Aprendiz en la Polinesia Francesa

“N’attends pas que les événements arrivent comme tu le souhaites ; décide de vouloir ce qui arrive et tu seras heureux ». 

(“No esperes que los evento ocurran como deseas; decide querer lo que te llega y serás feliz”). (Manual de vida de Epicteto).

Mi estancia entre finales de Julio y comienzos de Agosto en la Polinesia Francesa, si bien fue corta, me aportó mucho. Me doy cuenta ahora con la distancia, que fue más de lo que entonces pensé. Y no me refiero únicamente a sus paisajes, playas y fondos marinos de ensueño que las palabras no alcanzan a describir sino a algo más profundo.

Visité varias islas del Archipiélago Sociedad (la Polinesia Francesa está compuesta por 5 archipiélagos así que sólo vi una pequeña muestra) y de ellas traje en mi mochila la amabilidad de la gente, las caras sonrientes cuando te hablan, los buenos días y buenas tardes que las personas te dedican cuando te cruzas con ellas -incluso las niñas y niños!-, la alegría en el ambiente, el oír risas constantemente (increíble que llegue a sorprenderme esto), los delicados movimientos de los brazos y manos de las mujeres al bailar, el sonido del ukulele, los collares y coronas de flores que te regalan en forma de bienvenida y también los estragos que puede causar la colonización a varios niveles en una sociedad…

Pero son dos los principales aprendizajes o reflexiones que me vienen cuando pienso en mi experiencia en La Polinesia Francesa: la diferente noción del tiempo y la aceptación, que no resignación, del momento o situación.

Mi impresión fue que el tiempo se paraba al llegar a aquellas preciosas islas o, al menos, transcurría a un ritmo más natural…no tan acelerado y alborotado como al que estamos acostumbrados/as en nuestro día a día. El decelerar el ritmo, además de proporcionarme mucha serenidad, me hizo tomar más consciencia de la actividad frenética (¡hacer, hacer, hacer!) y publicación instantánea de todo lo que hacemos (redes sociales, teléfono etc.) al que estamos sometidos/as en nuestra rutina (como hámster corriendo en ruletas)… y el poco espacio que damos al “aburrimiento”, a “perder el tiempo”, a “estar”, a “escuchar nuestro interior”, “a contemplar”, a “sentir”…(actividades no muy valoradas socialmente).

Y la aceptación de la vida tal como llega, sin gastar energías en luchar contra lo que no depende de nosotros/as o no está en nuestras manos.

En las islas hablé con muchas personas de edades diferentes, cada una con su historia, algunas de ellas muy duras, y me sorprendió la tranquilidad, sin que apareciera la queja, con la que me decían que intentaban vivir de la mejor manera posible la situación en la que se encontraban, poniendo mucho de su parte y buscando las soluciones que estuviesen a su alcance…porque si no sería un sin vivir y la vida, a pesar de sus dificultades y sinsabores, merece la pena vivirla y disfrutarla (sólo tenemos una aunque se nos olvide).

Pausa, Espera, Paciencia y Aceptación… habilidades que solemos trabajar en los procesos de coaching ya que, parece que en nuestra sociedad de la inmediatez y del hiperactivismo hemos ido perdiendo entrenamiento.

Dedico este post a Tepaiaha y Chantal en agradecimiento a todo lo aprendido a su lado en la isla de Huahine: Mauruuru!

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Y para volver de las vacaciones con buena energía, os dejo con esta canción Brasileña “O que é o que é”  sobre la belleza de ser un eterno aprendiz…

¡Feliz vuelta!

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