Aprendiendo a nadar con la marea

Recuerdo, mientras viajo en tren, a aquel compañero de trabajo que me contaba que su hija pequeña no le saludaba hasta que se quitara el traje al llegar a casa: Traje à “mi padre está trabajando”à “mi padre no está en disposición de ESTAR realmente conmigo”à”¿para qué hacerle caso?”

 Llevaba muy mal aquellos “desprecios” de su hija hasta que decidió convertir el obstáculo en recurso, nadar con la marea y no en su contra. Hizo del momento de quitarse el traje un ritual para ir desactivando poco a poco el “chip trabajo” y adentrarse en una disposición interior de “familia”.

Durante el mes de Julio trato de escaparme los fines de semana al precioso pueblo costero donde siempre he veraneado, Zumaia. Me gusta viajar ahí en tren aunque tarde más en llegar. El placentero tracatrá del tren (¡como dice la canción!), observar paisajes que no siempre se ven desde la carretera, leer sin marearme…para mí son sinónimos de vacaciones y me doy cuenta de que, al igual que a mi compañero de trabajo, el viaje en tren se ha convertido en una estupenda transición del modo Ciudad- trabajo-estrés a Mar-playa-familia-relajación.

En estos tiempos de hiperconectividad e inmediatez resulta muy útil desarrollar la capacidad de estar presente, con toda nuestra atención, en cada momento, tarea y personas con las que nos interrelacionamos, sin dispersarnos, sin pretender llegar a todo a la vez… y pareciera que no es algo tan sencillo.

Captura de pantalla 2018-07-16 a las 20.11.30Técnicas de mindfulness, de yoga, hacer alguna actividad deportiva o artística… ayudan a hacer la transición del trabajo a la vida personal o familiar, pero además también podemos desarrollar pequeños y sencillos rituales diarios y/o símbolos para ello: quitarse el traje de trabajo o desmaquillarse al llegar a casa, escuchar o cantar una canción concreta, elegir caminos diferentes para ir al trabajo o a casa, respirar de manera consciente varias veces en el ascensor …cada persona puede inventarse el suyo, es cuestión de creatividad, de mirar la rutina con gafas diferentes.

El poder de los rituales, del lenguaje visual y metafórico es inmenso ya que con una sola palabra, imagen, gesto, olor, sabor o sonido podemos activar el estado emocional y la disposición mental que necesitamos para dar una respuesta óptima a cada situación. Por eso, lo tenemos muy en cuenta en los procesos de coaching tanto individual como de equipos que facilitamos, al entender que pueden ser excelentes catalizadores de los recursos, del potencial de las personas y equipos.

Os recomendamos el libro “Poder sin límites” de Anthony Robbins donde encontraréis varias técnicas y ejercicios de Programación Neurolingüística (PNL) que os pueden ayudar a ello.

Feliz semana veraniega

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Dime lo que observas y te diré quién eres

“¡Eso es así! Que te digo yo que es así”

“¿Cuánto te apuestas que es así?”

“No tienes ni idea, creo que no te enteras…”

Son frases que empleamos y que en ocasiones se convierten en batallas dialécticas por tener la razón. Lo que observamos nos parece tan claro, tan evidente, que pensamos que la opinión que nos hemos hecho al respecto es la realidad. ¡ES ASÍ! Y nos da rabia que la otra persona no lo vea igual.

Distinguir lo que son los hechos y lo que son nuestras opiniones (o llamémoslo juicios o creencias) al respecto puede ser difícil. Precisamente sobre ello reflexionamos estas últimas semanas con el profesorado de un centro de formación profesional: cómo emplear hechos y juicios de manera que nuestra comunicación en el equipo sea fluida, para tomar decisiones eficaces y cuidar al mismo tiempo nuestras relaciones. Y no sólo en su propio equipo ya que las profesoras y profesores son la correa de transmisión y ejemplo para aulas enteras de jóvenes. En el caso de este centro ya trabajan con el modelo ETHAZI (aprendizaje colaborativo basado en retos) y las competencias de comunicación son clave para ello.

