whatsapp inmediata desde el momento que vemos el doble click azul; los resultados de los proyectos deberían llegar más rápido…igual que el éxito y el dinero; pretendemos aprender un idioma o una nueva disciplina con algunos días intensivos de formación; nos cuesta dedicar tiempo a escuchar con atención a los demás; cómo se atreven a romper “nuestros planes” los tratamientos “largos” para enfermedades o lesiones…

¡Lo queremos todo ya!

Y esto nos crea angustia…

Difícil aprendizaje, pues, el de la paciencia. Lo curioso es que todo el mundo coincide sobre sus beneficios pero qué difícil parece llevarla a la práctica en el contexto actual.

Parece que hay demasiado ahí fuera esperándonos…y que el tiempo del que disponemos no alcanza todo.

Creemos que para cultivar la paciencia, tal vez sería bueno empezar cuestionándonos nuestra manera de abordar el tiempo y nuestras creencias de lo que es útil o no.

¿Cómo sería si en vez de ver los tiempos de espera como un vacío, los convirtiéramos en fuente de riqueza?

En vez de poner nuestras vidas entre paréntesis durante la espera, en vez de hartarnos, maldecir, pensar en todo lo que podríamos estar haciendo y mirar el reloj…aprovecháramos los tiempos de la espera, de los viajes, los “tiempos muertos“ como una oportunidad para conocer y conversar con nuevas personas, para bajar el ritmo, para hacer ejercicios de respiración, para leer y reflexionar saboreando el detalle, para practicar la escucha activa, para disfrutar de la compañía de nuestro/a acompañante, para contemplar el paisaje…¿Acaso eso no es útil?

No es más que vivir todo lo que hacemos y encontrar interés a todos los instantes. De lo contrario es un tiempo definitivamente perdido.

¿Probamos?

Feliz semana.

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Vulnerabilidad

Vulnerable. (Del lat.vulnerabilis) adj. Que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente. (Real Academia Española)

Te invito a que reflexiones por un segundo sobre las siguientes dos preguntas, siendo consciente que se trata de dos extremos y que la vida real no es blanco ni negro sino una escala de grises:

¿Qué sientes respecto a una persona que se muestra, abre su corazón, te cuenta algo que le cueste especialmente, algún miedo, alguna dificultad…? ¿Cómo te relacionarías con esa persona?

Y ¿qué sientes respecto a una persona que siempre se muestra desenvuelta y autosuficiente, que menciona sus fortalezas y logros, no duda y aconseja a los demás sobre lo que deberían hacer? ¿Cómo te relacionarías con esa persona?

En una sociedad donde prevalece el competir sobre el colaborar, la Vulnerabilidad no parece ser la mejor opción:

“No muestres ninguna debilidad que si no te van a dar donde más te duele”

“Que te vean siempre fuerte”

“Nunca llores delante de tu equipo”

“No pido nada para no deber nada a nadie”

“Solo/a puedo, siempre me las apaño”…

Las creencias que tenemos respecto al concepto de Vulnerabilidad hacen que nos cueste mostrarnos tal como somos realmente, que tratemos de disimular nuestras dificultades y emociones consciente o inconscientemente, que inventemos excusas o “culpables” para protegernos… a veces, incluso adoptamos actitudes arrogantes y distantes (de ahí el conocido refrán “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”). Todo ello nos genera sufrimiento. Porque por mucho que nos empeñemos en compensar, ocultar, evitar pedir ayuda, en definitiva, acallar nuestra parte más oscura, desde el exterior las personas ven y/o sienten la coraza que nos hemos construido. Y ésta nos aleja de todo y todos; incluso de nosotros/as mismos/as.

En nuestro trabajo acompañando equipos, nos maravilla comprobar que cuando los miembros de un equipo deciden “quitarse la coraza”, arriesgar y mostrarse tal como son, con sus fortalezas y sus debilidades, se da un punto de inflexión, un salto exponencial en el crecimiento del equipo.

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¡Ojo! no estamos alentando a abrirnos a cualquiera sin medir las consecuencias, no, sería insensato.

Para que el ejercicio de vulnerabilidad sea posible y realmente fructífero, es necesario crear las condiciones de confianza, seguridad, confidencialidad, tiempo juntos/as y feedback sincero y honesto. Es una decisión individual y consciente.

