No hay como preguntar a la gente.

¿Os imagináis ir a un bar a la hora del desayuno y que nos sirvan un café con leche automáticamente, dando por hecho que es la bebida que más nos conviene a esta hora o simplemente porque es una bebida genial?

¡Sería interesante observar las reacciones!

A mí por lo menos, me gusta que me pregunten sobre los temas que me incumben.

Este ejemplo en el plano personal resulta absurdo y la respuesta es obvia, pero cuando lo extrapolamos a otros ámbitos como el de las organizaciones y la comunidad, lo que parece ser tan lógica ya no parece no ser tan “de cajón”.

Cuántas veces se toman decisiones en las organizaciones sobre temas que van a tener un impacto en un grupo de personas sin preguntarles a ellas (empleados/as, ciudadanos/as, pacientes, consumidores, alumnos/as…) por razones como:

La falta de tiempo –“Lo más rápido y sencillo es que lo decidamos en el equipo de dirección y después lo comunicamos directamente a toda la plantilla”– olvidándosenos que nadie persigue un sueño ajeno, que es importante que las personas puedan opinar y contribuir a un plan si queremos que se adhieran a él.

La falta de energía o recursos – “¡Cómo vamos a movilizar a tanta gente!”

Creer saber lo que más conviene a ese grupo de personas (aunque no se viva ni se conozca su trabajo/situación/necesidades en detalle).

Sencillamente, no haber caído en la cuenta de que se puede preguntar a la gente – “Aquí nunca hemos hecho eso…”.

Por no crear expectativas- “Cuidado…mejor no preguntar nada que si no la gente se viene arriba, empieza a pedir cosas, quiere cambiar todo y ¡a ver luego cómo gestionamos eso!”

 

Eso sí, proclamamos en todos los foros que las personas son el centro de las organizaciones y de la sociedad, que es importante contar con ellas, que la diversidad es una riqueza etc. Y nos sorprende si no se adhieren a los proyectos de manera incondicional y con todo su entusiasmo y ganas. Recuperando el símil inicial, sería como si se esperase de mí que me tome el café con leche con una sonrisa, dando efusivamente las gracias, hablando bien de ello a los demás clientes aunque no digiero bien la leche de vaca y haya pedido varias veces un café sólo sin azúcar.

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Afortunadamente, paulatinamente (las transformaciones llevan su tiempo) estamos observando cambios:

Cada vez son más las organizaciones que nos solicitan sesiones de participación/consulta con empleados/as para conocer y recoger sus ideas, opiniones, sugerencias, propuestas etc. sobre temas como: la estrategia de la empresa (Misión, Visión y Valores, Planes de Negocio y de Gestión…), cómo implantar nuevos sistemas/metodologías/proyectos, buscar soluciones a problemáticas de funcionamiento y relacionales, diagnósticos culturales en donde se pregunta la opinión a la totalidad de la plantilla… ¡Es muy potente lo que sucede cuando varias personas se ponen a crear juntas!

 “No hay como preguntar a la gente”- decía un cliente nuestro al recibir toda la información obtenida en el diagnóstico cultural de su organización.

También nos parecen muy valiosas las redes de colaboración público-privadas (ayuntamientos, diputaciones, empresas, universidades etc.) que se están fomentando para transformar las ciudades y crear espacios de convivencia común y aprendizaje. Hay proyectos muy interesantes actualmente. Nombramos, entre otros, dos de ellos donde a través de consejos/ grupos de trabajo se pregunta directamente a los niños/as y las personas mayores, como ciudadanos/as que son, para integrar sus necesidades y su mirada a la hora de repensar la vida en las ciudades y las políticas:

La Red UmHerri de Euskadi (Red Ciudades de la Infancia de Euskadi)

Euskadi Lagunkoia (Red de Ciudades amigables con las personas mayores)

Todo lo que acabamos de mencionar, además de llenarnos de esperanza y motivarnos, da sentido a nuestro trabajo.

Feliz fin de semana.

 

Benditas terrazas

No hay como venir a una terraza o velador (como las llaman mis tías y palabra que me encanta) a escribir cuando no se tiene inspiración. Y el mes de Julio, con el comienzo del verano y de muchas jornadas intensivas, se presta a ello.