No por saber hablar sabemos comunicarnos, como no por respirar desde que nacemos sabemos hacerlo apropiadamente al practicar un deporte por ejemplo.

En cualquier oficio, sector, nivel jerárquico o edad cuando aprendemos y entrenamos a comunicarnos de forma productiva conseguimos mejorar nuestras relaciones y nos llevan a mejores resultados en lo que emprendemos. Nuestras relaciones están en gran medida condicionadas por cómo nos comunicamos con las personas. Si en este momento hay alguna persona con la que te cueste relacionarte, piensa qué tipo de conversaciones estás teniendo o no estás teniendo con ella.

Evaluamos y juzgamos constantemente el mundo que nos rodea (situaciones, personas…). Y lo hacemos desde nuestras “gafas”, desde nuestras creencias, en definitiva, desde nuestro modelo mental.

 

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“Ver no es creer ¡creer es ver! No vemos las cosas como son, sino como somos”

(Eric Butterworth)

¡Ojo! Nuestros juicios y opiniones son necesarios para poder tomar decisiones en el día a día (“esto tiene buena pinta”, “esto es peligroso, qué miedo me da”, “esto está rico”, etc.). Sin embargo, tendemos a creer que nuestras opiniones sobre el mundo son hechos y que nuestra manera de ver las cosas es la única verdad posible.

En resumen, saber escuchar, evaluar y expresar las opiniones de forma productiva es una competencia clave para una buena comunicación y relación. Por ello, tengamos muy presente:

  • Ser conscientes de que nuestra opinión no es una verdad absoluta.
  • Ver más allá de las “etiquetas” que ponemos a las otras personas (“éste es listo, ésta es tonta, ésta me cae bien, éste me cae mal, creo que esta persona no me aprecia…”).
  • Indagar cómo la otra persona ha llegado a su opinión.
  • Exponer cómo he llegado yo a mi opinión.
  • Ser conscientes de que a veces “tener razón” sólo nos sirve para “alimentar nuestro ego” (“yo gano, tú pierdes”, “¿¡ves!? Yo tenía razón!”)

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Y para terminar, os recomendamos el libro de nuestro querido colega de profesión Enrique Sacanell: “¿Cómo se lo digo?” (Editorial Libros de Cabecera).

Feliz semana.

¿Así te imaginabas de mayor?

¡Un verdadero baño de rejuvenecimiento!

Eso es lo que sentimos cuando vamos a facilitar sesiones de trabajo a los centros de formación o a los Consejos de la Infancia con los que colaboramos.

¡Absorber toda esa energía vital desbordante de los niños/as y adolescentes!

Es un “chute” de risa floja, liviandad, algarabía, espontaneidad, juego…

Todos esas características que asociamos a la “chavalería” y que sin embargo también están en nosotros/as, adultos/as, aunque que habitualmente no les demos mucho permiso para expresarse plenamente o espacio para salir con libertad: “somos profesionales, por favor”, “No es serio”, “¿Qué pensarán?”…

Según avanzamos en edad, vamos incorporando capas o corazas, como una cebolla, cargamos con el juicio ajeno… lo que a veces provoca que nos alejemos de manera sutil de nuestra esencia, de lo que realmente somos, queremos, deseamos, soñamos. Todo eso que en la infancia está tan despierto, se adormece y muchas veces vuelve a despertar en la vejez (¡qué sabia es la vida!), como si se tratara de una segunda infancia. No hay más que ver a abuelos/as jugando con sus nietos/as como los/las que más!, cantando o bailando sin complejos, atreviéndose a hacer cosas que ni podían haber imaginado años antes…

Nos parece un ejercicio muy sano y recomendable el paramos y darnos el permiso de quitarnos “el traje de adulto/as”, de poner en pausa todas nuestras cargas, responsabilidades, y conectar con el niño/a que fuimos para mantener una conversación amable con él/ella. Puede que nos recuerde cosas que tal vez habíamos olvidado o que nos dé una nueva perspectiva más sencilla, liviana y tal vez amorosa de nuestra vida.

