Creer para ver

¿Cuántas veces hemos oído o empleado la frase “yo como decía Santo Tomás…Ver para creer”?

Cantidad ¿verdad?

Necesitamos buscar explicaciones lógicas, datos evidentes, que expliquen lo que sucede a nuestro alrededor para sentirnos seguros/as.

Pero entonces, ¿cómo hacemos cuando nos enfrentamos a algo totalmente nuevo? ¿diferente de lo que hasta ahora hemos venido haciendo?

Sin título

La semana pasada tuvimos la fortuna de compartir reflexiones e interesantísimos debates con Adolfo Jarrín y participantes de varias organizaciones punteras vascas alrededor, entre otras cosas, de la necesidad de revisar nuestros sistemas de creencias, tanto de las personas que lideran las organizaciones como del sistema humano que es la organización, si queremos llevar a cabo procesos de transformación cultural exitosos que den respuesta a las nuevas y crecientes necesidades a las que se enfrentan las organizaciones.

Nuestras creencias (potenciadoras como limitantes, conscientes como inconscientes) definen nuestra visión del mundo, nuestros deseos, miedos, expectativas y por lo tanto, nuestra conducta.

Podríamos afirmar, pues, que todo acontecimiento es neutro. Somos nosotros/as, a través de nuestro sistema de creencias, quienes le dotamos de un significado u otro.

Ahí entendemos que somos protagonistas de nuestro destino y no espectadores de consecuencias.

Entonces…la frase debería ser al revés: “Creer para ver” y no “Ver para creer”.

De hecho, ya hay trabajos de investigación de algunos científicos que van en esta línea. El biólogo celular estadounidense, Bruce Lipton, que en el 2006 causó un revuelo en el mundo científico tras su libro “La biología de las creencia”.

Bruce Lipton argumenta que los seres humanos no están determinados por sus genes como se creía, sino condicionados por el entorno y sobre todo por sus “creencias”, lo que los convertía en dueños de su destino:

 “Nos han hecho creer que el cuerpo es una máquina bioquímica controlada por genes sobre los que no podemos ejercer ninguna autoridad. Eso implica que somos víctimas de una situación. (…) Y un experimento que hice en esa época cambió la idea que tenía del mundo. Cogí tres grupos de células y las puse en tres placas, y cambié el medio de crecimiento y los componentes del medio ambiente en cada una de ellas. Luego verifiqué que en una de las placas se formó hueso, en otra músculo y, en otra, células liposas. ¿Qué fue lo que controló el destino de cada una de ellas si eran genéticamente idénticas? Eso demuestra que los genes no lo controlan todo, es el ambiente. El ser humano es el que controla, dependiendo de cómo lee el ambiente, de cómo su mente lo percibe. La conclusión es que no estamos limitados por nuestros genes, sino por nuestra percepción y nuestras creencias”.

Ya lo dijo Henry Ford… “Tanto si crees que puedes como si no, tienes razón”

Feliz fin de semana

Os dejamos este capítulo del programa “Redes” titulado “Creer para ver” por si tenéis tiempo este fin de semana:

https://www.youtube.com/watch?v=eabhBPr17Tk

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