No hay más que instalarse cómodamente en una mesa, pedir algo fresquito y empezar a observar. Eso sí, se necesita tiempo, tranquilidad interior a ser posible y grandes dosis de curiosidad (¿no decía algún estudio reciente que mantener despierta la curiosidad alargaba la vida?).

He vivido cosas increíbles en terrazas (algunas de ellas graciosísimas y curiosísimas), tal vez por eso sean un lugar que me guste tanto, me predisponen al “a ver qué pasa”.

Y es que instalados/as en una terraza, de repente tenemos la posibilidad de “visitar” diferentes universos, vidas, situaciones:

Escuchamos conversaciones a veces interesantes, a veces sorprendentes, a veces aburridas, conversaciones a medias que nos dan pie a imaginar LA película en nuestra cabeza.

Asistimos a un desfile de la moda de temporada, y si además nuestra terraza se encuentra en el extranjero, observamos tendencias muy diferentes y curiosas (aunque desafortunadamente la globalización nos está uniformizado cada vez más).

Presenciamos pedacitos de relaciones.

Observamos las ¡tantas y cada una de ellas única! formas de caminar: las hay graciosas, desgarbadas, torpes, atractivas, de “hola qué hay”, divertidas, las que pasan desapercibidas, rápidas, lentas…

Hay personas absortas en sus teléfonos, de cuerpo presente pero sin ser conscientes de todo lo que está sucediendo a su alrededor (parece que no se percatarían demasiado si las tele trasportásemos a otro lugar).

Asistimos a un concierto de sonidos variopintos: música, coches, pitidos, gritos, ladridos de perros, teléfonos, palabras sueltas en el aire, pájaros, la brisa…

¡Tantas cosas suceden en las terrazas! ¡El/La que se aburre es porque quiere!

En las terrazas somos, sencillamente, testigos del transcurrir de la vida, del aquí y el ahora que es irrepetible.

Me gusta la idea de ofrecer “Cupones de horas de libre disfrute en terrazas” en las organizaciones como vía para desarrollar paciencia, tranquilidad, curiosidad, disposición de apertura, capacidad de observación, imaginación…

¿Y veis el efecto de un rato en una terraza?…sin darme casi cuenta, acabo de escribir este post ligerito para empezar a ponernos en modo verano 😉

Feliz fin de semana veraniego.

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¡Salta conmigo!

En la actualidad tenemos la fortuna de estar trabajando con varios equipos de distintas organizaciones (sectores, niveles jerárquicos e incluso países diferentes), lo cual está siendo sumamente enriquecedor.

Se trata de equipos que se encuentran en fases diferentes de desarrollo pero en algún momento u otro, los miembros de cada uno de estos equipos se han tenido que hacer la pregunta clave para dar el salto cualitativo que representa pasar de funcionar como un grupo, a funcionar como un equipo:

¿Cuál es mi grado de compromiso para con mi equipo y para con el proceso de desarrollo que hemos iniciado juntos/as?

O dicho de otra manera:

¿A qué estoy jugando realmente en este equipo/ proceso? ¿Estoy jugando a ganar?, ¿Estoy jugando tal vez a mantener?, ¿Juego a perder? o acaso ¿Juego a no jugar?

La cuestión es que llega un momento en que si realmente queremos conseguir resultados de rendimiento significativos, convertirnos en un equipo cohesionado y hacer que el trabajo colectivo sea satisfactorio, las medias tintas no valen.

No vale tocar todos los días el agua de la piscina con la punta del pie y decidir, según su temperatura y mi ánimo, si ese día salto al agua.

Se necesita una decisión y declaración, individual y colectiva, consciente:

  • Quiero jugar a ganar con estas personas que componemos el equipo.
  • Tomo el riesgo y me lanzo a la piscina confiando que haya agua.
  • Pongo toda mi energía, buena voluntad, tiempo, disposición y recursos personales en este proceso de desarrollo con mi equipo.

