Vulnerabilidad

Vulnerable. (Del lat.vulnerabilis) adj. Que puede ser herido o recibir lesión, física o moralmente. (Real Academia Española)

Te invito a que reflexiones por un segundo sobre las siguientes dos preguntas, siendo consciente que se trata de dos extremos y que la vida real no es blanco ni negro sino una escala de grises:

¿Qué sientes respecto a una persona que se muestra, abre su corazón, te cuenta algo que le cueste especialmente, algún miedo, alguna dificultad…? ¿Cómo te relacionarías con esa persona?

Y ¿qué sientes respecto a una persona que siempre se muestra desenvuelta y autosuficiente, que menciona sus fortalezas y logros, no duda y aconseja a los demás sobre lo que deberían hacer? ¿Cómo te relacionarías con esa persona?

En una sociedad donde prevalece el competir sobre el colaborar, la Vulnerabilidad no parece ser la mejor opción:

“No muestres ninguna debilidad que si no te van a dar donde más te duele”

“Que te vean siempre fuerte”

“Nunca llores delante de tu equipo”

“No pido nada para no deber nada a nadie”

“Solo/a puedo, siempre me las apaño”…

Las creencias que tenemos respecto al concepto de Vulnerabilidad hacen que nos cueste mostrarnos tal como somos realmente, que tratemos de disimular nuestras dificultades y emociones consciente o inconscientemente, que inventemos excusas o “culpables” para protegernos… a veces, incluso adoptamos actitudes arrogantes y distantes (de ahí el conocido refrán “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”). Todo ello nos genera sufrimiento. Porque por mucho que nos empeñemos en compensar, ocultar, evitar pedir ayuda, en definitiva, acallar nuestra parte más oscura, desde el exterior las personas ven y/o sienten la coraza que nos hemos construido. Y ésta nos aleja de todo y todos; incluso de nosotros/as mismos/as.

En nuestro trabajo acompañando equipos, nos maravilla comprobar que cuando los miembros de un equipo deciden “quitarse la coraza”, arriesgar y mostrarse tal como son, con sus fortalezas y sus debilidades, se da un punto de inflexión, un salto exponencial en el crecimiento del equipo.

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¡Ojo! no estamos alentando a abrirnos a cualquiera sin medir las consecuencias, no, sería insensato.

Para que el ejercicio de vulnerabilidad sea posible y realmente fructífero, es necesario crear las condiciones de confianza, seguridad, confidencialidad, tiempo juntos/as y feedback sincero y honesto. Es una decisión individual y consciente.

Hay personas y equipos que nunca logran dar el paso de mostrarse, de confiar…y está bien. Da miedo desnudarse, y pesan las malas experiencias del pasado que nos hacen desconfiar, pero merece la pena arriesgar porque tenemos mucho por ganar, ¡vaya que si tenemos! Podríamos “degustar” lo que realmente son las conversaciones y relaciones de gran calidad, sinceras, profundas, cercanas y enriquecedoras.

¿Qué tal si empezamos a colaborar más que a competir y por fin entendemos la vulnerabilidad compartida como una fortaleza en vez de como una debilidad?

 Aunque hayamos mencionado ya en anteriores ocasiones este vídeo  de Brené Brown sobre el poder de la vulnerabilidad, no nos cansamos de verlo y recomendarlo.

 

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Shhht

Las intuiciones son el susurro del alma

(Jiddu Krishnamurti)

Comenzamos otoño. Después de un periodo de sol, vacaciones y muchas horas de luz, después de meses habiendo estado hacia afuera, llega esta nueva estación para envolvernos con sus preciosos colores e invitarnos a ir recogiéndonos poco a poco. En otoño iniciamos una especie de nuevo año, con nuevas promesas, nuevas actividades o planes: apuntarnos al gimnasio, aprender o mejorar algún idioma, pasear en la naturaleza los fines de semana, cantar en un coro, organizar quedadas con amigos/as etc.

También en el ámbito profesional, es el momento del año donde terminar proyectos que ya venían de antes e idear nuevos, previo a cerrar presupuestos.

Tenemos, pues, por delante unos estupendos meses para mirar a nuestro interior, para reflexionar, reconsiderar o dar forma a antiguos y nuevos proyectos, colaboraciones y actividades. Un buen momento para formarnos y disfrutar evolucionando. Ahora que todavía nos dura algo del descanso y de la distancia conseguida durante el verano, invitemos a Otoño a un té, butaca y manta, y dejemos que nos pregunte abiertamente: ¿Y qué hay de lo tuyo? ¿Cuáles son tus proyectos para los próximos meses?