Para dicha conversación, os proponemos algunas preguntas a las que podéis responder por escrito, dibujando, bailando….de la manera que más os apetezca u os nazca. Dejarle a vuestro niño/a elegir 😉

Este ejercicio se llama Visionboard:

  • ¿Cuáles eran tus sueños de niño/a?
  • ¿Qué soñabas hacer? Y ¿qué te permitía conseguir eso?
  • ¿Qué te gustaba? ¿Con qué disfrutabas?
  • ¿Qué personaje y héroes admirabas? y ¿por qué?

 Hoy en día,

  •  ¿Qué personajes admiras?
  • ¿Qué personas tienen una influencia positiva en tu vida?
  • ¿Cuáles son tus valores más importantes?
  • Si tuvieras una barita mágica, ¿qué vida soñarías tener?

Y si os venís arriba, tal vez incluso podáis llegar a hacer algo como lo de este video…

¡Que os divirtáis!

Feliz semana

¿Cómo nos ponemos de acuerdo cuando no estamos de acuerdo?

“¡Pues para ti la perra gorda!”

Así zanjaba la conversación mi querida tía Carmen cuando no llegábamos a un acuerdo y no quería seguir discutiendo. Gracias a ella aprendí lo que era una “Perra Gorda”.

El llegar a acuerdos, en cualquier plano de nuestra vida, es todo un arte que requiere de técnica, actitud y práctica.

El proceso de toma de decisión ha sido, precisamente, una de las reflexiones que más ha salido en los acompañamientos a equipos que hemos realizado estas últimas semanas. Y es que el momento de tomar la decisión suele ser “la prueba del algodón”, especialmente cuando se tienen posturas/opiniones diferentes, para comprobar el grado de madurez, de habilidades de trabajo colectivo, de técnica y de competencias de comunicación interpersonales que tiene el equipo. En definitiva, se trata de uno de los momentos clave donde se ve si somos realmente equipo.

¿Cómo nos ponemos de acuerdo cuando no estamos de acuerdo?

Para esta reflexión nos parece que ayuda hacer la distinción entre Consenso y Alineación:

Consenso: buscar el acuerdo al 100% de todos los miembros del equipo.

Las personas se adhieren a esta decisión porque comparten la misma opinión.

Puede ser un proceso largo ya que lo que se pretende es que nadie tenga que hacer “concesiones”. Para ello es necesario debatir y convencer a las personas hasta que todo el mundo vea las cosas de la misma manera.

Alineación: proceso por el cual partiendo de opiniones diferentes se llega a una decisión común aunque las personas no estén de acuerdo al 100%. Pero una vez que la decisión esté tomada, todas las personas se comprometen con ella y la presentan y defienden como suya. Es decir, al salir de la sala hago mía la decisión ya que es la de mi equipo y la defiendo en bloque.

Para una buena alineación es crucial escuchar los argumentos de todas las personas sin descartarlos de antemano o criticarlos. El saber que el equipo ha tenido en cuenta todos los puntos de vista para tomar la decisión final y reconocer lo que cada uno/a “gana” y “pierde” facilita la alineación.

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Previo a analizar los pros y los contras de todas las propuestas suele ser conveniente aclarar, cuál será el criterio de decisión en caso de que el equipo no se pone de acuerdo: por ejemplo por votación, por decisión del/de la líder, por voto de calidad (la persona que mejor controla el tema), derecho al veto etc. El equipo puede inventar sus criterios de decisión y puede elegir el que más adecuado le parezca según el tema a tratar. Lo importante es que quede claro desde el principio la manera en la que se tomará la decisión final en caso de desacuerdo y que haya sido aceptada por todos/as.