Cuando todos los miembros de un equipo deciden conscientemente que es su responsabilidad hacer que el trabajo colectivo sea una experiencia satisfactoria y el alcanzar resultados con un impacto importante para la organización (exigencia individual y mutua), se produce un cambio casi mágico. El salto es exponencial.

El rendimiento del equipo es exponencialmente superior a la suma de los rendimientos individuales de las personas de un grupo.

A menudo, cuando la experiencia del trabajo en equipo es negativa, solemos culpar al líder como si él/ella fuera el/la único/a responsable. Pero la realidad es que todos/as tenemos parte de responsabilidad ya que la esencia del trabajo en equipo es la responsabilidad compartida, el compromiso compartido.

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Algunas personas no consiguen nunca tomar esa decisión (no consiguen creer; confiar al fin y al cabo), y ello se refleja en los resultados y en la calidad, más bien mediocre, de las relaciones y conversaciones de sus equipos. Sin embargo, si las personas deciden poner toda la carne en el asador (a todos los niveles), los resultados y la calidad de las relaciones/conversaciones que solemos presenciar en las sesiones de trabajo con dichos equipos son excepcionales. Es un verdadero lujo trabajar con ellos.

“Nos lo hemos creído. Y ahora somos un equipo” fue lo que uno de los miembros de un equipo respondió cuando les pedimos que echasen la vista atrás y resumiesen el proceso de desarrollo como equipo que han recorrido en estos últimos dos años.

Podríamos extrapolar perfectamente esto que acabamos de comentar sobre los equipos en el trabajo, a los equipos de los que también formamos parte en nuestras vidas privadas:

¿A qué juegas tú con tu familia, en tu relación de pareja, con tus amigos/as, en las actividades/ proyectos privados que emprendes? ¿Cuál es tu grado de compromiso? ¿Cuánto te lo crees?

Somos nosotros/as mismos/as los/las que con nuestra manera de ver la realidad, nuestros comportamientos y las decisiones/compromisos que tomamos quienes determinamos la calidad de nuestras relaciones y los resultados que obtenemos.

 Feliz fin de semana

¿A qué dedicas tu tiempo?

¿Qué es a lo que más tiempo dedicas en tu vida actualmente?

Se sincero/a..

La conversación fue construyéndose alrededor de esta pregunta en una reciente cena con amigos/as, cuando uno de nosotros comentó lo difícil que le parecía cambiar hábitos y horarios de su rutina para “encajar” actividades como el deporte, la meditación etc.recalcando que los consideraba importantes y necesarios para mejorar su vida.

Tu prioridad es aquello a lo que dedicas más tiempo. Aunque en algunos casos no sabes muy bien porqué le dedicas tanto tiempo a cosas a las que precisamente te gustaría dedicarte algo menos… inconscientemente (por creencias, miedos…) le darás prioridad ante otras actividades.

Para aclararnos las ideas, nos parece un buen ejercicio pararnos de vez en cuando para reflexionar sobre las áreas más importantes en nuestras vidas (por ejemplo: trabajo, estudios, familia, amigos, sociedad/comunidad, hobbies, bienestar físico, emocional, espiritual, etc.) y el grado de atención que les prestamos. Tomar conciencia de la conexión entre la importancia que otorgamos a dichas áreas y la cantidad de tiempo y energía que les dedicamos – la cantidad de atención que prestamos a las personas y proyectos de nuestra vida-, nos puede ayudar a evaluar si deberíamos hacer algunos ajustes, para no dejar de lado lo que verdaderamente nos importa en nuestra vida.

Os proponemos este sencillo ejercicio del libro “Total Leadership” Stewart D. Friedman para este fin de semana.

Se llama The Four- Way Attention Chart:

Área de tu vida Importancia Tiempo y atención
Trabajo/carrera/estudios % %
Familia % %
Amigos/as/ sociedad/comunidad % %
Bienestar propio: físico, emocional, espiritual % %
  100% 100%

 

En la primera columna escribe las principales 4 áreas en tu vida (puedes ver un ejemplo en la tabla arriba).

A continuación, rellena la segunda columna asignando un porcentaje de importancia a cada una de dichas áreas asegurándote de que la suma dé 100.

