¡No molestar!, personas soñando.

Tenemos la suerte de que parte de nuestro trabajo consiste en acompañar a personas y equipos a soñar. ¡Un verdadero lujo!

La semana pasada, durante el Programa CTT Practitioner (Cultural Transformation Tools) que anualmente organizamos en Izarra Centre , soñamos, junto con los/las participantes de esta octava edición, cómo sería el proceso de transformación de nuestras organizaciones, y en consecuencia de nuestra sociedad, si partiésemos de paradigmas distintos respecto a la empresa, a las personas y a la naturaleza.

Unos días antes disfrutamos facilitando una sesión con el equipo de una empresa recién creada para soñar juntos/as el futuro deseado y la cultura, es decir, la personalidad de la organización que están construyendo con mucho esfuerzo, esperanza e ilusión.

Fueron estos eventos, y que durante el fin de semana empezamos a organizarnos en la familia para planear las vacaciones de verano (ese fantástico sueño de días largos, cálidos y soleados que contrarresta este duro invierno), que me han hecho reflexionar sobre el inestimable valor de soñar y el poco espacio y tiempo que a ello dedicamos en nuestras vidas personales en general, y aún menos en los entornos profesionales.

Y tú…¿te paras a soñar?

Soñar sobre dónde te gustaría verte dentro de 5 años, por ejemplo, en tu trabajo, en tu relación de pareja y familia, soñar con lo que realmente te gustaría hacer en la vida, dónde te gustaría vivir, con ese viaje o formación.

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Soñarlo es el primer paso para convertirlo en reto y aglutinar energía que nos impulse a tomar acciones en dicha dirección.

Soñar no es sólo cosa de niños/as, aunque en este aspecto deberíamos hacer de ellos/as nuestros maestros/as por su envidiable capacidad de no ponerse límites. Animamos pues a todos/as, independientemente de nuestra edad, a salir de vez en cuando del modo “piloto automático” o inercia en la que a menudo nos instalamos para prestar más atención a nuestros sueños.

Seguramente otro gallo nos cantaría. Andaríamos más centrados/as (¡a veces parece que vamos como pollos sin cabeza por nuestras vidas!), más satisfechos/as al sentirnos en coherencia entre lo que soñamos, sentimos, decimos y hacemos, y por supuesto ¡nos divertiríamos más!

Feliz semana.

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