En definitiva, para una buena alineación en la toma de decisión en equipo, ayuda:

  • Tener claro el objetivo (la decisión a tomar).
  • Conocer los criterios de decisión.
  • Contar con expertos/as en los temas a tratar.
  • Fijar un tiempo de debate y un tiempo para tomar la decisión.
  • Designar una persona que haga de “Reloj” para la gestión de los tiempos.
  • Designar una persona moderadora o Director/a de Orquesta para ordenar el debate, facilitar que todas las personas expongan sus puntos de vista y que los demás escuchen, apuntar las diferentes alternativas sin hacer declaraciones.
  • Generar entre todos/as un clima propicio para el debate y la participación: apertura, escucha activa, respeto de opiniones diferentes, mantenernos centrados y presentes…
  • Buscar la agilidad sin la precipitación.
  • Evitar la parálisis por el análisis.
  • Tener presentes los valores de la organización/equipo para comprobar la coherencia de la decisión.

¿Practicamos?

Os recomendamos “El pequeño libro de las grandes decisiones” de Mikael Krogerus, Roman Tschäppeler donde encontraréis interesantes técnicas para la toma de decisión.

Feliz semana

Fin de curso

De pequeña me gustaba, y mucho, elaborar y llevar a casa la carpeta de fin de curso con todas las fichas y dibujos realizados durante meses. Sentía orgullo y asombro al recapitular y comprobar lo mucho que habíamos trabajado y aprendido durante ese curso.

Últimamente hemos estado pensando en ellas y recordando el bonito símbolo de cierre de etapa que representaban, ya que nos están coincidiendo varios finales de proyecto, de procesos de coaching y también preparativos de fin de curso debido a nuestra colaboración con centros de formación y con el Consejo de la Infancia de un municipio (ver post “No hay como preguntar a la gente”).

Observamos en las organizaciones y equipos con los que trabajamos que habitualmente ponemos mucha atención, empeño y dedicación en el lanzamiento de los proyectos y, sin embargo, el cierre de estos suele quedar un poco más desatendido porque “total, como ya hemos terminado…”, “¡no tenemos tiempo! Tenemos más proyectos entre manos”. No obstante, dar importancia al cierre de un ciclo es igual de importante que al comienzo. Un cierre “tibio”, sin más, puede quitar fuerza a todo el recorrido y disminuir la energía y foco para alcanzar los siguientes retos.

Para terminar proyectos y procesos de coaching nos parece valioso dedicar una sesión al cierre utilizando rituales o dinámicas: reconocer y agradecer lo aprendido y conseguido, definir los anclajes para no volver atrás, hacer balance de lo que no ha salido tan bien para mejorarlo de cara al futuro, dedicarnos palabras de felicitación, de agradecimiento o entregarnos obsequios con algún significado para nosotros/as, en resumen ¡celebrar el cierre, honrando lo recorrido con los compañeros/as de viaje! dándonos un buen abrazo, cantando o incluso bailando y siempre que sea posible con una comida. ¡No muy diferente de lo que hacíamos de pequeños/as en el colegio!

Es importante terminar bien para poder comenzar plenamente otra etapa. Cerrar una puerta para poder abrir la siguiente con la mejor energía y acierto.

Es una cuestión de aprendizaje y práctica que más allá del trabajo también podemos extrapolar a cualquier otro ámbito de nuestra vida, como por ejemplo:

  • Hacer una reflexión consciente para cerrar el día al irnos a la cama: ¿qué me ha gustado de hoy?, ¿Qué no me ha gustado tanto o me ha salido peor?, ¿Cómo me siento con lo vivido hoy?, ¿A qué /quién agradezco?, ¿Qué puedo mejorar mañana?…

Hay familias que conversan sobre ello cuando están todos/as juntos/as cenando. O parejas que tienen como regla el nunca irse a la cama por la noche sin haber “arreglado” sus diferencias o enfados…

  • Poner lo mejor de nosotros/as mismos/as, preparar con esmero y mantener, sin evitarlas, conversaciones de cierre de una relación de amistad, de pareja o relación laboral…

 

  • Festejar el final de las vacaciones haciendo algo que nos guste mucho para comenzar con buen ánimo el trabajo o el nuevo curso etc.