Nos comentaba una amiga directiva que le temblaban las piernas ante un nuevo proyecto que le habían propuesto comenzar este otoño. Un proyecto serio y precioso con el que llevaba mucho tiempo soñando y cuando por fin llegó, le asaltaron las dudas, le pesaba la responsabilidad, el temor de no saber, de no poder compaginar todas sus obligaciones…

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Es lógico que nos tiemblen un poco las piernas o que nos invadan las dudas y temores ante nuevos proyectos importantes, porque si no fuese así, una de dos: o somos unos/as inconscientes o el reto no es lo suficientemente significativo.

Para cuando nuestros deseos nos ponen a prueba, William Arthur Ward nos regala este poema:

It’s impossible, said Pride
It’s risky, said Experience
It’s pointless, said Reason
Give it a try, whispered the Heart.

Es imposible, dijo el Orgullo

Es arriesgado, dijo la Experiencia

No tiene sentido, dijo la Razón

Inténtalo, susurró el Corazón.

 

 

En este comienzo de otoño, afinemos el oído y entre tantas voces altas y ruido que nos rodea escuchemos lo que nos susurra el corazón.

 

Feliz semana,

Conducir mirando tan solo el espejo retrovisor

Dice el refrán que Más vale malo conocido que bueno por conocer.

Y es que todo cambio genera incertidumbre. Cualquier alteración de la rutina, de lo conocido, ya sea más o menos satisfactorio, trae consigo recelos, reticencias, resistencias…porque supone un riesgo, y como tal, puede tener consecuencias negativas…pero también positivas.

 ¿Y si sale mal?

Ya… ¿y si sale bien?

Atrevernos a dar el paso, a retarnos y salir de nuestra zona de confort, si bien puede ser incómodo y a menudo doloroso (buenísimas excusas para no hacerlo), es la única manera de crecer, de evolucionar en nuestras vidas y de extender nuestra conciencia. Al final, no se trata tanto de conseguir el “supuesto objetivo” sino de todo lo que aprendemos en el proceso y extraemos de él.

Esto que nos sucede en nuestras vidas personales, lo observamos también en nuestro trabajo acompañando a equipos y organizaciones en procesos de transformación, como no podía ser de otra manera, ya que son sistemas humanos.

En estos procesos de cambio nos encontramos con resistencias a todos los niveles: con personas escépticas, con saboteadores/as del proyecto, con nostálgicos/as que insisten en que cualquier tiempo pasado fue mejor, con personas que, por temor, prefieren no moverse…

Pero también nos encontramos con entusiastas que quieren ser protagonistas e impulsores del cambio, con personas pragmáticas que entienden que los tiempos o la situación ha cambiado, y que toca “aprender a surfear” la nueva ola para no ahogarnos, con personas que deciden confiar y “vamos allá juntos/as!” aportando lo que pueden…

En definitiva, un proceso de transformación es una interesante marejadilla a sostener y gestionar donde es clave honrar lo anterior, lo conseguido hasta la fecha, e incluirlo para poder transcenderlo. Requiere dotarnos de mucha paciencia y comprensión, comunicar sobre el porqué y para qué de los cambios propuestos, dialogar en los equipos para poner sobre la mesa dudas, temores, tipo de interacciones y funcionamientos. Y requiere de dar ejemplo por parte de los/las líderes. Marejadilla en la que, para no perdernos entre tanta ola, necesitamos levantar de vez en cuando la cabeza para respirar hondo y mirar al faro: Nuestro Propósito y Valores.

Aún así, en todos estos procesos, ya sean personales u organizacionales/de equipo, nos dejamos algunos pelos en la gatera. Toda evolución tiene su precio y sus propias limitaciones intrínsecas (no podemos pretender que todos los problemas se vayan a solucionar en la nueva etapa porque emergerán otros diferentes, como si de capas de cebolla se tratase).

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Nos gusta cómo lo explica el filósofo Ken Wilber en su libro “Breve historia de todas las cosas”:

“ (…) cada nuevo paso evolutivo hacia adelante tiene su precio. Los viejos problemas son desarticulados o resueltos sólo para introducir dificultades nuevas y, a menudo, más complejas. Pero los románticos regresivos (…) consideran los ‘problemas’ de la nueva etapa y los comparan con los ‘logros positivos’ de la etapa precedente, pretendiendo, de este modo, que todo ha ido cuesta abajo desde el momento en que se abandonó su pasado favorito, una comparación que, por cierto, me parece completamente perversa.