Hay personas y equipos que nunca logran dar el paso de mostrarse, de confiar…y está bien. Da miedo desnudarse, y pesan las malas experiencias del pasado que nos hacen desconfiar, pero merece la pena arriesgar porque tenemos mucho por ganar, ¡vaya que si tenemos! Podríamos “degustar” lo que realmente son las conversaciones y relaciones de gran calidad, sinceras, profundas, cercanas y enriquecedoras.

¿Qué tal si empezamos a colaborar más que a competir y por fin entendemos la vulnerabilidad compartida como una fortaleza en vez de como una debilidad?

 Aunque hayamos mencionado ya en anteriores ocasiones este vídeo  de Brené Brown sobre el poder de la vulnerabilidad, no nos cansamos de verlo y recomendarlo.

 

Shhht

Las intuiciones son el susurro del alma

(Jiddu Krishnamurti)

Comenzamos otoño. Después de un periodo de sol, vacaciones y muchas horas de luz, después de meses habiendo estado hacia afuera, llega esta nueva estación para envolvernos con sus preciosos colores e invitarnos a ir recogiéndonos poco a poco. En otoño iniciamos una especie de nuevo año, con nuevas promesas, nuevas actividades o planes: apuntarnos al gimnasio, aprender o mejorar algún idioma, pasear en la naturaleza los fines de semana, cantar en un coro, organizar quedadas con amigos/as etc.

También en el ámbito profesional, es el momento del año donde terminar proyectos que ya venían de antes e idear nuevos, previo a cerrar presupuestos.

Tenemos, pues, por delante unos estupendos meses para mirar a nuestro interior, para reflexionar, reconsiderar o dar forma a antiguos y nuevos proyectos, colaboraciones y actividades. Un buen momento para formarnos y disfrutar evolucionando. Ahora que todavía nos dura algo del descanso y de la distancia conseguida durante el verano, invitemos a Otoño a un té, butaca y manta, y dejemos que nos pregunte abiertamente: ¿Y qué hay de lo tuyo? ¿Cuáles son tus proyectos para los próximos meses?

Nos comentaba una amiga directiva que le temblaban las piernas ante un nuevo proyecto que le habían propuesto comenzar este otoño. Un proyecto serio y precioso con el que llevaba mucho tiempo soñando y cuando por fin llegó, le asaltaron las dudas, le pesaba la responsabilidad, el temor de no saber, de no poder compaginar todas sus obligaciones…

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Es lógico que nos tiemblen un poco las piernas o que nos invadan las dudas y temores ante nuevos proyectos importantes, porque si no fuese así, una de dos: o somos unos/as inconscientes o el reto no es lo suficientemente significativo.

Para cuando nuestros deseos nos ponen a prueba, William Arthur Ward nos regala este poema:

It’s impossible, said Pride
It’s risky, said Experience
It’s pointless, said Reason
Give it a try, whispered the Heart.

Es imposible, dijo el Orgullo

Es arriesgado, dijo la Experiencia

No tiene sentido, dijo la Razón

Inténtalo, susurró el Corazón.

 

 

En este comienzo de otoño, afinemos el oído y entre tantas voces altas y ruido que nos rodea escuchemos lo que nos susurra el corazón.

 

Feliz semana,

Conducir mirando tan solo el espejo retrovisor

Dice el refrán que Más vale malo conocido que bueno por conocer.

Y es que todo cambio genera incertidumbre. Cualquier alteración de la rutina, de lo conocido, ya sea más o menos satisfactorio, trae consigo recelos, reticencias, resistencias…porque supone un riesgo, y como tal, puede tener consecuencias negativas…pero también positivas.

 ¿Y si sale mal?

Ya… ¿y si sale bien?

Atrevernos a dar el paso, a retarnos y salir de nuestra zona de confort, si bien puede ser incómodo y a menudo doloroso (buenísimas excusas para no hacerlo), es la única manera de crecer, de evolucionar en nuestras vidas y de extender nuestra conciencia. Al final, no se trata tanto de conseguir el “supuesto objetivo” sino de todo lo que aprendemos en el proceso y extraemos de él.

Esto que nos sucede en nuestras vidas personales, lo observamos también en nuestro trabajo acompañando a equipos y organizaciones en procesos de transformación, como no podía ser de otra manera, ya que son sistemas humanos.