 

  • Hacer balance de ese viaje que hemos hecho en familia o con amigos/as con un buen vino o comida para volver a rememorar escenas cómicas, para felicitarnos por lo que ha salido genial y tomar nota de lo que podremos mejorar en futuras ocasiones.

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¿Te has parado a pensar alguna vez cómo cierras tú los proyectos, relaciones, etapas… de los diferentes ámbitos de tu vida.

 

 

Os dejamos con esta reflexión ahora que se acerca el fin de curso.

Feliz semana

Veo veo algo de color humano

¡Ya es una realidad!

Se llama Da Vinci, es un robot cirujano y opera bajo la supervisión de un/a cirujano humano/a a distancia, dotado de un zoom muy superior a la vista humana y haciendo cortes de extraordinaria precisión, entre otras capacidades sobrehumanas…

Robots guías de museos (en el Parque de las Ciencias de Granada por ejemplo), drones salvavidas… y otros muchos oficios desempeñados ya por robots pero desconocidos por el gran público. Últimamente nos hemos encontrado con cierta frecuencia con el tema Oficios del futuro en conferencias, artículos y programas de radio, y aunque los expertos insisten que el futuro nunca dejará de ser un misterio, apuntan a ciertas tendencias de futuro y que en parte ya han llegado al presente. Por ejemplo, la tecnología cuántica, la transformación digital como el internet de las cosas (IoT = La interconexión digital de objetos cotidianos y máquinas con internet), lo virtual, la automatización de todas aquellas tareas físicas y repetitivas etc.

Y aquí es donde entran los robots. Un mundo para muchos/as de nosotros/as, todavía, poco familiar a la par que fascinante por ese componente de película de ciencia ficción que tiene. ¿Estaremos yendo hacia un Blade Runner? ¿Acabaremos conviviendo con robots que sientan emociones, robots con empatía y que pueden aprender de la experiencia?

Las opiniones de los expertos respecto a los oficios del futuro coinciden en que todo aquello que tenga un componente emocional, un componente de relación, de experiencia, de influencia, esos trabajos donde nos gusta que nos atienda otra persona, serán en menor medida integrados por robots.

Parece pues que el desarrollo de las habilidades transversales, esas capacidades intangibles, van a jugar un papel clave de cara al futuro. Debieran convertirse en hábito, nos recomiendan:

  • Aprender a aprender.
  • Espíritu crítico.
  • Apertura a nuevas ideas.
  • No dar las cosas por hecho (especialmente con la proliferación de las fake news en las redes).
  • Capacidad de escucha, de dar nuestra opinión de forma asertiva.
  • La empatía.
  • El componente artístico.

Lo resumió muy bien el profesor Darío Gil, vicepresidente de Ciencia y Tecnología de IBM Research, en una conferencia a la que asistimos hace dos años en Madrid (ver post “The Beautiful Idea)

 “En esta era de transformación digital, el ser humano es la pieza fundamental ya que aporta la experiencia, el sentido común, sus valores, los tan necesarios límites éticos a la investigación y sus emociones, su parte artística. Los mejores científicos o innovadores son capaces de ver la Idea Preciosa, The Beautiful Idea”

De ahí la importancia que la Educación tome buena nota de todo ello para adelantarse e incorporar programas potentes de formación en valores y en esas habilidades transversales en los centros educativos. Equipemos a nuestros/as jóvenes con los recursos necesarios para adaptarse, crecer y seguir desarrollándose personal y profesionalmente cuando las capacidades técnicas en las que se han formado queden obsoletas (¡lo que sucede cada vez más rápido!).

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Pero también animamos a empresas y organizaciones, de todos los tamaños y sectores, a dar el paso (pasar del dicho al hecho o Walk the talk– como dicen los anglosajones) e invertir de forma consciente en el desarrollo de sus personas y equipos, en el liderazgo, en las competencias intangibles arriba descritas, en la cultura organizacional al fin y al cabo…puede que para algunas de ellas sea una cuestión de supervivencia.

