Instrucciones de seguridad

Este año me ha pillado de sorpresa el Otoño. Creo que porque durante el espléndido mes de Septiembre que llega a su fin, el verano parecía ser interminable.

Tomé conciencia de la llegada de la nueva estación bañándome en el mar, el fin de semana pasado, al extrañarme de lo “fresquita” que estaba el agua en comparación con el fin de semana anterior. “Es que ya estamos entrando en otoño” comentaron dos amigas que nadaban cerca de mí.  “Claro…” –pensé sorprendida de repente.

22 de Septiembre: el Otoño está aquí.

Desde entonces, he estado pensando…¿Cuál es la función del Otoño?…prepararnos para el Invierno, entre otras.

Después de unos meses de Primavera- Verano donde nuestro foco suele estar sobre todo en el exterior, el Otoño puede facilitar una mirada hacia el interior: observarnos cómo estamos, con qué estamos a gusto (aspectos a cuidar), qué no nos gusta tanto (lastres a soltar, aspectos a seguir desarrollando o a empezar a trabajar), qué necesitamos, etc.

En estas reflexiones sobre la importancia de mirarse, de tomarse el pulso, como primer paso para el cuidado y desarrollo tanto personal como profesional, cayó en mis manos uno de los múltiples suplementos del fin de semana donde me encontré con el artículo “El egoísmo ético” de Richard Vaughan: (Suplemento de Expansión “Fuera de serie”)

“(…) Por lo tanto, su primera responsabilidad como ser humano es velar por su propio bien y no decaer en este empeño aunque le cueste toda la vida lograrlo (…) ¿Cómo sería el mundo hoy en día si cada ser humano fuera una persona equilibrada y satisfecha con su condición en la vida? (…) cuantas más leguas adelantemos en esta caminata, más contribuiremos al bien común. Por lo tanto, cultive con amor y esmero todo lo propio: su formación, sus competencias, sus capacidad de resistencia, su capacidad para congeniar con los demás, su discreción, su determinación, su imaginación, su equilibrio psíquico, su lealtad hacia otros que la merecen, su paciencia, su persistencia, su independencia, sus recursos, su inventiva, su empatía, su sinceridad, su imparcialidad y, por último, su capacidad para la fría y serena observación”.

Podríamos perfectamente aplicar esta misma reflexión al trabajo con equipos.

En los procesos de coaching de equipo, acompañamos a los equipos en el desarrollo de su rendimiento colectivo para que el resultado del conjunto supere con creces el potencial de la suma de las partes. El foco está, por lo tanto, en lo colectivo pero ¡ojo!  que no sea a costa de los elementos que componen el sistema.

“(…) La falta de respeto por el generoso que no cuida de sí está muy extendida, es casi universal”.  (“El egoísmo ético” de Richard Vaughan).

Creemos, pues, necesario que el proceso de desarrollo de un equipo se acompañe, se acompase, con el cuidado y desarrollo de los miembros que lo componen para que sea exitoso.

Lo ilustran perfectamente las instrucciones de seguridad de los aviones: “En caso de despresurización de la cabina póngase primero usted la mascarilla para poder ayudar a los demás”.

¡Buen vuelo de fin de semana!

Sin título

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