Creo que todos debemos reconocer y respetar los muchos y grandes logros de las culturas más antiguas de todo el mundo y tratar de conservar e incorporar su sabiduría. Pero el tren, para bien o para mal, se halla en movimiento y lo ha estado desde el primer día; y si tratamos de conducir mirando tan sólo el espejo retrovisor es probable que causemos accidentes todavía peores”

Feliz semana.

 

¿Cuántos días tiene tu año?

Teniendo como fondo una preciosa puesta de sol en la playa de Itzurun (Zumaia), conversábamos relajadamente sobre uno de LOS temas en estas fechas: la vuelta a la rutina después de las vacaciones de verano.

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“Todo el año esperando a las vacaciones de verano, para que pasen en un abrir y cerrar de ojos…cada año se me pasan más rápido.”

 “Qué pereza entrar en la rutina de los horarios otra vez…se está taaaan bieeen de vacaciones.”

 “Yo sólo vivo durante las vacaciones y los fines de semana. El resto del tiempo estoy inmerso en una vorágine de trabajo, niñas y sus actividades extraescolares que no me doy cuenta.”

Por supuesto que se está ideal de vacaciones, claro que volver a la exigencia de los horarios y de las responsabilidades puede dar pereza pero…el año tiene 365 días. Si a estos 365 días le restamos los días de vacaciones los fines de semana y días festivos, nos quedan unos 220 días. No puede ser que no los vivamos y disfrutemos con la misma consciencia que cuando estamos de vacaciones. Esos 220 días no se vuelven a repetir, es tiempo preciado que se nos va, y no somos eternos/as, aunque muchas veces funcionemos como tal.

Ahora que hemos desconectado durante las vacaciones, ahora que vemos las cosas con mayor perspectiva y calma, ¿qué tal si nos ponemos el reto de VIVIR conscientemente hasta las próximas vacaciones?

Dediquémonos momentos y/o actividades semanales que nos gustenHoy es jueves ¡qué bien! Voy al padel, yoga, cerámica o pintxo-pote con amigos. Preguntémonos al final de cada día “¿qué es lo que más me ha gustado del día?” (al menos 3 cosas); cambiemos a propósito el camino de vuelta a casa para pasar por una tienda, cafetería, exposición, parque que nos guste; aparezcamos por sorpresa a la salida del cole de los niños/as; llamemos o visitemos a algún amigo/a; hagamos alguna actividad de voluntariado; salgamos más a menudo a pasear (sin ningún otro fin).

En definitiva, echémosle imaginación. ¡Animémonos y pongámonos las gafas de “turista” en nuestra propia ciudad y en nuestra propia vida!

Feliz vuelta

Dolce far niente

El placer de no hacer nada…

Y si, además, lo pronunciamos en Italiano…Il dolce far niente…parece que el placer aún es mayor. Nos evoca sol y vacaciones.

Il dolce far niente es una frase que se usa mucho en Italia, donde disfrutar de no hacer nada es un tema importante en su cultura, algo así como un Arte.Y como todas las artes, requiere de entrenamiento, aunque en este caso pueda paracer contradictorio – ¿Tenemos que entrenarnos para no hacer nada?

En estos tiempos donde, si no estamos ocupados/as haciendo mil cosas (y las publicamos en redes) parece que no existimos, donde “perder el tiempo” o aburrirse está mal visto, donde vivimos con prisas y estrés…pareciera que sí necesitamos algo de entrenamiento. Y ese entrenamiento empieza por darnos el permiso de dejarnos, de abandonarnos a la dulzura del placer de no hacer nada.

Las vacaciones de verano, ya sean en la ciudad, la playa, la montaña o el pueblo, son la época ideal para empezar a practicar conscientemente un rato cada día:

Estar tirado/a a la bartola, remolonear en la cama por las mañanas, largas sobremesas, quedarnos mirando algún paisaje, siestas sin reloj, cenas de verano en buena compañía y sin prisas… y si además maridamos todo esto con buenas comidas, bebidas, música, lectura, risas, bailes, abrazos y besos…Eccolo qua! el famoso Arte del dolce far niente Italiano.

Los beneficios, tanto para el cuerpo como para la mente y el espíritu, están demostrados: cuando descansamos se activa el hemisferio derecho de nuestro cerebro, el que controla la imaginación, la creatividad, el disfrute etc. (dejemos que nuestros niños/as se aburran más, estaremos potenciando su creatividad!).