¡Nosotras seguimos trabajando infatigables para ello!

Feliz semana.

Silence connects

“El silencio no es ausencia de ruido, sino ausencia de ego” (J.Melloni)

Un corto silencio musical en un pentagrama repleto de notas. Un pequeño remanso de calma entre tanto ruido que nos rodea a diario…

Eso fue para mí la X Jornada de Silencio organizada el pasado 18 de Abril en el Atrio del Azkuna Zentroa en Bilbao. Un espacio habilitado para permanecer en silencio durante 24h con la siguiente intención:

 “Alcanzar el estado de calma que permite que las cosas sucedan de forma serena y equilibrada. Donde las prioridades se establecen de manera inteligente y compasiva. Para que más allá de nuestras ideas, religiones, nacionalidades […] el resultado de nuestra paz interna y serenidad sea la herencia de las futuras generaciones”.

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Me sorprendió muy gratamente la alta participación y diversidad de las personas que por allí pasamos, libres de permanecer el tiempo que quisiésemos. Con el silencio como vía de conexión para crear un espacio de comunicación colectiva, una suerte de red invisible entre tantas personas que “acoge y sostiene” y contribuye a aumentar el nivel de conciencia colectiva.

A menudo buscamos soluciones en el exterior, en otras personas, sin darnos cuenta de que la mayoría de las respuestas están en nuestro interior – “en realidad creo que siempre lo he sabido”, “de repente lo veo claro”, “¿por qué no me escuché más a mí misma?”. Solamente necesitamos unas mínimas condiciones de silencio y calma para conectar con nosotros/as mismos/as y escuchar con claridad lo que nuestra alma (nuestra sabiduría interna) nos susurra en medio de la confusión y del caos.

“Las intuiciones son el susurro del alma” Jiddu Krishnamurti

Sencillo. Y sin embargo, no resulta tan fácil apearnos un rato de la rueda en la que estamos corriendo, del ritmo de vida acelerado y ruidoso que llevamos: móvil, TV, radio, redes sociales, pitidos, mil actividades y conversaciones con otras personas y con nosotros/as mismos/as…que se resume a menudo en un “¡No me da la vida!”

Por eso, reivindicamos más momentos y espacios para cultivar el silencio (individuales y colectivos), para bajar de revoluciones y tomar perspectiva, para poner orden en nuestra creación, para poder decidir conscientemente entre el estímulo y la reacción, para empezar de nuevo…en definitiva, para escuchar a nuestra alma.

Estamos orgullosas de que Bilbao forme parte de una red mundial de ciudades y organizaciones que propician espacios para ello abiertos a toda la ciudadanía.

Y aunque ya lo hayamos recomendado en algún otro ocasión, ¡no podíamos no hacerlo en este post – pequeña oda al silencio!: el libro – “Biografía del silencio”- de Pablo D’Ors.

Feliz semana.

Tejiendo redes con servilletas de papel

Durante estas vacaciones de Semana Santa he disfrutado del nuevo lujo del siglo XXI: Tiempo.

Tiempo para conocer nuevos lugares (agradezco a mi buena amiga Isabel Roser y a su generosa familia por haberme recibido y enseñado su bella tierra, Mallorca), tiempo para respirar los aromas de nuestra recién estrenada primavera, tiempo para comer con calma y degustar nuevos platos, tiempo para gozar de siestas al sol…pero sobre todo tiempo para conversar, sin reloj y por el simple placer de conversar, con las nuevas personas que he conocido durante el viaje. Días de puro alimento para el alma.

Pareciera que la tranquilidad y la apertura a escuchar con atención y el tener el piloto automático de la rutina desactivado (estar operando desde otros niveles de conciencia en definitiva) hacen que, tengamos una mayor predisposición para encontrar conexiones entre diferentes ideas que van surgiendo de una manera más fluida (incluso, si hablamos de trabajo, entre diferentes oficios o disciplinas).