Finalmente, en la tercera columna, indica cuánto tiempo y energía dedicas actualmente a cada área (en una semana típica). Una vez más, asegúrate de que la suma de los 4 porcentajes dé 100.

¿Cuáles son las consecuencias de la gestión que haces realmente de tu tiempo y energía en los 4 dominios más importantes de tu vida?

 ¿Te gustaría ajustar/modificar alguno de esos 8 porcentajes que has indicado en la tabla? ¿Cuál?

 ¿Qué necesitarías para hacer dichos ajustes/modificaciones en tu vida? ¿Qué conllevaría hacerlo? ¿Quieres realmente hacerlo?

Feliz fin de semana.Captura de pantalla 2017-06-09 a las 12.38.28

¿TÚ QUÉ VES?

“-Veo, veo

-¿Qué ves?

– Pues en general mucho gusano y poca mariposa “ (micropoema de Ajo)

 Las respuestas de este juego, al que habremos recurrido en algún viaje largo para entretener a los niños/as, pueden ser muy variadas y eso es, precisamente, lo bonito.

Nos fijamos en cosas diferentes según nuestra edad, nuestros intereses, nuestro estado de ánimo, nuestra cultura, nuestra capacidad de observación, nuestras creencias (nuestro modelo mental)… En definitiva, según las gafas con las que miramos el mundo y a los demás.

No hay dos gafas iguales, al igual que no hay dos personas iguales. Aunque pareciera que, en general, graduamos nuestras lentes más bien para agrandar lo malo que lo bueno.

Por ello, os proponemos un juego para este fin de semana.

Aquí van las reglas:

Cuando salgas a la calle, en vez de focalizarte en cosas desagradables, feas o molestas que vayas viendo (personas gruñonas, olor a pis, respuestas maleducadas, una persona echando basura al suelo en vez de a la papelera, insultos gratuitos entre conductores/as, portadas en el quiosco anunciando nuevos casos de corrupción o atentados, asientos sucios en el transporte público…), haz un ejercicio consciente de fijar tu atención en cosas bonitas y agradables (el color del cielo, la naturaleza, la fachada limpia y recién pintada de un edificio que antes te pasaba desapercibido, el olor de ese perfume que te encanta al sentarte al lado de una persona en el metro, un chico joven ayudando a subir la maleta a otro hombre ya mayor, ese rayo de sol que ha salido de entre las nubes y que te calienta la espalda hasta los huesos, las flores en los balcones…).

Estate al acecho de lo bello y de la sorpresa cual investigador/a privado/a allá por donde pases, y vete sacando “fotos” agradables en tu mente.

Juguemos más a menudo a enriquecer nuestro álbum particular aumentando el número de “fotos” positivas de nuestro día a día ya que nos puede ayudar a construir una imagen diferente del mundo y de nuestra rutina.

¿Empezamos?

“-Veo, veo…

 -¿Qué ves?”

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Feliz fin de semana.

 

¡HELP!

“Si precisas una mano, recuerda que yo tengo dos” (San Agustín)

  • “¿Me ayudas?” – me preguntó el hijo de una amiga mirando a los cordones sueltos de sus zapatillas.
  • “¡Claro cariño!”- le respondí contenta de poder ayudarle..

Mientras me agachaba tomé conciencia de la naturalidad con la que viven los niños/s el pedir ayuda. Precisamente, esa misma mañana, había mantenido una conversación con otra amiga sobre la dificultad para ello…pero claro, nos referíamos a los adultos/as.

¡Qué grandes lecciones nos dan los niños/as! ”Tienen una lógica aplastante” solemos decir, pero…

¿Qué nos pasa con el pedir ayuda según vamos creciendo? Pareciera que nos vamos forjando unas cuantas creencias, generalmente limitantes, al respecto:

Pedir ayuda es mostrar mis limitaciones, es mostrarme vulnerable. La vulnerabilidad es negativa porque me pueden herir.

Pedir ayuda es depender, conlleva rebajarme.

Pedir ayuda es tener una deuda con la persona que me ayuda.

Pedir ayuda es mostrar que no sé, que no puedo, reconocer y admitir que tengo un problema.