En estos procesos de cambio nos encontramos con resistencias a todos los niveles: con personas escépticas, con saboteadores/as del proyecto, con nostálgicos/as que insisten en que cualquier tiempo pasado fue mejor, con personas que, por temor, prefieren no moverse…

Pero también nos encontramos con entusiastas que quieren ser protagonistas e impulsores del cambio, con personas pragmáticas que entienden que los tiempos o la situación ha cambiado, y que toca “aprender a surfear” la nueva ola para no ahogarnos, con personas que deciden confiar y “vamos allá juntos/as!” aportando lo que pueden…

En definitiva, un proceso de transformación es una interesante marejadilla a sostener y gestionar donde es clave honrar lo anterior, lo conseguido hasta la fecha, e incluirlo para poder transcenderlo. Requiere dotarnos de mucha paciencia y comprensión, comunicar sobre el porqué y para qué de los cambios propuestos, dialogar en los equipos para poner sobre la mesa dudas, temores, tipo de interacciones y funcionamientos. Y requiere de dar ejemplo por parte de los/las líderes. Marejadilla en la que, para no perdernos entre tanta ola, necesitamos levantar de vez en cuando la cabeza para respirar hondo y mirar al faro: Nuestro Propósito y Valores.

Aún así, en todos estos procesos, ya sean personales u organizacionales/de equipo, nos dejamos algunos pelos en la gatera. Toda evolución tiene su precio y sus propias limitaciones intrínsecas (no podemos pretender que todos los problemas se vayan a solucionar en la nueva etapa porque emergerán otros diferentes, como si de capas de cebolla se tratase).

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Nos gusta cómo lo explica el filósofo Ken Wilber en su libro “Breve historia de todas las cosas”:

“ (…) cada nuevo paso evolutivo hacia adelante tiene su precio. Los viejos problemas son desarticulados o resueltos sólo para introducir dificultades nuevas y, a menudo, más complejas. Pero los románticos regresivos (…) consideran los ‘problemas’ de la nueva etapa y los comparan con los ‘logros positivos’ de la etapa precedente, pretendiendo, de este modo, que todo ha ido cuesta abajo desde el momento en que se abandonó su pasado favorito, una comparación que, por cierto, me parece completamente perversa.

Creo que todos debemos reconocer y respetar los muchos y grandes logros de las culturas más antiguas de todo el mundo y tratar de conservar e incorporar su sabiduría. Pero el tren, para bien o para mal, se halla en movimiento y lo ha estado desde el primer día; y si tratamos de conducir mirando tan sólo el espejo retrovisor es probable que causemos accidentes todavía peores”

Feliz semana.

 

¿Cuántos días tiene tu año?

Teniendo como fondo una preciosa puesta de sol en la playa de Itzurun (Zumaia), conversábamos relajadamente sobre uno de LOS temas en estas fechas: la vuelta a la rutina después de las vacaciones de verano.

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“Todo el año esperando a las vacaciones de verano, para que pasen en un abrir y cerrar de ojos…cada año se me pasan más rápido.”

 “Qué pereza entrar en la rutina de los horarios otra vez…se está taaaan bieeen de vacaciones.”

 “Yo sólo vivo durante las vacaciones y los fines de semana. El resto del tiempo estoy inmerso en una vorágine de trabajo, niñas y sus actividades extraescolares que no me doy cuenta.”

Por supuesto que se está ideal de vacaciones, claro que volver a la exigencia de los horarios y de las responsabilidades puede dar pereza pero…el año tiene 365 días. Si a estos 365 días le restamos los días de vacaciones los fines de semana y días festivos, nos quedan unos 220 días. No puede ser que no los vivamos y disfrutemos con la misma consciencia que cuando estamos de vacaciones. Esos 220 días no se vuelven a repetir, es tiempo preciado que se nos va, y no somos eternos/as, aunque muchas veces funcionemos como tal.

Ahora que hemos desconectado durante las vacaciones, ahora que vemos las cosas con mayor perspectiva y calma, ¿qué tal si nos ponemos el reto de VIVIR conscientemente hasta las próximas vacaciones?

Dediquémonos momentos y/o actividades semanales que nos gustenHoy es jueves ¡qué bien! Voy al padel, yoga, cerámica o pintxo-pote con amigos. Preguntémonos al final de cada día “¿qué es lo que más me ha gustado del día?” (al menos 3 cosas); cambiemos a propósito el camino de vuelta a casa para pasar por una tienda, cafetería, exposición, parque que nos guste; aparezcamos por sorpresa a la salida del cole de los niños/as; llamemos o visitemos a algún amigo/a; hagamos alguna actividad de voluntariado; salgamos más a menudo a pasear (sin ningún otro fin).

En definitiva, echémosle imaginación. ¡Animémonos y pongámonos las gafas de “turista” en nuestra propia ciudad y en nuestra propia vida!

Feliz vuelta