¿Te lo vas a perder?

Nosotras lo tenemos claro, con este post nos depedimos y cerramos el “chiringuito” por unas semanas, para dedicarnos en cuerpo y alma a no hacer nada de utilidad aparente. Porque…¿qué es algo útil?… en algún lugar leímos que es aquello que aumenta nuestro nivel de bienestar y felicidad. Pues eso…

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Os deseamos unas felices vacaciones de verano.

Nos vemos a la vuelta, con más inspiración y creatividad, ¡para seguir compartiendo nuestros Episodios Equilia!

No llega antes el que va más rápido

…sino el que sabe dónde va (Séneca)

Estamos en semanas de matrículas Universitarias. A estas alturas la Universidad nos queda bien lejos, cierto, pero últimamente estamos rodeadas de jóvenes escogiendo la carrera o módulo que van a estudiar durante los próximos años. Se debaten entre los nervios, el vértigo y la emoción de saberse ante una nueva e importante etapa de la vida. Un pasaje a la vida adulta.

Y qué bonito, para los/las que ya tenemos cierta edad y experiencia, mirarlos/as (con una sonrisa interior) y entender que tienen todo por construir todavía, que disfrutan de la oportunidad de “pintar” su lienzo en blanco como quieran o mejor puedan y, también, de confundirse y cambiar de opción.

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Los/las hay que lo tienen muy claro, incluso hablan de vocación, algunos/as acaban estudiando la carrera “escogida” por sus padres y luego hay un gran número de chavales/as que no saben o tienen muchas dudas.

 

En este último caso, nos gusta hacerles preguntas más allá de las conversaciones que giran alrededor de las supuestas “salidas laborales”, de la dificultad de los estudios, de las asignaturas, de las notas:

 

¿Qué te gusta hacer? ¿Qué se te da bien?

¿Cómo te gustaría verte en el futuro? ¿Haciendo qué? ¿Siendo cómo? ¿Contribuyendo cómo?

¿Qué te hace vibrar?

 

Podemos trasladar esta misma reflexión al caso de los equipos y las organizaciones. Porque, a menudo, nos hablan de la necesidad y/o urgencia de definir líneas estratégicas, desarrollar y desplegar planes de gestión, políticas, procesos, sistemas etc. Y todo eso está muy bien, y es totalmente necesario para una buena estructura y funcionamiento de un equipo u organización. Pero, hay una reflexión previa que a menudo pasa desapercibida o a la que no dedicamos tiempo. Se trata de definir primero el Marco Filosófico del equipo u organización:

Quiénes somos, qué hacemos (en qué somos buenos), quiénes queremos ser (nuestra identidad, nuestros valores, lo que nos diferencia del resto) y cuál es nuestro Propósito (nuestro futuro deseado, el para qué). Nos referimos a un ejercicio que va mas allá que el de plasmar unas frases de Misión, Visión, Valores que queden bien en la página web o un folleto comercial. Lo valioso es el proceso de debate, de reflexión, de “introspección”, de confrontación sobre por qué esto sí y lo otro no.

Si conseguimos definir nuestro Marco Filosófico que resume lo que realmente queremos y nos importa, y sentimos que estamos en línea con lo más importante para todos/as, tenemos una referencia que nos empodera, que nos da impulso. Además es un filtro que nos permite comprobar si vamos en la buena dirección: a la hora de definir la estrategia, la cultura, los planes de gestión, procesos, sistemas. Y nos ayudará a ir más rápido en su despliegue, porque sabemos hacia dónde vamos y para qué hacemos cada cosa.

Recordemos que, las personas no trabajan juntas si no tienen algo en común (un proyecto de futuro, un propósito). Y nada puede sostenerse en el tiempo si detrás no hay valores.

Feliz semana.

Reflexiones de tumbona

¿Te has preguntado alguna vez si el niño/a que fuiste se siente orgulloso/a del adulto/a que eres hoy?

De niños/as estamos más conectados/as con nuestra esencia, con nuestros deseos, tenemos menos creencias limitantes y el soñar nos es algo natural. ¡Qué bueno visitar de vez en cuando a nuestro niño/a!

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Durante estos meses de verano, donde empezamos a levantar el pie del acelerador, nos desprendemos de ropa y “telarañas” del invierno, nos “regalamos” tiempo, y estamos más en contacto con la naturaleza, se dan las condiciones apropiadas para poder escuchar, con más claridad, la respuesta de nuestro corazón respecto a estas preguntas, de apariencia “sencilla”, pero de trasfondo profundo.

