Lo de fuera y lo de dentro

Hace poco más de un año, toda nuestra energía y creatividad se centraba en buscar soluciones para poder seguir “funcionando” en nuestro día a día: el trabajo, el curso escolar, los servicios esenciales y otros proyectos o actividades. Más o menos, lo conseguimos. Con medidas como el teletrabajo; las video-conferencias y formación por Zoom o Teams;  la mascarilla y gel hidroalcóholico en todos lados y actividades; aforos y horarios limitados; la llegada de las vacunas; los ERTEs etc. Seguimos, pues, “funcionando” aunque sea, como se dice, “de aquella manera”.

Ahora bien, después de estos meses duros, están apareciendo síntomas de sufrimiento y dolor que, al ser menos tangibles u observables, no estamos atendiendo. Creemos que sería bueno tener un enfoque integral a la hora de abordar la situación actual. Y con integral, nos referimos a tener en cuenta tanto la dimensión externa (el mundo exterior, todas las medidas que acabamos de mencionar por ejemplo) como la dimensión interna (el mundo interior-subjetivo individual y colectivo, lo intangible). Abordarlas y trabajarlas simultaneamente, ya que toda evolución se da en ambas dimensiones y además se afectan mutuamente.

Hace un año, las empresas y organizaciones con las que colaboramos nos pedían soluciones para poder continuar ofreciéndoles nuestros servicios. Nos tocó ponernos las pilas en el uso de plataformas y herramientas de trabajo virtual y ¡practicar la flexibilidad a tope!

Hoy en día, ya algunas nos están pidiendo o mostrando interés por intervenciones orientadas al cuidado de sus personas y equipos; siendo conscientes del impacto que esta parte intangible y subjetiva está teniendo ya o va a tener en su cultura y funcionamiento (los síntomas psicológicos provocados por la tensión, estrés, miedo… que están detectando).

Algunas organizaciones están empezando a desarrollar y ofrecer programas internos para el bienestar de sus personas (coaching, medidas de conciliación, mindfulness etc). Pero no pensemos que sólo se trata de una cuestión de recursos. Se pueden hacer muchas cosas y os animamos a echarle creatividad para ello.

Por ejemplo: abrir espacios de diálogo para tratar el estado emocional y nivel de energía de nuestro equipo (expresión y liberación de emociones acumuladas, aclarar asuntos pendientes o malentendidos, poder compartir con mis compañeros/as cómo me encuentro, etc); tomarnos un café o hacer alguna pausa semanalmente con algún colaborador/a para mirarle a los ojos y escucharle; agradecer a mis compañeros/as por seguir ahí, por su apoyo (con una llamada, un mail, un whatsapp, una nota); organizar sesiones de resiliencia con los equipos para reconstruir la cultura de la organización y las relaciones después de tantas situaciones traumáticas; fomentar un trabajo individual y colectivo sobre compasión, empatía y perdón; reuniones en la naturaleza; enseñar a respirar…

Y lo mismo a nivel individual en el plano personal: crear redes para cuidarnos, apoyarnos y nutrirnos mutuamente; atrevámonos a pedir ayuda profesional si fuera necesario; recuperar el contacto con la naturaleza y el ejercicio…

¡Mucho ánimo a todos/as!

Feliz semana.

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