Pedir ayuda es quedar como tonto/a, como débil, es no ser capaz.

Pedir ayuda es molestar a las personas.

Puede que estas creencias nos estén privando de las ventajas de pedir ayuda. En ocasiones gastamos grandes cantidades de energía y esfuerzo en hacer cosas que con ayuda costarían mucho menos.

La cuestión es que todos/as somos interdependientes (en nuestro equipo de trabajo, en la familia…en la sociedad en general), es inevitable, aunque no nos guste y en ocasiones nos comportemos en base a una falsa ilusión de independencia y autonomía total (sólo vemos clara la interdependencia en el caso de los niños/as, los/las mayores o las personas con alguna enfermedad).

Pedir ayuda no es fracaso, dependencia ni inferioridad. Tiene más que ver con el reconocimiento de nuestras limitaciones (todos/as las tenemos y a cualquier edad) la humildad y la valentía.

Y no olvidemos que a la mayoría de las personas brindar ayuda nos gusta y nos hace sentir bien. Nos hace más humanos, nos acerca, establece y refuerza vínculos y nos hace sentir que somos parte de algo más grande… Además ganamos tiempo, eficacia y energía, evitamos agobios, preocupaciones y cansancio.

¡El abrir un espacio para que otras personas nos ayuden puede ser maravilloso!

Qué bonita y sabia la respuesta de los Neozelandeses al “Thank you”: “Happy to help!” (generalmente acompañado de una sonrisa).

¿Qué tal si dejamos de lado miedos, orgullos, egos y vergüenzas y empezamos a pedir y ofrecer ayuda? Más allá de resolver una situación puntual nos pueden sorprender los beneficios sobre nuestras relaciones y bienestar que conlleva.

Feliz fin de semana

Nos despedimos con este poema de Mario Benedetti:

http://www.poemas-del-alma.com/hagamos-un-trato.htm

 

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PASCUA EN PARIS

Durante estas vacaciones de Semana Santa en París he hablado mucho con amigos/as sobre las elecciones francesas y el ambiente que se vive en la sociedad gala actualmente. Y partiendo de este tema, que está a la orden del día como es natural, acabábamos conversando sobre otros como el futuro (el panorama internacional no es muy halagüeño que digamos), las emociones y reacciones humanas, la importancia de aprender a conectar más a menudo con esa “brújula” que todos/as traemos de serie aunque funcionemos la mayor parte del tiempo en modo “automático”, en definitiva, sobre la necesidad de desarrollar la conciencia colectiva si queremos contribuir a una transformación social.

Estas conversaciones de Pascua me han hecho reflexionar y tomar conciencia de las muchas acciones de generosidad y de conexión consciente entre personas que se dan, y en las que participo, en mi pequeño entorno. Como por ejemplo:

Hemos podido pasar unas estupendas vacaciones en familia en París gracias a que amigos Parisinos nos prestaron su apartamento, mi hermano y su familia numerosa van a intercambiar casas con otra familia francesa durante las vacaciones de verano, recientemente una amiga artista nos ha regalado generosamente su excelente trabajo en agradecimiento por la intensa experiencia compartida en una formación que organizamos en Marzo, una red internacional de mujeres nos pusimos de acuerdo (con diferencias horarias de por medio) para hacer una meditación colectiva y enviar nuestra fuerza a una amiga común que estaba enferma…

Aunque pensemos que nuestro círculo de influencia es demasiado pequeño, estamos convencidas de que todos/as podemos contribuir a un cambio de actitud, de modo de hacer las cosas y de relacionarnos tanto en la sociedad, como en nuestras familias, como en los equipos en los que trabajamos.

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Se trata de una decisión consciente. No siempre es fácil, ya que actuar de manera coherente en ocasiones no es el camino más sencillo pero sin duda es el más satisfactorio.

Precisamente, reflexionamos al respecto con el equipo al que tenemos la suerte de estar acompañando en un proceso de coaching aquí en París:

“La satisfacción empieza a nacer en un equipo justo desde el momento en que sus componentes se comprometen a buscarla….Las quejas no hacen más que alimentar los sentimientos de miedo, frustración y rivalidad. Pero en cambio, en el momento que un equipo decide que es su responsabilidad hacer que los miembros del mismo se sientan satisfechos y disfruten de la experiencia del trabajo conjunto, se produce un cambio casi mágico que abre las puertas a la posibilidad de una mayor satisfacción.

