Bajo control

Qué bueno sería poder controlarlo todo y vivir sin sobresaltos ¿verdad? …

Y lo curioso es que aunque sepamos que es imposible, muy a menudo inconscientemente vivimos y nos comportamos en base a esa falsa ilusión. Porque no es más que una ilusión…

Por nuestro trabajo conversamos con muchos directores/as que viven estresados/as y sufren por la imperiosa necesidad de controlar sus planes de gestión, los resultados de sus equipos, el avance de los proyectos/ acciones, los indicadores, la facturación, las ventas, las negociaciones…y es muy comprensible dada la fuerte presión a la que están sometidos/as, en un mercado de alta competición donde existe poco margen de maniobra y un error puede suponer grandes pérdidas.

Podríamos también perfectamente extrapolarlo al plano personal en este ritmo de vida acelerado en que vivimos: muchas veces nos gustaría controlar las emociones y sentimientos, la salud y bienestar de nuestros seres queridos, el tiempo, nuestras relaciones…

Control, control y más control…que no es más que una respuesta a creencias y temores inconscientes hacia lo que pueda pasar, hacia lo desconocido o la incertidumbre, por ese deseo de mantener o proteger lo que es preciado para nosotros/as.

En esa falsa ilusión pensamos que revisando los temas mil veces, llamando y recordando las cosas a las personas (léase también hijos/as, pareja, familiares, amigos/as), dándole mil vueltas en la cabeza a aquello que nos preocupa, estando presentes o disponibles las 24 horas etc. ponemos vayas al campo…pero no existe la seguridad al 100% (las personas que se dedican al mundo de la seguridad siempre trabajan con esa premisa). Lo único que conseguimos son sentimientos y emociones que nos frenan y/o nos dañan: enfado, nervios, irritabilidad, falta de sueño, tristeza, palpitaciones etc.

Como dice esta sabia frase que tanto bien me hizo que me la dijeran hace unos años y que me ayuda tenerla presente:

“Aquello que quieres controlar, acaba por controlarte a ti”.

Por supuesto que es importante y necesario barajar los diferentes escenarios, poner en práctica todos nuestros recursos y medios para superar el máximo de obstáculos y/o evitar errores, pero necesitamos aprender también a transitar en ciertos momentos del Control a la Confianza.

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No se trata de dejar de actuar con responsabilidad y empezar a hacer locuras de repente, sino de atrevernos a soltar de vez en cuando las manos del manillar, a abrir los ojos y los puños en plena bajada de una montaña rusa, a abandonarnos a la corriente del río, a hacer el ridículo y a cometer errores…como ciertas artes marciales predican, aprovechemos la fuerza del enemigo en vez de resistirnos o ir contra ella.

Nos sorprenderíamos de todas las cosas buenas que pueden suceder y que no las habíamos barajado, de cómo cambian la calidad de nuestras relaciones, de las nuevas personas y oportunidades que aparecen en escena y comprenderemos que confiando en nosotros/as mismos/as, en nuestros equipos/los demás y en la vida conseguimos más y mejor (sentimientos y emociones más livianos y agradables).

Una vaca se come poco a poco ¿verdad? …este fin de semana puede ser un buen momento para empezar a dar pequeños pasos en ese tránsito del Control a la Confianza.

Feliz fin de semana.

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