¿Y tú qué historias te cuentas?

Imaginaros una playa de Hawaii, dos niños jugando en la orilla, llega una enorme ola y los sumerge con fuerza. Los dos consiguen subir a la superficie y alcanzar nuevamente la orilla como pueden. Uno de ellos rompe en llanto y comienza a llamar desesperadamente a su madre, el otro mira nuevamente hacia las olas y empieza a reír a carcajadas (Ejemplo extraído del libro “Poder sin límites” de Anthony Robbins)

¿Cuál es la diferencia entre estos dos niños?

Se supone que ambos han vivido la misma experiencia y han tenido que utilizar los mismos recursos físicos para enfrentarla… ¿entonces?… ¿por qué reaccionan de manera tan diferente?

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En general, cuando nos referimos a la comunicación solemos pensar en la comunicación inter-personal, es decir, en la comunicación “hacia afuera”. Dedicamos tiempo y esfuerzo a las competencias conversacionales o técnicas de comunicación interpersonal para aprender a diseñar conversaciones efectivas, a construir mensajes claros, a escuchar, para mejorar la eficacia del trabajo colectivo, en definitiva, competencias para desarrollar relaciones satisfactorias y obtener buenos resultados.

Pero hay otro tipo de comunicación a la que no siempre dedicamos la misma atención y sin embargo también es de gran importancia a la hora de conseguir las relaciones y resultados deseados.. Se trata de la comunicación que mantenemos con nosotros/as mismos/as, esas historias que nos contamos en nuestro foro interno.

Lo que nos diferencia unos de otros es la manera en la que “leemos” y damos sentido a nuestras experiencias y cómo decidimos comunicarnos, relacionarnos con nosotros/as mismos/as. La diferencia entre los dos niños de la playa de Hawaii está en que cada uno de ellos se hizo una representación propia, en este caso radicalmente distinta, de lo sucedido.

Todo evento es neutro, somos nosotros/as quienes le damos un sentido u otro.

Por ello, a la hora de trabajar esa comunicación “interior” resulta clave indagar en nuestro sistema de creencias.

Por ejemplo, lo que consideramos posible e imposible, determina en gran medida lo que somos capaces o incapaces de hacer:

“Tanto si nos creemos capaces o incapaces de hacer algo, en ambos casos tenemos razón”.

Cuando creemos que no somos capaces de hacer algo, enviamos a nuestro sistema nervioso mensajes constantes que limitan o suprimen nuestra capacidad de alcanzar el resultado. Y lo mismo sucede si creemos lo contrario pero a la inversa.

¿Te has parado a pensar alguna vez el tipo de conversaciones que mantienes contigo mismo/a?

¿Cuál suele ser tu tendencia a la hora de sacar una lectura de los acontecimientos?

¿Te cuentas historias que te potencian o que te limitan?

La PNL (Programación Neurolingüística) estudia la manera en la que los individuos se comunican con ellos mismos y busca identificar y usar modelos de pensamiento que influyan sobre el comportamiento de una persona como una manera de mejorar la calidad y la efectividad de la vida.

Feliz semana.

 

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