Curiosamente, a menudo, cuando la experiencia de trabajo en equipo ha sido mala, se culpa al líder como si él fuera el responsable principal de los resultados del equipo. Pero la realidad es que la idea de “mal equipo” implica en sí misma un componente de fracaso personal ya que la esencia del trabajo en equipo es la responsabilidad compartida. 

En definitiva, la clave para mejorar el nivel de satisfacción de un equipo está en llamar la atención de los componentes sobre el hecho de que son ellos mismos los que con su forma de ver la realidad y su comportamiento determina la calidad de la experiencia del trabajo en común” (“Sabiduría de los equipos” de Jon R. Katzenbach y Douglas K. Smith).

Y para terminar nos gustaría celebrar (¡celebremos siempre!) con todos vosotros/as los 3 años que cumplimos este mes de Abril compartiendo nuestras reflexiones en nuestro blog “Episodios Equilia”: Santé!

Feliz fin de semana.

 

Elogio a los encuentros breves

“Yo ya no hago ningún esfuerzo por relacionarme con las personas que llegan al departamento… porque si sólo se van a quedar algunas semanas o meses…¿para qué abrirme, hablar, preguntar, interesarme? Es demasiado trabajo y energía para tener que volver a empezar cada vez…”

Escuchamos frases similares a ésta en una sesión de reflexión colectiva que facilitamos con un equipo hace poco, al debatir sobre el tipo y tono de las relaciones existentes entre sus miembros. Pueden parecer argumentos lógicos cuando sabemos que dicho departamento ha pasado por un periodo de cierta rotación de personal. Un mecanismo de protección incluso…

Al decidir, consciente o inconscientemente, cerrarnos a las relaciones, no vemos a las personas que tenemos en frente y por lo tanto no hay posibilidad de conexión. Me refiero a una conexión auténtica entre dos seres humanos y no a la conexión entre funciones o “roles” dentro del equipo. ¿Y si nos estuviéramos perdiendo a una extraordinaria persona aunque sea por un breve periodo?

Precisamente, una de las cosas que la experiencia de viajar sola alrededor del mundo durante el 2016 me enseñó, fue que la actitud de apertura (hacia las diferentes culturas, hacia las personas con las que me iba encontrando- y ¡fueron muchas! – hacia las diferentes situaciones en las que me encontraba, hacia la vida en general) nos puede traer personas, sensaciones, momentos maravillosos e irrepetibles.

Y no depende del tiempo que pasamos juntos/as. Si realmente estamos abiertos/as a establecer una conexión sincera y auténtica, una conversación o un encuentro de pocas horas puede marcarnos a tal punto que lo recordemos durante mucho tiempo después (traté en cierta manera este tema en “Conversaciones en la Isla de Pascua”).

Fue exactamente lo que me sucedió con Teresia Teaiwa  en Wellington (Nueva Zelanda) el pasado mes de Agosto 2016.

Conocí a esta extraordinaria mujer a través de otra extraordinaria mujer, Chantal Spitz , con la que a su vez conviví durante 4 días en Polinesia Francesa y que fue quien nos puso en contacto.

Con Teresia no pasamos más que un día juntas. Me abrió las puertas de su casa y de su familia durante ese día, pero sobre todo me abrió una ventana a una antiquísima e interesantísima cultura de Oceanía, al Pacífico, al Arte del tatuaje en la Polinesia, a la lucha por los derechos de las mujeres en aquellas lejanas y para nosotros/as desconocidas tierras que son las Antípodas. No sólo tuve la suerte de conocer a un ser excepcional (el mundo necesita más personas así) sino que además hoy no puedo medir todo lo que aprendí con y a través de ella.

Desde Agosto 2016 he recordado en numerosas ocasiones aquel día en Wellington, aquellas cálidas conversaciones con su familia, su sonrisa, su mirada inteligente, su voz y su pausada manera de hablar, su dulzura y su aplomo al mismo tiempo…fue inmediato el cariño y la admiración que sentí por ella.