¡De cuántas conversaciones de terrazas, bares, sobremesas y croquis en servilletas y manteles de papel han salido grandes e innovadoras ideas! Decía uno de mis profesores de Universidad que las “horas de cafetería de la facultad” eran parte importante y necesaria de nuestra formación. ¡Qué razón tenía!

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En estos encuentros fortuitos (o no…) de mis vacaciones he vuelto a comprobar que, a pesar de nuestra ilusión de individualidad, todos/as estamos conectados/as. Somos tejedores/as de lazos de unión. A diario, consciente o inconscientemente, participamos en encuentros, conversaciones o relaciones, es decir, establecemos conexiones con diferentes personas constantemente, aunque algunas nos parezcan aparentemente insignificantes como puede ser una conversación en un ascensor o en la frutería, por ejemplo. Ahora bien, ¿Cuál es la calidad de nuestra atención, de nuestra escucha, de nuestra mirada?

Subestimamos a menudo las relaciones inter-personales. ¿Nos acordamos de todas las personas con las que hemos hablado hoy? Las conversaciones con todo tipo de personas pueden ser fuente de riqueza. El intercambiar conscientemente ideas, opiniones, conocimientos, visiones de la realidad, proyectos profesionales, ofertas…contribuye a ampliar nuestro universo, a que surjan nuevas posibilidades, a que se den uniones en nuestra mente (esos momentos de ¡Eureka!), a encontrar soluciones, a cambiar nuestra interpretación de lo que ocurre, a crear alianzas o colaboraciones, a unir fuerzas por una buena causa, a cambiar de rumbo de vida…Muchas razones por las que le deberíamos dedicar atención, esfuerzo y mimo.

Y, como en todo lo que tiene que ver con las personas, se necesita confianza: confianza en nosotros/as mismos/as, en la otra persona, en nuestros recursos, confianza para tomar riesgos, confianza en que todo vaya bien, confianza en la vida…).

“Si quieres ir rápido, camina solo, pero si quieres llegar lejos, camina acompañado” (Proverbio Africano)

 Feliz semana.

El tono hace la música

“Y yo le dije: ¡Eres una inútil, una p…vaga y ya te puedes poner a trabajar! Vamos que le puse en su sitio. ¡Qué se iba a creer esa!”

 Estas fueron las palabras que escuché entre dos vendedoras de una pescadería mientras esperaba al bus urbano en la marquesina de al lado, a las 7h45 de la mañana un día de la semana pasada. Podéis imaginar el volumen de voz para que desde la marquesina lo escuchásemos sin problemas…

El tono de desprecio, el volumen, la hora temprana…todo me resultó muy agresivo. Se me quitaron las ganas de mirar a la persona que lo estaba diciendo y de entrar algún día al establecimiento como clienta.

La semana pasada también, facilitamos una sesión de reflexión con un equipo donde se pedían mutuamente engancharse menos en la queja, en el error, menos enfadarse, y más cuidar el foco en la solución, más apertura para intentar entender la posición de la otra persona…más bondad y amabilidad en definitiva.

Las cosas hay que decirlas, ¡claro que sí!, pero podemos decir lo mismo de otra manera, con otras formas, y probablemente conseguiremos mucho más.

El tono hace la música.

Nos metemos tan fácilmente en el juego de “¿a ver quién gana?”, de “queja, castigo y recompensa”, cuando en realidad todos/as perdemos en este juego…

La queja significa reproche, crítica, exigencia, frustración, enfado…elementos poco constructivos y que no sirven de gran cosa, si no es más que para desahogarnos a corto-medio plazo. También es necesario ¡ojo! pero, hagámoslo siendo conscientes de que estamos vaciando nuestro saco y que estamos trasladando una energía pesada, a veces incluso tóxica, a las personas de nuestro entorno y/o a nuestras propias cabezas (si la conversación de queja la mantenemos únicamente en nuestro fuero interno). 

