Tejiendo redes con servilletas de papel

Durante estas vacaciones de Semana Santa he disfrutado del nuevo lujo del siglo XXI: Tiempo.

Tiempo para conocer nuevos lugares (agradezco a mi buena amiga Isabel Roser y a su generosa familia por haberme recibido y enseñado su bella tierra, Mallorca), tiempo para respirar los aromas de nuestra recién estrenada primavera, tiempo para comer con calma y degustar nuevos platos, tiempo para gozar de siestas al sol…pero sobre todo tiempo para conversar, sin reloj y por el simple placer de conversar, con las nuevas personas que he conocido durante el viaje. Días de puro alimento para el alma.

Pareciera que la tranquilidad y la apertura a escuchar con atención y el tener el piloto automático de la rutina desactivado (estar operando desde otros niveles de conciencia en definitiva) hacen que, tengamos una mayor predisposición para encontrar conexiones entre diferentes ideas que van surgiendo de una manera más fluida (incluso, si hablamos de trabajo, entre diferentes oficios o disciplinas).

¡De cuántas conversaciones de terrazas, bares, sobremesas y croquis en servilletas y manteles de papel han salido grandes e innovadoras ideas! Decía uno de mis profesores de Universidad que las “horas de cafetería de la facultad” eran parte importante y necesaria de nuestra formación. ¡Qué razón tenía!

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En estos encuentros fortuitos (o no…) de mis vacaciones he vuelto a comprobar que, a pesar de nuestra ilusión de individualidad, todos/as estamos conectados/as. Somos tejedores/as de lazos de unión. A diario, consciente o inconscientemente, participamos en encuentros, conversaciones o relaciones, es decir, establecemos conexiones con diferentes personas constantemente, aunque algunas nos parezcan aparentemente insignificantes como puede ser una conversación en un ascensor o en la frutería, por ejemplo. Ahora bien, ¿Cuál es la calidad de nuestra atención, de nuestra escucha, de nuestra mirada?

Subestimamos a menudo las relaciones inter-personales. ¿Nos acordamos de todas las personas con las que hemos hablado hoy? Las conversaciones con todo tipo de personas pueden ser fuente de riqueza. El intercambiar conscientemente ideas, opiniones, conocimientos, visiones de la realidad, proyectos profesionales, ofertas…contribuye a ampliar nuestro universo, a que surjan nuevas posibilidades, a que se den uniones en nuestra mente (esos momentos de ¡Eureka!), a encontrar soluciones, a cambiar nuestra interpretación de lo que ocurre, a crear alianzas o colaboraciones, a unir fuerzas por una buena causa, a cambiar de rumbo de vida…Muchas razones por las que le deberíamos dedicar atención, esfuerzo y mimo.

Y, como en todo lo que tiene que ver con las personas, se necesita confianza: confianza en nosotros/as mismos/as, en la otra persona, en nuestros recursos, confianza para tomar riesgos, confianza en que todo vaya bien, confianza en la vida…).

“Si quieres ir rápido, camina solo, pero si quieres llegar lejos, camina acompañado” (Proverbio Africano)

 Feliz semana.

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