Rien ne va plus

De piedra…así nos hemos quedado.

“Los empleados franceses están entre los menos comprometidos de Europa en el trabajo” según el último estudio del Instituto americano Gallup, que arroja cifras escalofriantes como:

Sólo el 6% de los empelados franceses encuestados entre Febrero y Marzo del 2018 dicen estar comprometidos con su trabajo (entendiendo comprometidos, según la definición de Gallup, por implicados con las tareas/proyectos que realizan y sintiendo entusiasmo respecto a sus misiones profesionales). Triste posición que comparten además con España en el ranking de Compromiso de los empleados en países occidentales (seguidos por Italia con el 5%). Y no es que la media Europea con un 10%, sea más optimista – lejos del 33% de empleados americanos que se definen como muy implicados.

¿Cómo se explica esto?

Son varios los factores que en el artículo se presentan y que influyen directamente en las condiciones y en la calidad de vida en el trabajo:

Falta de reconocimiento, de escucha, de formación, de apoyo por parte de los superiores, intensificación del ritmo de trabajo, degradación de las condiciones, medios limitados, culturas y estilos de gestión demasiado rígidos etc.

Históricamente Francia ha tenido un diálogo social muy conflictivo, prácticas de RRHH jerárquicas, un reclutamiento de mandos superiores/directivos por sus competencias técnicas más que por las relacionales… algo que, creemos, podríamos extrapolar a otros países latinos también.

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Las nociones de compromiso y de auto-superación, dice el estudio, son más anglosajonas. En EEUU y Canadá, los asalariados tienen menos expectativas vis a vis de sus empleadores. El trabajo es percibido más como una actividad de desarrollo y satisfacción, a diferencia de países como Francia o España donde está más asociado a una obligación y fuente de ingresos.

Este nivel de insatisfacción influye en el crecimiento del consumo de fármacos para poder seguir el ritmo, aliviar el sufrimiento etc.

El artículo termina calculando el coste que la rotación, absentismo, accidentes de trabajo, bajas etc. supone para Francia este año (97000 millones de €), proponiendo algunas buenas prácticas que las empresas no deberían subestimar como por ejemplo el coaching al más alto nivel y el fomento de la autonomía y asunción de responsabilidad de las personas y equipos.

En definitivas cuentas, no nos podemos permitir tanta insatisfacción e infelicidad en el trabajo. No sólo por el coste económico tan elevado que representa para países y empresas, sino también porque al descuidar las necesidades de las personas (de supervivencia, de pertenencia, de autoestima y de un propósito superior o transcendencia) estamos contribuyendo a enfermar nuestra sociedad, comprometiendo nuestro futuro.

Por eso, ¡sí!, creemos profundamente y seguiremos en nuestro empeño de trabajar la conciliación de la vida laboral y familiar, el coaching individual y de equipos, la escucha y conversaciones respetuosas y posibilitadoras, la formación, el liderazgo basado en valores, esto es, culturas y modelos de relaciones sanos en las organizaciones como palancas de transformación para la Sociedad.

Estamos en un cambio de época y no hay más que escuchar lo que las nuevas generaciones esperan para su vida laboral: “Yo quiero ser feliz en el trabajo” (respuesta real de un candidato en su proceso de reclutamiento).

¡Tenemos un reto apasionante por delante!

Feliz semana.

Foto: By Ryan McGuire

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