Detrás de todas esas quejas están ocultas necesidades no satisfechas, miedos a pedir y exponerse.

Si empezásemos a hablar desde nuestras necesidades y no desde los reproches, acusaciones, exigencias…y a escuchar las necesidades de los demás, seguramente la calidad y los resultados de nuestras conversaciones, en todos los planos, cambiarían.

Es muy diferente que te digan – “¡Eres un desastre! ¡No puedo más con tu desorden!” -a -“Yo necesito que las cosas estén ordenadas porque el orden me aporta tranquilidad. Cuando veo el desorden que formas, me estreso y me altero. ¿Podrías por favor, tenerlo en cuenta y procurar a partir de ahora poner atención para que las cosas estén en su sitio?”

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Entrenémonos a abrir conscientemente nuestro corazón a la otra persona para conectarnos no sólo con nuestras necesidades sino también con las de ella.

Cuánto bien haría a nuestra sociedad implantar programas de comunicación no violenta (CNV) en los colegios y en las organizaciones donde trabajamos.

Recomendamos el libro “Comunicación no violenta” de Marshall Rosenberg  y para los/las que habléis francés, este video de Isabelle Padovani que explica conceptos de la CNV con mucho humor:

https://www.youtube.com/watch?v=LD1M5xhxh-Q&feature=share

Prestemos pues atención y cuidado al lenguaje, a la comunicación, en los equipos y organizaciones para construir culturas más sanas. Las palabras y mensajes tienen más peso del que en ocasiones pensamos, crean realidades. Decía Gandhi:

“Cuida tus pensamientos porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos porque se convertirán en tu destino”

Feliz semana.

 

¡No molestar!, personas soñando.

Tenemos la suerte de que parte de nuestro trabajo consiste en acompañar a personas y equipos a soñar. ¡Un verdadero lujo!

La semana pasada, durante el Programa CTT Practitioner (Cultural Transformation Tools) que anualmente organizamos en Izarra Centre , soñamos, junto con los/las participantes de esta octava edición, cómo sería el proceso de transformación de nuestras organizaciones, y en consecuencia de nuestra sociedad, si partiésemos de paradigmas distintos respecto a la empresa, a las personas y a la naturaleza.

Unos días antes disfrutamos facilitando una sesión con el equipo de una empresa recién creada para soñar juntos/as el futuro deseado y la cultura, es decir, la personalidad de la organización que están construyendo con mucho esfuerzo, esperanza e ilusión.

Fueron estos eventos, y que durante el fin de semana empezamos a organizarnos en la familia para planear las vacaciones de verano (ese fantástico sueño de días largos, cálidos y soleados que contrarresta este duro invierno), que me han hecho reflexionar sobre el inestimable valor de soñar y el poco espacio y tiempo que a ello dedicamos en nuestras vidas personales en general, y aún menos en los entornos profesionales.

Y tú…¿te paras a soñar?

Soñar sobre dónde te gustaría verte dentro de 5 años, por ejemplo, en tu trabajo, en tu relación de pareja y familia, soñar con lo que realmente te gustaría hacer en la vida, dónde te gustaría vivir, con ese viaje o formación.

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Soñarlo es el primer paso para convertirlo en reto y aglutinar energía que nos impulse a tomar acciones en dicha dirección.

Soñar no es sólo cosa de niños/as, aunque en este aspecto deberíamos hacer de ellos/as nuestros maestros/as por su envidiable capacidad de no ponerse límites. Animamos pues a todos/as, independientemente de nuestra edad, a salir de vez en cuando del modo “piloto automático” o inercia en la que a menudo nos instalamos para prestar más atención a nuestros sueños.

Seguramente otro gallo nos cantaría. Andaríamos más centrados/as (¡a veces parece que vamos como pollos sin cabeza por nuestras vidas!), más satisfechos/as al sentirnos en coherencia entre lo que soñamos, sentimos, decimos y hacemos, y por supuesto ¡nos divertiríamos más!

Feliz semana.