Nunca es tarde

Imagínate que estás solo/a en el extranjero y entablas una conversación agradable con una persona desconocida que no tiene nada que ver con tu entorno, ni te va a juzgar.

¿Qué le contarías sobre ti? ¿Cómo contarías la película de tu vida hasta hoy?

Puede ser una comedia, un thriller, una historia de amor, de superación, un drama…

Somos nosotros/as, conscientemente o no, quienes decidimos el género de nuestra película, de la historia que (nos) contamos sobre nuestra vida, nuestras relaciones, nuestro trabajo, sobre nosotros/as mismos/as en definitiva.

La manera en que percibimos e interpretamos nuestro entorno y relaciones nos lleva a estar en el mundo, a contarlo, de una manera concreta. El lenguaje no sólo describe la realidad sino que por medio de él generamos nuestra realidad.

Cuando contamos nuestra historia sobre el pasado o sobre el futuro, mostramos nuestras creencias, nuestros valores, nuestras virtudes. Y el modo de contarlo nos conecta con ciertas emociones que pueden empoderarnos o limitarnos.

Revisar nuestro relato(s) (lo que significa cuestionar nuestro sistema de creencias) y hacernos cargo de las emociones con las que nos conecta y de las posibilidades que éstas nos abren o cierran, puede ser el primer paso para escribir, para contar nuestra historia de la manera que conscientemente elijamos y así transformar el mundo que habitamos.

El título del libro del psiquiatra y psicoterapeuta finlandés Ben Furman  Nunca es tarde para tener una infancia feliz” (“Es ist nie zu spät, eine glückliche Kindheit zu haben”), nos encanta no sólo por ser ingenioso y gracioso, sino por el mensaje de esperanza que expresa: nunca es tarde para hacer otra lectura de nuestra vida y convertirla en paz y fortaleza. Está en nuestras manos.

Nos parece que el Coaching Ontológico (proceso de aprendizaje transformacional que cuestiona los modos de percibir e interpretar el mundo y a operar con mayor protagonismo y proactividad) y el Storytelling (el arte de contar una historia de tal forma que crea significado personal y una emoción positiva que inspira a la gente a tomar una acción) pueden ser útiles para evaluar las circunstancias de nuestra vida de una forma que nos ayude a aprender y a tomar decisiones que estén a nuestro servicio. A narrar un relato que empodere.

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Y aunque ya lo hayamos recomendado en alguna otra ocasión, siempre es placentero volver a echar una ojeada al libro “The Story Factor-Inspiration, Influence, and Persuasion through the Art of Storytelling” de Annette Simmons.

Feliz semana

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