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Así que SÍ… sí es posible y sí merece la pena hacer el esfuerzo por conocer nuevas personas (nuevos universos), aunque sólo sea por unas horas.

Reivindico la apertura a lo inesperado, a nuestra capacidad de sorprendernos, a lo diferente, a las personas (independientemente de su raza, credo o nacionalidad).

Por todo ello, y por lo afortunada que me siento de haberla conocido en vida aunque fuese fugazmente, dedico este post a Teresia Teaiwa con todo mi amor, rindiéndole tributo y mi último adiós ya que el pasado 21 de Marzo falleció, demasiado joven, en Wellington después de haber luchado contra un cáncer fulminante.

Gracias por todo y hasta siempre compañera.

Os dejo con estos preciosos poemas sonoros de la poeta y reputada académica Teresia Teaiwa:

Feliz fin de semana.

Solo son opiniones

Los niños/as no paran de pedirnos nuestra opinión cuando están aprendiendo algo nuevo: “Mira cómo ando en bicicleta!” , “Mira cómo salto”, “Mira cómo dibujo” etc.

…pero algo pasa a medida que vamos creciendo que nos volvemos más reticentes a pedir la opinión, ayuda o consejo de las personas de nuestro alrededor.

Puede que con la edad se acentúe nuestro sentido del ridículo, puede que tenga que ver con nuestras creencias sobre la crítica y nos cueste despegar lo que somos de lo que hacemos. Esto es, cuando alguien critica lo que hago lo siento como una crítica a lo que soy y sufro, defendiendo o atacando, porque todo lo que dicen lo llevo a mi ser. Como ejemplo de rabiosa actualidad, observemos las reacciones de Donald Trump ante cualquier crítica.

Sin embargo, no hay mejor regalo que te puedan hacer las personas de tu alrededor prestándote “sus gafas” para que te observes en acción a través de otros ojos (de la perspectiva de otra persona), en definitiva, a través de otro modelo mental o de otros prejuicios. Te brindan la oportunidad de poder descubrir cosas que haces de las que tal vez no eras consciente (muy buenas, buenas y menos buenas. Es una de las mayores fuentes de aprendizaje que puede haber.

Una opinión constructiva o que sirva a quien se la entregamos para su evolución, es aquella que habla sobre sus actos y las consecuencias de estos (sobre el Hacer) y no una crítica/ o ataque a su persona (sobre el Ser).

Tanto al dar como al recibir opiniones tengamos presente que es sobre la jugada y no sobre el/la jugador/a:

No es lo mismo decir “Es muy mal cantante” que “A mí no me gusta cómo canta” ¿verdad?

Y la opinión debe tener una finalidad:

¿Esta opinión que voy a dar sirve para que la otra persona mejore su manera de actuar o para resolver la situación en la que nos encontramos, o esto lo quiero decir para desahogarme o lanzar algún puñal?

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“Creo que si hubieras comentado con antelación con el jefe que la situación era tan crítica se lo hubiera tomado mejor”. Es diferente de “Eres un cobarde- es normal que el jefe se enfade contigo”.

Cuidado con caer en el “Sincericidio” en nombre de la Sinceridad.

Pero sobre todo, no olvidemos que son sólo opiniones y no verdades absolutas. Entreguémoslas y recibámoslas así, porque nuestras opiniones tienen que ver con nuestras creencias, con nuestros juicios sobre la vida, sobre los demás, sobre cómo se deberían hacer las cosas… en definitiva, una opinión sobre otra persona o sobre una situación tiene mucho más que ver con nosotros/as mismos que lo que pensamos. De ahí que lo que algunas personas de nuestro alrededor perciben en nosotros/as como un punto de mejora, otras lo perciben como una de nuestras fortalezas.

Es decir, puede que eso que nos irrita y criticamos en otras personas tenga que ver con alguna necesidad nuestra:

“¡Qué poco cariñosa eres!” en vez de decir “Para mí es importante y necesito sentir más cariño de tu parte”.

