Y a ti… ¿quién te cuida?

Ésta es una pregunta que hacemos frecuentemente en los procesos de coaching individual a personas que tienen equipos a su cargo y deben atender las necesidades de estos. Suelen ser personas con mucho trabajo y poco tiempo, acostumbradas a buscar soluciones y respuestas. Después de que hayan contado todas las responsabilidades que asumen y personas que tienen que atender o cuidar, una pregunta muy sencilla les coge por sorpresa o al menos les hace parar y reflexionar: Y a ti… ¿quién te cuida?

Y tú, querido lector/a, ¿sabrías responderla?

Últimamente hemos acompañado a equipos de dirección en sesiones de reflexión y trabajo donde en la ronda de aterrizaje y preparación para la tarea – ¿cómo llego a esta sesión? ¿Con qué emoción? – hemos sentido bastante carga, estrés, cansancio…y eso que el año no ha hecho más que empezar.

Nos puede parecer normal dado el nivel de exigencia, velocidad y complejidad en el que deben trabajar algunos equipos de ciertos sectores hoy en día, pero a la larga, ese ritmo no es sano y nos acaba pasando algún tipo de factura (a todos los niveles y en todos los planos).

No estamos insinuando que debamos dejar de hacer o cumplir con nuestro trabajo o responsabilidades para cuidarnos o sentirnos mejor ¡Nada más lejos! Sencillamente, queremos invitar a pararnos y cuestionar nuestras creencias sobre: cómo enfocamos nuestro trabajo, la organización de éste (¿presencia es igual a trabajo?), qué significa la conciliación entre la vida personal y laboral para nosotros/as, cómo nos hacemos cargo de nuestras responsabilidades y/o las de otros, qué nos supone el delegar, cómo definimos las prioridades, cuál es la diferencia entre el cuidado de nuestro equipo y el cuidado propio etc.

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Y es, precisamente, sobre este último punto, la importancia del auto-cuidado, o lo que Stephen R. Covey llama en su libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectivala Renovación: Afile la Sierra- Principios de Auto-renovación equilibrada (7º hábito) , que queremos hacer hincapié en este post. Porque el mayor bien que poseemos es nuestra persona, somos el instrumento con el que contamos para vivir, relacionarnos y realizar nuestra aportación.

Cuando decimos auto-cuidado nos referimos a sus 4 dimensiones: físico, mental, emocional y espiritual.

Hacer deporte, descansar, comer bien, leer, formarnos, alimentar nuestra mente, tiempo para contemplar la naturaleza y el arte como fuentes de inspiración, relacionarnos con otras personas para sentirnos queridos/as, divertirnos y disfrutar, tener espacios para hacernos preguntas más profundas como por ejemplo, nuestros valores, nuestra misión en la vida, qué nos gustaría que dijesen de nosotros/as cuando no estemos…

La renovación y el cuidado de todas las dimensiones de la persona es un proceso que nos permite ascender en una espiral de crecimiento (el descuido de cualquier área tiene un impacto negativo en las restantes), de transformación y de aumento de nuestra aportación hacia afuera.

El mundo que habito es el reflejo del mundo que habita en mí.

El cuidado propio debiera aparecer en la lista de nuestras prioridades si queremos dar lo mejor de nosotros/as mismos/as, nuestra mejor versión, a nuestros equipos, a nuestra organización, a nuestra familia…en definitiva, a la Sociedad.

Feliz semana.

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