Como niñas con zapatos nuevos en París

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“Como un par de zapatos nuevos que a unos producen deleite por su novedad y belleza mientras que a otros aprietan y provocan sólo sufrimiento y ganas de volver al viejo y roto par al que estaban habituados, así fue el país nuevo para los miembros de la familia Karnowsky”.

Precioso símil el que utiliza el escritor Israel Yehoshua Singer en su novela “La familia Karnowsky” (publicada en 1943) para narrar la llegada e integración de tres generaciones de una familia judía, los Karnowsky, en su nueva ciudad, Nueva York. Ilustra con belleza lo que son los procesos de cambio.

Si bien en el caso de la familia Karnowsky la razón del cambio era vital- escapar de la Alemania Nazi para salvar sus vidas-, ello no quitó que algunos de sus miembros, curiosamente los más jóvenes, mostrasen gran resistencia y en consecuencia experimentasen dificultad para adaptarse al nuevo país.

Hay momentos en los que, aun comprendiendo intelectualmente la necesidad de un cambio, incluso deseándolo, nuestros miedos, conscientes o inconscientes, nuestras creencias limitantes, nuestro confort, nuestra necesidad de control, nuestros intereses ocultos… hacen que nos resistamos a él. El resultado de esta postura de cerrazón, negación y oposición, no es más que frustración, irritación, insatisfacción y en definitiva, una dificultad añadida.

Sin embargo, cuando nos mostramos abiertos/as y flexibles ante lo nuevo, dispuestos/as a “surfear” en la incertidumbre, preparados/as para tomarnos con deportividad y humor situaciones incómodas… el resultado es radicalmente diferente. Nos vamos empoderando según vamos superando nuevos retos, crecemos a nivel profesional y personal, ¡disfrutamos de nuestros zapatos nuevos y de aprender a caminar con ellos!

Por supuesto que la teoría es fácil de entender y que probablemente todos/as estemos de acuerdo con ella. ¡Ojo! Nadie dijo que fuera fácil llevarla a la práctica. Y es lógico porque para ello se requiere mucho esfuerzo, energía, cuestionamiento sincero, perseverancia, capacidad de resiliencia, convicción, generosidad, compromiso y responsabilidad.

El viernes pasado pudimos comprobar con uno de los equipos al que estamos acompañando en Paris los resultados de una toma de decisión consciente y valiente a nivel individual y de equipo del “¡vamos allá!”. A pesar de todos los miedos y dudas que mostraron al comienzo, adoptaron una actitud de apertura ante un proceso de cambio y ¡Los frutos que están recogiendo tanto a nivel de equipo como a nivel individual, están siendo extraordinarios!

¡Sí se puede! Compartiendo la emoción del equipo nos dijimos: ¡qué privilegio de trabajo tenemos!

Feliz semana

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