 O al contrario:

“No soporto que seas tan cariñoso” en vez de decir “Por favor, necesito más distancia”.

En definitiva, pensemos un poco antes de dar o recibir una opinión para que sea constructiva.

Es necesaria mucha generosidad para exponerse a decir lo que normalmente no decimos abiertamente a otra persona; pero también hace falta generosidad para escuchar cosas sobre nosotros/as mismos/as que en ocasiones pueden resultar dolorosas y no dejarnos llevar por el impulso de atacar o defender.

Te proponemos el siguiente ejercicio para el fin de semana:

Por qué no pides a personas de tu alrededor que te presten sus gafas y te digan:

3 cosas que se te dan muy bien (tus fortalezas) y 3 cosas que no se te dan tan bien (áreas ciegas o de mejora).

¡Verás que es un regalazo para tu crecimiento personal y profesional!

Feliz fin de semana.

Bajo control

Qué bueno sería poder controlarlo todo y vivir sin sobresaltos ¿verdad? …

Y lo curioso es que aunque sepamos que es imposible, muy a menudo inconscientemente vivimos y nos comportamos en base a esa falsa ilusión. Porque no es más que una ilusión…

Por nuestro trabajo conversamos con muchos directores/as que viven estresados/as y sufren por la imperiosa necesidad de controlar sus planes de gestión, los resultados de sus equipos, el avance de los proyectos/ acciones, los indicadores, la facturación, las ventas, las negociaciones…y es muy comprensible dada la fuerte presión a la que están sometidos/as, en un mercado de alta competición donde existe poco margen de maniobra y un error puede suponer grandes pérdidas.

Podríamos también perfectamente extrapolarlo al plano personal en este ritmo de vida acelerado en que vivimos: muchas veces nos gustaría controlar las emociones y sentimientos, la salud y bienestar de nuestros seres queridos, el tiempo, nuestras relaciones…

Control, control y más control…que no es más que una respuesta a creencias y temores inconscientes hacia lo que pueda pasar, hacia lo desconocido o la incertidumbre, por ese deseo de mantener o proteger lo que es preciado para nosotros/as.

En esa falsa ilusión pensamos que revisando los temas mil veces, llamando y recordando las cosas a las personas (léase también hijos/as, pareja, familiares, amigos/as), dándole mil vueltas en la cabeza a aquello que nos preocupa, estando presentes o disponibles las 24 horas etc. ponemos vayas al campo…pero no existe la seguridad al 100% (las personas que se dedican al mundo de la seguridad siempre trabajan con esa premisa). Lo único que conseguimos son sentimientos y emociones que nos frenan y/o nos dañan: enfado, nervios, irritabilidad, falta de sueño, tristeza, palpitaciones etc.

Como dice esta sabia frase que tanto bien me hizo que me la dijeran hace unos años y que me ayuda tenerla presente:

“Aquello que quieres controlar, acaba por controlarte a ti”.

Por supuesto que es importante y necesario barajar los diferentes escenarios, poner en práctica todos nuestros recursos y medios para superar el máximo de obstáculos y/o evitar errores, pero necesitamos aprender también a transitar en ciertos momentos del Control a la Confianza.

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No se trata de dejar de actuar con responsabilidad y empezar a hacer locuras de repente, sino de atrevernos a soltar de vez en cuando las manos del manillar, a abrir los ojos y los puños en plena bajada de una montaña rusa, a abandonarnos a la corriente del río, a hacer el ridículo y a cometer errores…como ciertas artes marciales predican, aprovechemos la fuerza del enemigo en vez de resistirnos o ir contra ella.

Nos sorprenderíamos de todas las cosas buenas que pueden suceder y que no las habíamos barajado, de cómo cambian la calidad de nuestras relaciones, de las nuevas personas y oportunidades que aparecen en escena y comprenderemos que confiando en nosotros/as mismos/as, en nuestros equipos/los demás y en la vida conseguimos más y mejor (sentimientos y emociones más livianos y agradables).

Una vaca se come poco a poco ¿verdad? …este fin de semana puede ser un buen momento para empezar a dar pequeños pasos en ese tránsito del Control a la Confianza.

Feliz fin de semana.