Te proponemos, pues, mientras estés leyendo este post, instalarte cómodamente y tomarte un momento para cerrar los ojos, visitar al niño/a que fuiste y responder a la pregunta con la que hemos empezado.

Y ya que estamos, te invitamos a ir un paso más allá, respecto a tu respuesta inicial, con las siguientes preguntas basadas en la Teoría de las 4 habitaciones del cambio de Claes F. Janssen:

¿Qué debería SEGUIR haciendo?

 ¿Qué debería DEJAR de hacer?

 ¿Qué debería ACLARAR?

 ¿Qué nuevas cosas debería COMENZAR a hacer?

Y ya para terminar esta especie de “cuaderno de ejercicios para el verano” os recomendamos la lectura del libro de Alex Rovira “La Buena Crisis- Reinventarse a uno mismo: la revolución de la conciencia”.

Feliz semana veraniega.

(Foto: George Menager)

Limpiar

24 de Junio: Fiesta de San Juan!

Festividad del nacimiento de San Juan Bautista en el Cristianismo y también celebración, en ritos de origen pagano, de la llegada del solsticio de verano en el hemisferio norte.

La víspera de San Juan tiene la magia de las antiguas fiestas paganas cuyo rito principal, en muchos países de Europa, consiste en encender una hoguera de fuego, al parecer para “dar más fuerza al sol” que a partir de ese día se hace “más débil” y perdemos horas de luz.

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Contemplar el crepitar del fuego nos crea cierta fascinación. Simbólicamente, la hoguera tiene una función purificadora. En ella podemos arrojar y quemar trastos que nos sobran, viejos y sucios trapos, telarañas, problemas, temores, todo lo que nos tiene hartos/as, creencias que nos limitan, viejas historias que siguen rondándonos y/o nos seguimos contando…en definitiva, lo que ya no nos sirve, lo que ya no suma.

El 23 de Junio de cada año el ritual de la hoguera nos invita a “resetearnos” y los rituales ayudan a anclar y a reforzar nuevas creencias (escribimos en otra ocasión sobre el poder de los rituales- “El Poder de los Rituales” 23.01.15). Pero si ayer no lo hicimos, tranquilos/as que ¡no tenemos que esperar un año más!

Cualquier día es bueno para hacer un reseteo, para hacer limpieza interior, porque nuestros prejuicios o creencias empañan nuestras ventanas al mundo. Tenemos que limpiarlas de vez en cuando para que pueda entrar la luz. Y para limpiar los cristales puede sernos de gran ayuda el comprender que el mundo que vivimos, nuestra realidad, es un diseño creado por nosotros/as a través de nuestras creencias. Y a veces, ese diseño no nos satisface, o nos duele, o nos aprieta…y en esos casos, es bueno reconocer que no es más que eso, un diseño, un cristal sucio, y no una realidad inmutable.

Nos encanta ponernos el traje de faena y acompañar a personas, equipos y organizaciones a limpiar cristales.Para, con la luz que va entrando, construir nuevos relatos, nuevas configuraciones, nuevos diseños de sus realidades que les sean más útiles, satisfactorios y empoderadores.

Dedicamos este post a todos ellos y todas ellas que nos permiten acompañarles, por su confianza y por su valentía.

Feliz semana y feliz comienzo de verano.

Hacer balance

Junio: mes de espectáculos de fin de curso.

Me gusta asistir a las funciones de los pequeños/as de la familia y ver cómo, con orgullo, muestran el resultado de su trabajo de meses. Me gusta, también, felicitarles a la salida, preguntarles qué tal se han sentido, qué es lo que más les ha gustado, lo que menos etc. Una especie de balance de curso artístico comiendo gominolas.

Parecen preguntas sencillas, sin mucha importancia, sin intención, que a menudo sólo hacemos a los niños/as: ¿Qué te ha parecido el día de hoy? ¿Qué es lo que más y menos te ha gustado?…Y sin embargo, son preguntas más poderosas de lo que parecen, porque nos ayudan a pararnos, a reflexionar y sacar conclusiones. En definitiva, facilitan la toma de conciencia y el aprendizaje.

Después de un evento familiar, al terminar el viaje de vacaciones, tras una excursión entre amigos/as, al ver el resultado de algo que hemos hecho con nuestras manos,

¿nos damos el tiempo de hacer balance de los proyectos que terminamos?

