¿Cuánto duran las primeras impresiones?

En algunas de las últimas formaciones y sesiones de coaching hemos trabajado conceptos como la distinción entre hechos y juicios, las creencias, la confianza como base de las relaciones en el equipo… que nos han llevado a debates muy interesantes sobre las primeras impresiones que nos creamos de las personas (las etiquetas que les colocamos en cuestión de segundos) y cómo éstas influyen en nuestras relaciones, en nuestras actuaciones y en la confianza.

Le he estado dando muchas vueltas al tema de las primeras impresiones ya que próximamente voy a realizar un viaje en el cual visitaré por primera vez nuevos países y conoceré nuevas personas. Y, ante tanta novedad, estaré confrontada a centenares de primeras impresiones.

¿Debemos fiarnos de nuestras primeras impresiones?

Sí y no…en el equilibrio está el secreto, como en casi todo.

El siguiente vídeo de psicología social trata este tema.

A continuación transcribo algunas ideas y conclusiones que en él se explican:

Nos creamos primeras impresiones sobre las personas en función de algunos de sus comportamientos. Somos capaces de hacer inferencias sin esfuerzo, atribuyéndoles rasgos de carácter por un único y pequeño comportamiento.

Las primeras impresiones son muy importantes y necesarias para poder prever cómo actuarán las personas en el futuro. Pero ¡ojo! porque los estudios de psicología social demuestran que en general la información negativa (comportamientos que tachamos como negativos) tiene más impacto que la positiva en las impresiones que nos creamos. Pareciera que los “comportamientos inmorales” fuesen más reveladores del carácter de una persona que otros de sus comportamientos buenos.

Sin embargo, estos estudios también dicen que no siempre se sigue este patrón en el que lo malo pesa más que lo bueno. Por ejemplo, cuando se trata de evaluar habilidades y competencias de una persona, la información positiva tiene más peso que la información negativa.

En definitiva, cuando se trata de formarse primeras impresiones, en nuestro cerebro los comportamientos percibidos como menos frecuentes acaban teniendo más peso: comportamientos inmorales y habilidades extraordinarias.

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Es como si nuestro cerebro estuviese permanentemente llevando a cabo un seguimiento estadístico de los comportamientos y haciendo un balance sobre la frecuencia en la que estos ocurren en su cotidianidad para tomar decisiones respecto al carácter de la otra persona:

¿Es el comportamiento de esta persona típico o fuera de lo ordinario para mí?

En general, las personas estamos más acostumbradas a que la gente sea buena y ayude, por eso, un mal comportamiento puede tener más peso ya que lo bueno nos resulta más abundante.

Piensa ahora…¿la última vez que cambiaste de parecer respecto a una persona fue por algo que esperabas que hiciese o porque estuvo fuera de lo ordinario?

Feliz fin de semana.

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