Podemos también trasladar esta pregunta a las organizaciones. Por lo que observamos en nuestro trabajo, nos parece que, en general, se pasa por encima o no se dedica el espacio y tiempo suficiente a esta última etapa de los proyectos: balance, conclusiones y aprendizajes de cara al futuro.

“Terminamos el proyecto y ¡a otra cosa mariposa!, que no hay tiempo, con tantos otros temas que tenemos entre manos…”

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Sin embargo, la Recogida de Cosecha del proyecto es tan importante como la etapa inicial de Preparación de proyecto. Sirve para evaluar y también cosechar claves y aprendizajes para el futuro. Por ejemplo:

  • el resultado final y el grado de satisfacción con el resultado.
  • la eficacia del trabajo en equipo y el grado de satisfacción con el trabajo en equipo.
  • las cosas que han salido bien y hay que mantener, las que han salido mal y no hay que reptir.
  • obstáculos encontrados y soluciones aportadas.
  • ¿qué se puede mejorar para la próxima vez?
  • nuevas acciones que podemos probar.
  • nuevas necesidades de formación.

Son reflexiones que, haciéndolas de manera ordenada y seria, fomentan la mejora continua, la innovación y el aprendizaje continuo en los equipos y en las organizaciones. Por eso, nos parece indispensable incluir las etapas Pre y Post de los proyectos en los cronogramas de proyecto. Al igual que en las reuniones o sesiones de trabajo en equipo.

¿Qué equipo de deporte llega a un partido sin calentar o no hace un analisis de las mejores y peores jugadas después en el vestuario?

Parece obvio, pero en las organziaciones y en nuestra vida en general, no lo es tanto.

Las siguientes preguntas, basadas en la Teoría de las 4 habitaciones del cambio” del psicólogo Claes F. Janssen, nos pueden ayudar a hacer balance, a recoger cosecha, de los proyectos que terminamos en cualquier ámbito de nuestra vida:

¿Qué debemos mantener de lo que venimos haciendo? (porque creemos que está funcionando)

¿Qué debemos cambiar?

¿Qué debemos aclarar?

¿Qué nuevas acciones nos parece necesario poner en marcha?

 

Feliz semana

Mírame otra vez

“Y cuando en algún proceso de coaching tienes un cliente que te cae mal, ¿qué haces?”

Me lo preguntó un amigo, y me sorprendió, porque nunca me lo había planteado…o al menos no tenía la sensación de haber estado confrontada a ello.

Cuando una persona nos cae bien suele ser, en general, porque compartimos o nos gusta su modelo mental, su forma de ver la vida, las relaciones, su manera de actuar… Pero ¿qué pasa cuando no compartimos nada de eso o incluso nos molesta?

Cuando nos dedicamos al coaching tenemos que atravesar la capa egótica de la otra persona con la que trabajamos para ver el Ser que hay detrás, conectar con él. Y esto sólo lo podemos hacer si somos capaces de conectar con nuestro propio Ser. Nada sencillo… La pregunta a hacernos sería: ¿desde dónde me molesta esa otra persona? ¿Desde mi Ser?

Nuestro rol no es llevar a la otra persona a ningún lado, sino crear un espacio abierto donde se encuentre con eco. Crear un espacio donde florezca. Esto requiere la conexión profunda, más allá de los juicios, amorosa, una conexión vibracional.

Podríamos trasladar la misma reflexión a nuestras relaciones del día a día:

¿En qué nos fijamos más en los demás? ¿Lo que nos molesta, no nos gusta y criticamos? ¿Las dificultades de la otra persona, lo que nos da pena? ¿Lo que admiramos, apreciamos?

Siendo niños/as conectamos y fluimos jugando sin compartir idioma, cultura, raza… conectamos con el Ser.

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Ahora, adultos, para ir más allá de lo que vemos en las personas, podemos probar a mirar con calma a los ojos a la otra persona. Nos llevaríamos alguna sorpresa y tal vez entenderíamos mejor su manera de actuar.

Hemos perdido el hábito de sentirnos los unos a los otros. Pero es una decisión que podemos tomar y que puede cambiarlo todo: ¿Qué queremos ver? Somos nosotros/as que elegimos dónde apuntamos con nuestra mirada.

Tenemos el poder de construir nuestra experiencia de las relaciones y de la realidad. Las cosas que nos decimos crean mundos…

¿No es maravilloso?

Feliz semana.